jueves, julio 21, 2011

El cambio climático, por regiones

Un vistazo a las temperaturas del mundo según la latitud en que son registradas.

Que el clima cambia, es algo en lo que todos estamos de acuerdo. Al fin y al cabo, esa es la norma desde hace 4500 millones de años, y así ha sido durante toda la historia de nuestro planeta. Que el hombre sea la causa del último período de calentamiento es algo que muchos dudamos, y por razones fundadas.

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También casi todos coincidimos en que sí hubo un calentamiento global en el último cuarto del siglo XX, aunque podamos disentir en cuanto a su nivel. Pero en ciencia nada es una verdad absoluta e inamovible, y quizás también en este punto los hechos nos obliguen a cambiar de opinión.

Según nos cuentan los proponentes de la hipótesis del calentamiento global antropogénico (nombre original, después cambiado a “calentamiento global” y desde hace ya hace algunos años re-bautizado como “cambio climático”) todo el planeta está sufriendo un calentamiento sin precedentes.

En su opinión, en el pasado hubo aberraciones en las que solamente una parte del mundo se calentó o se enfrió. Intentan de esa forma desacreditar al Período Cálido Medieval y a la Pequeña Edad de Hielo, presentándolos como meros fenómenos locales en contraposición a la situación global actual.

Incluso dejando de lado el hecho de que toda la histeria alarmista se ha fundado principalmente en una construcción estadística ya científicamente refutada (el así llamado “Palo de Hockey”), que utilizó solamente un único árbol del hemisferio norte para proclamar el calentamiento global, un estudio más detallado de las temperaturas recientes de nuestro planeta podría quizás ofrecer una nueva luz sobre el asunto, y eso es lo que intenta hacer un muy interesante artículo del blog The Inconvenient Skeptic.

John Kehr, el autor del artículo, utiliza para su trabajo los registros satelitales proporcionados por la Universidad de Alabama, los muy conocidos “datos UAH”, cuya validez es ampliamente aceptada por los científicos de todo el mundo, tanto sostenedores como escépticos de la mencionada hipótesis.

Según nos dice, las razones principales para su elección de esta fuente de datos son dos:

1) Tiene la mayor cantidad de datos discriminados por latitud específica.
2) Ofrece la mayor cobertura global, examinando el 99,9% de la superficie del planeta.

A esto, yo agregaría que los datos van desde 1979 hasta la fecha, por lo cual también se cubre un período de treinta años (treinta y dos, para ser exactos), lapso que según los climatólogos de hoy es el necesario para poder definir un clima dado.

Para este trabajo, Kehr decidió dividir al planeta en tres regiones según su latitud:

Boreal: 20º N a 85º N, 166,8 millones de km2, un 32,7% de la superficie terrestre.

Tropical: 20ºS a 20ºN, 174,5 millones de km2, un 34,2% de la superficie terrestre.

Austral: 20ºS a 85ºS, 166,8 millones de km2, un 32,7 de la superficie terrestre.

Mediante este sistema es posible dividir a la Tierra en tres regiones específicas que son casi idénticas en extensión. De esta forma se puede medir la temperatura de un 99,6% de la atmósfera inferior del planeta. La resolución satelital es de 4 km2, de modo que los 508,1 km2 de la superficie de la Tierra son examinados por el equivalente a un total de 127 millones de termómetros separados entre sí por una distancia de 2 km.

Región Tropical

Los trópicos conforman la región que muestra la menor variabilidad climática a lo largo de la historia. Incluso durante el último período glacial, los trópicos siguieron siendo una zona cálida donde los animales pudieron sobrevivir en las selvas lluviosas. Es también el lugar de la Tierra más influenciado por el ciclo de ENSO (siglas con las que se conoce al fenómeno natural de “El Niño Southern Oscilation”, o sea la Oscilación Austral de El Niño).
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Anomalía de temperaturas UAH en la región 20ºS a 20ºN desde 01/1979 a 05/2011.
© theinconvenientskeptic

La tendencia para los trópicos es de 0,07 +/- 0,03 grados centígrados por década. Hay mucha variabilidad aquí, pero ninguna tendencia estadísticamente significativa en las temperaturas tropicales.

Región Austral

Esta región cubre el hemisferio sur desde los 20ºS hasta casi el polo sur, un área idéntica a la de la región boreal, y es apenas un poco más pequeña que la tropical.
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Anomalía de temperaturas UAH en la región 20ºS a 85ºS desde 01/1979 a 05/2011.
© theinconvenientskeptic

También aquí podemos establecer una tendencia estadísticamente no significativa que resulta ser casi idéntica a la de los trópicos: 0,07 +/- 0,02 grados centígrados por década. No podemos dejar de notar que en ambas regiones la tendencia es menor a la mitad de la global que generalmente proclaman los “calentólogos” y que oscila alrededor de los 0,22ºC por década.

Hasta ahora, observando a la Tierra en tercios, vemos que dos de los tres muestran resultados muy diferentes: para un 66,9% del planeta, el calentamiento ni se acerca al que declaran los sostenedores del calentamiento global antropogénico.

Región Boreal

Esto nos deja con la región que está por encima de los 20ºN, el último tercio de nuestro planeta.
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Anomalía de temperaturas UAH en la región 20ºN a 85ºN desde 01/1979 a 05/2011.
© theinconvenientskeptic

Ahora sí podemos ver una diferencia a lo largo de los últimos 30 años. En esta región del hemisferio norte la tendencia es de 0,27 +/- 0,03 grados centígrados por década.

El problema es que los datos no muestran una tendencia lineal. Desde 1998 esta tendencia no es diferente a las de las regiones austral y tropical. Lo que en realidad parece haber ocurrido es un salto en 1998, que muestra dos comportamientos diferentes, antes y después de ese año. Para los últimos doce años, la tendencia es de 0,06ºC por década, prácticamente igual a la que aparece en las otras dos regiones para todo el período de referencia.

CONCLUSIONES

El tan proclamado calentamiento global antropogénico parece haber sido el resultado de un evento único ocurrido en 1998 y que solamente sucedió en el hemisferio norte terrestre.

Los datos más modernos y confiables muestran que ese calentamiento es regional, y que ciertamente no está aumentando.

El de 1998 es también un año significativo de transición. El enormemente poderoso El Niño de entonces elevó la anomalía de la temperatura tropical en casi 1ºC durante cuatro meses. Es, por lejos, la mayor anomalía para las grandes regiones de la Tierra que nos muestran los datos satelitales, y se corresponde con el cambio de temperatura en la región boreal.

Si el calentamiento global antropogénico es real, y está sucediendo a escala planetaria, ¿por qué no lo detecta el registro satelital?

La cobertura espacial de los datos satelitales no tiene parangón, y mide mucho más de la atmósfera mundial que cualquier otro método. Ciertamente, detectan todos y cada uno de los eventos de El Niño y de La Niña. También detectaron la transición de la región norte a un nivel más alto de temperaturas.

Lo único que los satélites no detectan es el calentamiento global antropogénico.

NOTA:

El artículo de John Kehr analiza únicamente las temperaturas por regiones de los últimos tres decenios. Ciertamente no pregunta ¿por qué” y mucho menos se detiene en un posible “porque”, aunque la cuestión queda implícita a la espera de futuros investigadores.

Sin embargo, este trabajo me hizo recordar un estudio publicado el año pasado (“Are cold winters in Europe associated with low solar activity?”, M. Lockwood et al., 2010) que sugiere en forma convincente una relación entre los descensos en la actividad solar y los inviernos más fríos en Europa. El mismo propone una serie de mecanismos posibles para explicar el fenómeno, aunque el condicional utilizado evidencia la necesidad de nuevas investigaciones.

El clima es increíblemente más complejo de lo que pretenden hacernos creer políticos, organizaciones y medios periodísticos interesados, y es mucho lo que desconocemos al respecto. El hecho comprobado de que el Sol ha entrado desde ya hace varios años en una disminución de su actividad y que es probable que esa situación se prolongue o incluso se agudice en los próximos decenios, debería hacernos reflexionar sobre como prepararnos para enfrentar futuras contingencias climáticas cuyas causas originales estarán, como siempre, más allá de cualquier influencia humana posible.

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Como dice Doug L. Hoffman:
“Cuídense, disfruten el interglacial y manténganse escépticos”.
”edad_de_hielo”

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Artículo original: “Temperature Trend by Latitude”
Fecha: junio 20, 2011
Enlace con el artículo original:
aquí
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viernes, julio 01, 2011

El sol quieto

Las manchas solares, el mínimo de Maunder y el cambio climático de nuestro planeta.

El sol quieto y el clima frío

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Llamarada solar

© theresilientearth.com
Muy probablemente, el sol se esté encaminando hacia un período prolongado de baja actividad que posiblemente rivalice con el así llamado mínimo de Maunder. Tres estudios independientes predicen que el próximo ciclo solar se retrase significativamente, o que incluso sea salteado.

El mínimo de Maunder está asociado con un período también prologando de enfriamiento climático, conocido como Pequeña Edad de Hielo.

Al mismo tiempo, la NASA nos advierte que el sol también puede ser mortal. Alrededor de 1850, después de un período de baja actividad de manchas solares, la mayor eyección coronal jamás observada generó un caos de alcance mundial con la telegrafía y las brújulas. Una eyección similar podría hoy en día causar amplísimos cortes de energía y fallas en el equipamiento electrónico.

Las manchas solares son marcas relativamente oscuras y frías en la superficie solar que indican regiones de intensa actividad magnética. Algunas de ellas son gigantescas, a menudo más grandes que nuestro planeta. Durante siglos, los científicos han utilizado las manchas solares para medir la actividad solar, y han descubierto que esa actividad visible aumenta y disminuye en un ciclo regular de aproximadamente once años. Actualmente estamos en el Ciclo Solar 24 (SC24), inusualmente bajo, y que debería llegar a su máximo alrededor de 2013. Pero la preocupación proviene de lo que los científicos solares están previendo para lo que viene después del SC24.

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Tamaño comparado, a escala, de la Tierra y de una mancha solar.

© theresilientearth.com

Las últimas observaciones podrían estar indicando que el sol se mostraría menos activo (es decir, con menos manchas solares) durante los próximos años.

Frank Hill y sus colegas, del Observatorio Solar Nacional de los EE.UU. han utilizado una técnica denominada heliosismología en sus monitoreos. Las pulsaciones sónicas superficiales solares les han permitido realizar modelos de la estructura interna del sol. Unas bandas o corrientes de chorro que fluyen de este a oeste y que se originan cerca de los polos solares para ir migrando hacia el ecuador jugarían un papel en la generación del campo magnético solar, y la latitud de estos vientos coincide con la formación de nuevas manchas en cada ciclo. Predijeron exitosamente la aparición tardía del actual SC24. Pero como dice Hill: “esperábamos estar viendo ahora el comienzo del SC25, pero no encontramos ningún signo de él. Esto indicaría que el SC25 podría retrasarse hasta 2021 o 2011, o que incluso podría no producirse”.

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Campo magnético solar durante los últimos años (incluyen manchas de los ciclos 22, 23 y 24)./strong>
© theresilientearth.com
En otro estudio, Matt Penn y William Livingston informan sobre una tendencia a largo plazo de debilitamiento en la energía de las manchas solares. Estas manchas se forman cuando inmensos tubos de flujo magnético surgen desde las profundidades e impiden que el gas más frío circule nuevamente hacia el interior. Las manchas típicas tienen una energía magnética de 2500 a 3500 gauss, y se necesitan al menos un campo de 1500 gauss para formar una mancha oscura. Penn y Livingston predicen que en el Ciclo Solar 25 las erupciones magnéticas del sol serán tan débiles que probablemente no llegue a generarse ninguna mancha solar.

Según su informe, los científicos utilizaron más de 13 años de datos sobre manchas solares, observando que la energía media de los campos magnéticos disminuía aproximadamente unos 50 gauss por año durante el anterior SC23 y el actual SC24. También observaron que las temperaturas de las manchas se habían elevado exactamente lo previsto según el campo magnético. Si la tendencia continúa, el campo caerá por debajo del umbral de los 1500 gauss y las manchas desaparecerán.

Finalmente, en un tercer trabajo, Richard Altrok observó un enlentecimiento de la deriva hacia los polos de la actividad magnética que se ve en la corona solar. Los investigadores solares llaman a esta deriva “carrera hacia los polos”, y es un patrón bien conocido donde la nueva actividad solar emerge al principio de cada ciclo a unos 70 grados de latitud, y luego se mueve hacia los polos cuando el ciclo se hace más viejo. Al mismo tiempo, los nuevos campos magnéticos empujan los restos del ciclo viejo en dirección a los polos, hasta los 85 grados de latitud.

Según Altrok, que ha basado su trabajo en cuatro décadas de observaciones, estos delicados rasgos coronales son en realidad poderosas y robustas estructuras magnéticas enraizadas en el interior del sol. Los cambios que vemos en la corona reflejan los cambios que ocurren en el interior de nuestra estrella.

El corolario de todo esto es que muchos expertos predicen ahora una gran disminución en la actividad solar futura. Y que mientras algunos alarmistas climáticos intentan dejar de lado el posible impacto de un sol somnoliento, otros científicos dicen que esto nos podría llevar a un nuevo enfriamiento mundial.

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Promedio anual de manchas solares: período 1610-2007.

© theresilientearth.com

La Pequeña Edad de Hielo fue un período de frío global que se extendió desde mediados del siglo XVI hasta mediados del siglo XIX y que siguió a un período extraordinariamente caluroso, el Período Cálido Medieval u Óptico Climático Medieval (que gozó de temperaturas incluso más altas que las actuales). Hacia 1650 las temperaturas, que ya habían bajado un poco, descendieron aún más, coincidentemente con el llamado Mínimo de Maunder en el que la actividad solar bajó a niveles sin precedentes conocidos. En esa época, por ejemplo, el río Támesis llegó a congelarse y hubo hambrunas por la pérdida de cosechas que no llegaban a madurar por la falta de calor.

El problema más grave es que nuestro mundo actual está muy poco preparado para el frío. El alarmismo climático y el desatino ecológico han acusado irresponsablemente al dióxido de carbono (CO2) como causante del calentamiento que hemos tenido desde fines de la década de 1970 hasta el año 2000, aproximadamente.

Pero el CO2 es un gas necesario para la vida, y si bien su proporción en la atmósfera ha aumentado en el último siglo, quizás en buena parte por el aumento de la actividad tecnológica humana, no hay nada que demuestre que eso haya influido decisivamente en el aumento de la temperatura.

De hecho, a pesar de que el aumento de los niveles de CO2 ha continuado aumentando continuamente (y si bien todavía no han alcanzado niveles anteriores en la historia de nuestro planeta, que llegaron a ser 20 veces mayores que los actuales), las temperaturas se han mantenido básicamente sin variantes desde hace al menos una década.

Tanto es así, que los propios proponentes de la teoría del calentamiento global antropogénico dejaron de llamarlo así, y ahora lo denominan “cambio climático”, como si no supieran que, en efecto, el cambio climático, con sus altas y bajas, ha sido la norma desde que nació la Tierra, hace 4500 millones de años, y que no hay nada que podamos hacer para producirlo ni para evitarlo. En realidad, nuestra tecnología hace que seamos más vulnerables ante las fuerzas desatadas de la naturaleza.

Las temperaturas de fines del siglo XX sí tienen precedentes, y muchos, y han sido iguales o más altas que ahora: hace 1000 años, durante el Cálido Medieval, hace 2000 años, durante el Período Cálido Romano, o hace 3500 años, durante el Período Cálido Minoico, y especialmente más altas durante el Óptimo del Holoceno, hace unos 7000 años. Por supuesto, también han sido más bajas, como la mencionada Pequeña Edad de Hielo, o la bastante más baja todavía del Younger Dryas, hace 11 500... sin olvidar que hace apenas 12 000 años que dejamos atrás la última glaciación.

Es más. Los mismos alarmistas que ahora anuncian desastres causados por el calentamiento, hace apenas 40 años pronosticaban una nueva Edad de Hielo... también causada en parte por el hombre y su tecnología. Basta con leer en cualquier biblioteca o en la web los periódicos y revistas científicas de la época. ¿Absurdo, no?

Sin embargo, el alarmismo ecológico ha logrado volver a asustar a la gente e imponer sus ideas de transformación de nuestra civilización (que en su nueva religión reputan de materialista y malvada), y pretenden que las así llamadas “energías renovables”, principalmente la eólica y la solar, llenen el vacío que dejen los sistemas de generación clásicos, e incluso ahora también la más barata y limpia energía nuclear.

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Temperatura global desde el fin de la última glaciación hasta el presente.

© Holmes

Por eso, estamos muy mal preparados. Por sus características básicas, ni la energía eólica ni la solar son confiables o baratas. Por el contrario, nunca están cuando más se las necesita, de noche o cuando hace frío, y las consecuencias de este error gravísimo las sufrirá el pueblo común, que no tendrá dinero suficiente ni posibilidad real de contar con energía eléctrica para sus necesidades más elementales.

El sol quieto y el Evento Carrington

También es posible que un sol quieto sea más propenso a infrecuentes pero muy poderosas eyecciones coronales, las “llamaradas solares” que muchas veces habremos oído nombrar.

Estas llamaradas, si estuvieran dirigidas hacia la Tierra, podrían provocar graves problemas. Podríamos perder nuestras comunicaciones y nuestra red eléctrica, así como buena parte de toda nuestra tecnología electrónica. Con las llamaradas menores hemos tenido algunos percances, pero nada grave. Sin embargo, las más grandes podrían llegar a provocar un “evento Carrington”.

En la mañana del 1 de septiembre de 1859, el astrónomo inglés Richard Carrington notó la aparición de un grupo enorme de manchas extraordinariamente brillantes en el sol. Antes de la madrugada del día siguiente los cielos de todo el mundo estallaron con auroras tan luminosas que incluso se podía leer el periódico en plena noche y sin luz artificial. Estas auroras, que son normalmente fenómenos mucho más débiles y propios de las regiones polares, llegaron a verse incluso en regiones tropicales, tiñendo de rojo los cielos de Hawai y de las Bahamas.

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Evento Carrington (representación artística)

© theresilientearth.com

Más problemático aún fue que las brújulas de los barcos no funcionaban correctamente, las aves perdieron temporalmente su capacidad de navegar y los sistemas telegráficos de todo el mundo se inutilizaron. Las chispas que salían de las teclas afectaron a los operadores e incendiaron el papel telegráfico.

La eyección coronal masiva del evento Carrington fue lanzada directamente hacia la Tierra, y solamente tardó 18 horas en viajar una distancia de 150 millones de kilómetros. Algo notable también, ya que en las eyecciones menores el viaje dura de tres a cuatro días.

Esta erupción solar fue monstruosa, superando el nivel X30 de la escala Richter solar. Si bien las dos escalas no pueden ser comparadas directamente, si la explosión solar equivalente fuera transferida a nuestro planeta, tendría un nivel de más de 17 en la escala Richter terrestre de terremotos. La energía total emitida fue equivalente a decenas de millones de bombas atómicas estallando al mismo tiempo.

Ahora, los científicos serios nos advierten que algo parecido podría ocurrir nuevamente, y la cuestión sería mucho más grave.

Los apagones en cascada transportados a escala continental por las líneas de energía de larga distancia podrían durar semanas o meses, mientras los ingenieros luchan por reparar los transformadores dañados. Las unidades de navegación GPS no serían confiables, afectando al tránsito aéreo y marítimo. Las redes financieras y bancarias se cortarían, trastornando el comercio en formas inimaginables a mediados del siglo XIX. Según un informe de 2008 de la Academia Nacional de Ciencias, una tormenta solar de este tipo podría tener el impacto económico de veinte huracanes Katrina, solamente en los EE.UU.

Lo peor es que no podemos hacer nada para impedir un evento de ese tipo. Los investigadores están tratando de detectarlos con tiempo suficiente como para advertir a las autoridades de modo que se puedan tomar acciones que minimicen el daño a nuestra infraestructura, que es mucho más sensible que hace 150 años.

Una flota de naves espaciales rodea al sol, y los analistas corren programas de computadora que, a pocas horas de producida una erupción, pueden dar una idea clara de su potencia, hacia dónde se dirigirá y qué planetas y naves puede afectar, y cuándo ocurrirá el impacto.

Una advertencia seria, aunque sea con pocas horas de anticipación, nos permitiría apagar los instrumentos y equipos más sensibles y mantener en tierra a los aviones. Un apagón tecnológico voluntario generalizado de algunas pocas horas, incluso a nivel mundial, causaría muchísimo menos daño que un impacto total sobre una civilización desprevenida.

Los agoreros de siempre

Los alarmistas del cambio climático insistirán en que el calentamiento es realmente causado por el hombre, y en que debemos hacer algo al respecto.

El verdadero problema aquí es que los científicos nunca antes han podido estudiar fenómenos como estos, al menos no con satélites e instrumentos modernos. Quienquiera que diga que sabe exactamente cual será el efecto sobre el clima de un período prolongado de inactividad solar, estará mintiendo. Podemos hacer algunas inferencias basadas en datos históricos, datos recogidos por fuentes no muy confiables que utilizaban instrumentos primitivos.

Estas inferencias parecen apuntar a un clima más frío, aunque en realidad es poco más que una especulación. Pero es una especulación seria, basada en observaciones reales, por esquivas que sean, mientras que los augurios del calentamiento global antropogénico se basan en datos manipulados y en hipótesis que tienen una agenda que no es científica.

En vista de los últimos pronósticos sobre la actividad solar, muchos sugerimos no hacer nada. Después de todo, si entramos en un período de enfriamiento global lo último que necesitamos es intentar enfriar todo y hacer un mundo más pobre en disponibilidad de energía, destruyendo de paso todos los logros de nuestra civilización que tanto nos han dado hasta ahora, y que tanto han mejorado nuestras libertades y nuestras condiciones de vida.

Si realmente entramos en un largo período de mínimo solar, y dadas las observaciones de que el enfriamiento se retrasa por hasta una década con respecto a la inactividad solar, deberíamos tener una respuesta sobre la relación sol-clima en unos veinte años.

Hagamos nuestras apuestas: el CO2 o el sol. Por mi parte, sé muy bien bien donde poner mi dinero.
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Como dice Doug L. Hoffman:
“Cuídense, disfruten el interglacial y manténganse escépticos”.
”edad_de_hielo”

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Basado en un artículo de “The Resilient Earth”, con modificaciones y comentarios propios.
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