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domingo, agosto 20, 2017

Islam, Corán y Yihad

¿QUÉ ES LA YIHAD?

Yihad es un concepto del Islam que representa una obligación religiosa de los musulmanes. En castellano, la palabra árabe «yihād» se traduce como «esfuerzo». La raíz aparece 41 veces en el Corán y de modo frecuente en la expresión idiomática «esfuerzo en el camino de Dios (al-jihad fi sabil Allah)».

Según la Enciclopedia del Islam, yihad se refiere al decreto religioso de guerra, basado en el llamado por parte del Corán para extender la ley de Dios. El orientalista británico-estadounidense Bernard Lewis argumenta que en los hadices y en los manuales clásicos de jurisprudencia Islámica, yihad tiene un significado militar en la mayoría de los casos.

El erudito musulmán Ibn Jaldún (1332-1406) escribió: "En la comunidad musulmana, la yihad es un deber religioso, debido a la universalidad de la misión (musulmana) y (la obligación) de convertir a todo el mundo al Islam ya sea por persuasión o por la fuerza.
https://es.wikipedia.org/wiki/Yihad

jueves, mayo 07, 2015

Garland no es París, ni Texas es Europa

Terroristas islámicos atentan contra la libertad de expresión en los EE.UU.

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Los terroristas son, por supuesto y además de asesinos, descerebrados, Si no, no serían ni terroristas ni fanáticos.

El día 03/05/2015 se celebraba en la ciudad de Garland, Texas, una exhibición sobre la libertad de expresión que incluía, entre otras formas artísticas, un concurso de caricaturas de Mahoma. La idea era exponer claramente el significado de la libertad de expresión y que en los EE.UU. realmente se cree en ella, un concepto que, dicho sea de paso, es totalmente opuesto al que actualmente se impone en Europa, inmersa en la totalitaria “corrección política” tan bien expresada, por ejemplo, en la “alianza de las civilizaciones” impulsada por Rodríguez Zapatero.

Pero Garland no es París, y Texas no es Europa. Allí todo el mundo puede tener armas para defender sus libertades, sus propiedades y sus vidas y las de sus seres queridos. Y no solamente puede tenerlas, sino que en efecto las tienen, las respetan y las saben utilizar desde que son pequeños. Y, por supuesto, sus fuerzas policiales están bien entrenadas y preparadas.

jueves, abril 05, 2012

Suicidio por asesinato

La historia nos demuestra que, antes como ahora, la devoción religiosa puede provocar crímenes horribles.

Torturas_de_la_inquisición
La religiosidad no implica necesariamente sensibilidad, humanismo o amor por el prójimo, en ninguna época y para ninguna de las religiones, sin que importe para ello la devoción o la sinceridad del creyente.

Los ejemplos de fanatismo a gran escala, de grupos o de sociedades enteras, son muchos y muy conocidos. El cristianismo, por ejemplo, tuvo los suyos, como la inquisición, la caza de brujas o las cruzadas. Hoy en día en occidente sufrimos el embate del radicalismo islamita y, en general, así es como los vemos: grupos organizados o estados guiados por una concepción religiosa que no aceptan la pluralidad de ideas y comportamientos.

domingo, enero 03, 2010

Enfrentándonos al fundamentalismo terrorista

Un nuevo ataque del Islam contra las libertades de Occidente

Mahoma_con_bomba_en_el_turbante
La locura fundamentalista islámica ha decidido comenzar el año 2010 a terror batiente. La primera noche del año, un fanático religioso atacó en su hogar de Viby, al sur de Aarhus, la segunda ciudad de Dinamarca, al anciano e indefenso dibujante danés Kurt Westergaard. Un somalí terrorista y aspirante a asesino lo atacó con un hacha y un cuchillo en su casa, en la que el dibujante se encontraba con su pequeña nieta de cinco años. Afortunadamente, fue detenido por la policía junto a otros dos individuos aparentemente asociados con él antes de que pudieran dañar al pacífico ciudadano o a la pequeña niña.

¿Y cual fue el terrible delito de Westergaard? Pues dibujar en 2005 una serie de caricaturas de Mahoma, el profeta de la religión elegida por el detenido terrorista. Desde entonces, pesa sobre el dibujante una sentencia de muerte dispuesta por las máximas autoridades religiosas del Islam.

Este es un nuevo ataque contra occidente y contra todo los que todavía atesoramos los principios de libertad de religión, de pensamiento y de expresión. Si bien es cierto que estos principios son mantenidos cada vez con más dificultad ante el ataque de algunos y la desidia de otros, todavía rigen nuestras vidas.

Nuestros gobernantes pretenden ignorar esos ataques, tal vez porque a ellos también les convengan el terror y el silencio. También hay otros grupos que, en nombre de la tolerancia, pretenden acallar las voces que condenan estos actos, y que en forma insidiosa algunos y estúpida otros, intentan confundir el respeto a las diferencias naturales con la permisividad frente a las concepciones ideológicas que pretenden destruir a quienes piensan de otra manera.

Dijo Rowan Atkinson, el inefable “Mr. Bean”:

No se debe confundir raza y religión. Uno no puede elegir su raza, pero sí puede elegir su religión.
Si eliges tu religión, o aceptas la que has heredado, tienes que aceptar responsabilidades por ello y por las acciones y actividades que se perpetran en nombre de esa religión. Me preocupa que la gente pretenda que la religión ha de recibir garantía de inmunidad, que no pueda ser criticada ni ridiculizada.
Es absurdo criticar a alguien por su raza, pero la religión es un conjunto de ideas, y es importante que todas las ideas puedan ser sometidas a análisis.

Comparto totalmente lo expresado por Atkinson, y creo que no puedo ni debo callar mi voz ni ocultar mi opinión ante estas acciones terroristas, ni tampoco aceptar con la cabeza gacha el intento islámico de gobernar al mundo e imponer su concepción religiosa y cultural en todas partes.

Mahoma_terrorista
Deploro, condeno y rechazo su ley islámica que desprecia a las mujeres, a los homosexuales, a los ateos, y que desea imponer sus valores sobre la forma de vestir, de pensar y de comportarse; esa forma terrorista de comportamiento que aspira a destruir todo lo bueno que la civilización occidental ha conquistado a través de siglos de sufrimiento y de sangre de inocentes.

Los creyentes honrados y pacíficos del Islam (que los hay y muchos, aunque menos numerosos y más débiles que antaño) deben comprender que no pueden pretender una integración plena con el occidente, ni tampoco pueden reclamar respeto o aceptación de sus ideas religiosas y culturales, si no aprenden primero a cultivar esas actitudes en sí mismos.

La humanidad es múltiple y diversa, y cada uno de los individuos que la componen merece la oportunidad y el derecho de vivir su vida según su propio parecer, sin querer imponer sus opiniones sobre las de los demás, y aceptando como verdad universal y base de todas las otras ideas, la de que el derecho de cada uno termina cuando comienza el derecho del otro.

Mientras tanto, seguiré pensando y opinando que en la actualidad el terrorismo y el fanatismo islámicos son el principal enemigo de todos los que formamos parte de ese algo tan valioso como intangible que conocemos como “civilización occidental”.

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Enlaces relacionados con el tema de este artículo:

- La verdad del poder, el poder del terror
- Los límites de la tolerancia
- Una certeza mortal
- Ciencia y religion: la vision de Carl Sagan
- La muerte de Oriana, el Islam y otras cosillas
- El juicio de Galileo

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Vía_Láctea_y_Sistema_Solar

La Libertad guiando al pueblo.

© Eugene Delacroix

viernes, octubre 31, 2008

La verdad del poder, el poder del terror


Religión, totalitarismo, falsedad, y otras cosas relacionadas entre sí.
Una y otra vez en la historia de la humanidad, el poder establecido ha pretendido imponer su verdad, eliminando el conocimiento o impidiendo su difusión.

Así, se ha tergiversado el pasado, ocultando y transformando los hechos para acomodarse a la realidad querida por los poderosos de turno. Son las famosas “historias oficiales” que han aparecido y reaparecido continuamente en todas las épocas, culturas y naciones, para dominar y formar la mente de los poseídos.

Tal vez su punto máximo se haya alcanzado durante el apogeo comunista, cuando se podía constatar la evolución de los poderes personales dentro de la “nomenklatura” del socialismo real, examinando el cambio que se producía en las fotografías de los actos oficiales al compararlas con publicaciones anteriores; los miembros que habían sido purgados simplemente desaparecían, eran borrados como si nunca hubieran existido y se transformaban en otra persona, o en un árbol, o en un trozo de muro, y lo único que permanecía sin cambiar era la imagen omnipresente del líder en su centro.
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Giordano Bruno (1548-1600), víctima del terrorismo de la Iglesia Católica.
© www.biografiasyvidas.com
Por supuesto, también se manipula el presente, acallando dudas, críticas e investigaciones, y de la misma forma se intenta crear un futuro idealizado (bueno o malo) que esté de acuerdo con los intereses actuales de los poderosos de hogaño.

Estas imposiciones de la verdad han conocido de una gran variedad de armas: la fuerza bruta, el temor religioso, y la disuasión del dinero, así como una serie de combinaciones de todas ellas. No en vano fue en Bizancio cuando llegó aquel primer compromiso abierto y descarado (no primero en el tiempo, pero sí en su desfachatez) en el que un primado de la iglesia se alió con el emperador de turno, diciéndole “ayúdame a eliminar a mis enemigos, que yo te ayudaré a eliminar a los tuyos”; y así fue que Constantino vio una cruz en los cielos.

Esa alianza religión-armas-dinero que existió siempre, alcanzó su punto más alto con el advenimiento de las religiones monoteístas ya que éstas, por su misma naturaleza, implicaban una “verdad absoluta” que no admitía disensiones. Por eso mismo, fueron desde un principio enemigas del conocimiento independiente, y por lo tanto de la ciencia, cuando esta última entendió que su herramienta básica eran la duda y la investigación.

Las víctimas fueron muchas. La inquisición arrasó Europa, y Galileo fue su víctima científica más notoria ; Giordano Bruno no fue un mártir de la ciencia, sino del espíritu contestatario, rebelde, impenitente e inquisidor. Por lo tanto, su crimen fue aún mayor y la época no lo ayudó: el fuego que lo consumió sigue ardiendo en la iglesia católica actual que no ha podido ni querido reconocer su horrendo crimen, como lo muestra claramente la persona del actual monarca vaticano, el antiguo Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (heredera de la Inquisición y del Santo Oficio), Joseph Ratzinger.

Con el tiempo, las disensiones y los juegos de poder fueron minando las potestades de la iglesia católica. El protestantismo alemán, los deseos carnales de un rey inglés, las ideas revolucionarias francesas y las ambiciones de los poderes económicos y militares debilitaron el férreo dominio que la iglesia católica (y las otras iglesias cristianas) tenían sobre las mentes de sus fieles creyentes, que comenzaron lentamente a ser menos fieles y creyentes y más libres y discutidores.
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Salman Rushdie (1947- ), perseguido por el terrorismo islámico del siglo XXI.
© Wikipedia
Lamentablemente, esa evolución renacentista todavía no ha tenido lugar entre las filas islamitas, las que se han transformado en un bastión contra la inteligencia, la duda y el desarrollo de la libertad y de la ciencia. Ciertamente, están además muy bien acompañadas por los reductos fundamentalistas cristianos que no se han resignado a perder su antiguo poder y pretender renacer de entre las cenizas. Entre todos, y ayudados por algunos otros, conforman los “ejércitos de la noche” que tan bien definiera Isaac Asimov.

De todos modos, esa alianza poder-religión surgió también a partir de una filosofía considerada atea: el comunismo.

En efecto, el comunismo comparte muchos principios con cualquier otra religión monoteísta: el monopolio de la verdad absoluta y, por lo tanto, la criminalización de toda opinión contraria, la doctrina del partido único (la iglesia verdadera), el dogma marxista iluminado y omnisciente (su biblia o corán) tal cual lo explicó el filósofo alemán (su mesías) y que fue desarrollado por los grandes dirigentes y filósofos comunistas (sus profetas), la seguridad absoluta de un futuro idealizado e inalcanzable en la etapa actual (el paraíso socialista), el sacrificio actual necesario para alcanzarlo (mandamientos y penitencias), una grey callada, sumisa y obediente a los mandatos de los sabios dirigentes oficiales (los sacerdotes).

No resulta extraño, entonces, que la libertad de expresión y de difusión de ideas haya sufrido también la persecución del estado comunista. No podía ser de otra manera. E incluso la propia ciencia recibió sus embates cuando alguno de sus iluminados convenció a la dirigencia de la verdad “política” de sus ideas. Tal fue el caso de la biología de la antigua Unión Soviética, que resultó gravemente afectada por las doctrinas de Lysenko, un ignorante leal al partido que suprimió por más de 20 años cualquier atisbo de investigación genética.

Por supuesto, cualquier forma de poder resiente la libertad de información y de expresión, ya que el conocimiento puede minar sus propios intereses. Es interesante ver como incluso los gobiernos democráticos intentan también suprimir o aminorar estas libertades, utilizando diferentes formas más o menos legales, pero siempre “procurando el bienestar del pueblo”.

Estas medidas anti-libertarias incluyen diferentes regulaciones que van desde las más duras, como el secreto militar, hasta otras más sutiles como la utilización de la publicidad oficial para “ayudar” a los medios obsecuentes y “castigar” a los opositores, pasando por muchas intermedias como el secreto bancario, impositivo o patrimonial, o la posibilidad ejecutiva de otorgar y quitar licencias para radio y televisión abiertas.

Todas estas pretensiones de sojuzgamiento deben imponerse por el temor a algún castigo, y es así que los estados y las religiones (es decir, los gobernantes y los sacerdotes) se arrogan para sí mismos el monopolio del uso de la fuerza coercitiva. Por supuesto, en el caso de la religión no asociada al poder político-militar ese castigo es post-mortem, pero no por eso resulta menos real para los creyentes convencidos.
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Atocha, 11 de marzo de 2004: la insanía islámica en acción.
© www.elpais.com
Sin embargo, no deja de parecer muy interesante la utilización del temor como forma de obtener poder político y económico para grupos supra-estatales asociados en torno de alguna filosofía o, incluso, de alguna rama de la ciencia.

Tal vez el ejemplo más claro se dé con el llamado ecologismo, un movimiento filosófico-político-económico con intereses varios pero que utiliza toda una gama de subterfugios y engaños para obtener resultados que le sean positivos, infundiendo el temor (físico y psicológico) a quienes pretendan oponerse a sus opiniones y vaticinios. Acá vemos también una forma embozada de religión, con sus gurúes e infiernos incluidos, que pretenden tener el derecho de arrasar con todos los que no los acompañen en su lucha por un paraíso idealizado y que no puede aceptar ninguna forma de duda, disenso o investigación.

Y así, el horror del terrorismo se instaló entre los seres humanos. Terrorismo de estado, cuando las diversas formas de religión se unen al estatemento militar/económico y alcanzan el poder y lo utilizan para sojuzgar a sus ciudadanos. Terrorismo a secas, cuando los fanáticos intentan alcanzar el poder y destruir a los que no inclinen la cerviz ante sus ideas.

Seamos justos, sin embargo, y reconozcamos que los intereses económicos de las poderosas compañías internacionales también saben jugar este juego, y realizan sus movimientos y contra-movimientos para oponerse a toda información, duda o crítica que pueda afectarlos, utilizando para tal fin todas las armas a su disposición.

Es por todo esto que podemos asegurar que el poder, cualquiera sea la forma en que se presente, necesariamente considera que el escepticismo, la duda y el método científico son sus enemigos irreconciliables. Y es también por eso que los que verdaderamente luchan por la libertad y el conocimiento tienen, como única arma, la divulgación del escepticismo y de la búsqueda científica de la verdad. Cosas que, como bien sabemos, no son absolutas sino, sencillamente, una aproximación cada vez más cercana a la verdad final, una meta que por otra parte reconocemos como casi imposible. Afortunadamente.
Libertad
©Eugene Delacroix


domingo, febrero 17, 2008

Los límites de la tolerancia

NOTA: Las imágenes que aparecen en esta página son algunas de las caricaturas publicadas por el periódico danés Jyllands-Posten en septiembre de 2005. La caricatura de Mahoma con el turbante-bomba fue dibujada por el caricaturista Kurt Westergaard.
En el mes de febrero de 2008, al conocerse la noticia de que terroristas fundamentalistas islámicos planeaban asesinar al dibujante, los diarios daneses más importantes decidieron publicar nuevamente la caricatura como muestra de solidaridad y para reafirmar la libertad de expresión, según señaló el periódico The Copenhagen Post.
Ese es, también, el espíritu de este artículo.
H.R.

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El diccionario nos dice que la tolerancia es el respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes a las propias. Es, en definitiva, una norma básica de convivencia en las sociedades que surge de la esencia misma del ser humano.

Mahoma_con_turbante_bomba
Sin embargo, como todo, también la tolerancia tiene (debe tener) sus límites. No todo puede ni merece ser tolerado y aceptado. Las ideas, las opiniones, las creencias, y la práctica individual que surge de ellas tienen como límite, por supuesto, el respeto y la tolerancia a las ideas de los demás. Pueden no gustarnos, podemos no compartirlas, pero no podemos forzar a los demás a adoptar nuestros marcos de referencia. Cuando se intenta tal cosa, se esta violando el derecho a la humanidad y a la existencia de las otras personas, y habrá entonces que aceptar las consecuencias de esas intenciones.

Ahora, nuevamente, surgen amenazas para quienes han cometido el “delito” de exponer públicamente sus ideas sobre el terrorismo dogmático islamista; es decir, se los quiere destruir por decir lo que piensan y por apuntar acusadoramente contra los criminales que pretenden destruir las bases mismas de la cultura occidental.

Es mi deber entonces, en mi carácter de ateo, humanista y librepensador, solidarizarme con los amenazados y elevar mi voz para denunciar este renovado ultraje contra nuestras libertades y derechos fundamentales.

Las filosofías de la intolerancia

A todo lo largo de la historia de la humanidad, una y otra vez, personas y grupos que consideran ser los poseedores de la verdad absoluta han intentado imponer sus valores sobre los demás, acallando por cualquier medio la disidencia y las opiniones en contrario.

En ese sentido, la aparición de las religiones monoteístas significó un retroceso para las libertades de opinión. En efecto, por su misma esencia, estas religiones (el judaísmo, el cristianismo y el islamismo) son exclusivistas y absolutistas: su dogma rechaza la existencia de otros dioses y, por lo tanto, la posibilidad de cultos diferentes.

Por supuesto, también hay otras filosofías que, sin ser claramente religiosas, pretenden también ser las poseedoras de las verdades absolutas en lo que respecta a otros aspectos de la vida de las sociedades, tales como la economía o la interrelación político-social. Esas filosofías comparten con las religiones monoteístas un dogma absolutista que debe ser impuesto a la fuerza sobre los individuos que no lo compartan.

Intolerancia y poder

Por supuesto, la capacidad de imponer esa concepción absolutista depende totalmente de la fuerza real y efectiva que tenga la religión o filosofía en cuestión. Toda vez que la religión se ha unido al poder político-militar, ha impuesto sus ideas y sus intolerancias con mano de hierro y en forma despiadada, y lo mismo ha sucedido con las filosofías políticas totalitarias de más reciente data.

Afortunadamente para nosotros, la tolerancia y la libertad de pensamiento y expresión han fructificado en nuestra civilización occidental. Pero eso no se ha debido a un debilitamiento de la noción absolutista de las filosofías intolerantes de turno, sino a la desvinculación que se les ha ido imponiendo con el poder político, militar y económico.

Por ejemplo, el cristianismo absolutista no se ha debilitado ni ha modificado su naturaleza (tal como podemos comprobar por los dichos del Papa Benedicto o por las actividades anticientíficas de los fundamentalistas cristianos), sino que ha perdido en buena parte su conexión directa con el poder político-militar, lo que ha llevado consecuentemente a la disminución de su capacidad de causar daño al resto del mundo.

El poder islámico

Esa separación entre religión y estado acaeció para Occidente con el Renacimiento. Finalizadas las Eras Oscuras, Occidente comenzó una era de libertades en aumento que recién ahora vuelven a encontrarse en peligro, a causa de la potenciación de la intolerancia islámica y de la subsiguiente reacción conservadora cristiana.

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Lamentablemente, el islamismo nunca tuvo su Renacimiento, ni su separación de poderes entre el Estado y la Iglesia. La cuestión se agrava porque el islamismo es, por dogma, mucho más intolerante que el cristianismo.

Por si fuera poco, la coyuntura económica (la cuestión energética, principalmente), le ofrece a los estados islamistas un poder que nunca antes tuvo, con lo que su capacidad de daño se ha incrementado enormemente.

Actualmente, y por otro lado, muchos islamistas se están enquistando dentro de la sociedad occidental, despreciando sus valores pero utilizando sus leyes y costumbres para imponer sus ideas, su desprecio por la vida de los demás, su odio malsano hacia todo lo que les es ajeno.

La filosofía de la tolerancia

Y, aunque parezca extraño, el problema es muchísimo más grave a causa del desarrollo alcanzado por la sociedad occidental. Los valores de las libertades individuales, de los derechos humanos, y de la libertad de expresión y de investigación, han encarnado tan fuertemente en nuestra sociedad que hemos creado normas legales y sociales de comportamiento que aseguren su plena vigencia.

Por eso, cuando nos enfrentamos a la intolerancia salvaje del terrorismo islámico nos cuesta superar ese acondicionamiento liberal, y en cierto sentido tememos enfrentarnos claramente con él.

Convendría por esa razón aquí dar una idea sobre el concepto de tolerancia. Creo que podemos estar de acuerdo en que tolerancia es:

- Aceptar que los seguidores de las varias religiones y filosofías consideren que sus ideas representan la verdad.

- Permitir que esas personas pongan en práctica sus ideas y creencias, dentro de límites razonables y en su ámbito personal, sin afectar directamente los derechos de los demás.

- Impedir la discriminación laboral, estudiantil, social o habitacional por motivos religiosos, filosóficos, raciales, sexuales, o de apariencia física.

- Realizar un esfuerzo razonable para acomodar las necesidades religiosas, filosóficas o de índole estrictamente particular de las otras personas.


Asimismo, resultaría conveniente dejar en claro lo que NO es tolerancia:

- Considerar que todas las creencias, religiones, filosofías y opiniones son igualmente beneficiosas y/o inofensivas.

- Abstenerse de criticar las prácticas religiosas o filosóficas de otras personas.

- Abstenerse de comentar libremente las propias creencias.


Debemos recordar además que incluso las creencias religiosas no son producto de características genéticas innatas, sino sistemas ideológicos adoptados y aceptados libremente por los individuos. Por lo tanto, están sujetos a la discusión y a la discrepancia, como cualquier otro conjunto de concepciones filosóficas.

Por lo tanto deberá ser aceptada su existencia y su expresión, pero no necesariamente su preeminencia y mucho menos su imposición. Ser tolerantes no significa ser débiles, ni tampoco significa la obligación de contemporizar o callar.

Los límites de la tolerancia

El islamismo es una religión absolutista e intolerante. Sus seguidores, cualquiera sea su posición en el sistema, lo saben, lo aceptan y lo acompañan, aunque pretendan algunas veces justificarse y disimular. Es su propio libro, el Corán, el que dice, por ejemplo, que los ateos deberán ser muertos por la espalda en cuanto se de la ocasión. Y eso lo dice desde mucho antes de que yo, ateo confeso, naciera. La intolerancia no surge de mi posición, sino de su dogma.
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Son ellos los que someten y conculcan las libertades de las mujeres, los que amenazan la existencia de los homosexuales, los que niegan la libertad de expresión, los que pretenden destruir la ciencia y el conocimiento. Es su religión la que les asegura vida eterna y placer en el más allá, si cometen todo tipo de atrocidades en el nombre de Alá.

No están solos, por supuesto. También existen grupúsculos fundamentalistas cristianos (y judíos) que piensan como ellos y que actúan como ellos, aunque en su caso no pueden causar todavía mucho daño pues no tienen un poder etático-económico-político-militar que les facilite la tarea.

Por lo tanto, no debemos descuidarnos. Tenemos que poner las cosas en claro, sin temores, sin falsos pruritos. Debemos denunciar y enfrentar esa intolerancia con firmeza, pero cuidando no perder nuestros propios valores tolerantes tan difícilmente conseguidos.

Los islamistas, como los cristianos, los judíos, los budistas, los ateos, y todas los demás integrantes de la humanidad, tienen el derecho inalienable a pensar como quieran, y a actuar y a sentir dentro de su marco de creencias con total y absoluta libertad, con el único límite de respetar el mismo derecho par las otras personas.

Por lo tanto, deberán reconocer el derecho a la duda y a la discusión de sus creencias y opiniones, por mucho que les pese. Deberán aceptar la existencia de otras filosofías, de otras costumbres y conceptos, y de la libertad inherente de cada uno de los seres humanos a recorrer su propio camino, sin imposición ni amenaza de ninguna clase. Y en caso contrario, habrá que exponerlos públicamente y a hacer caer sobre ellos todo el peso de la ley.

Dentro del campo de las ideas, todo. Dentro del respeto a los derechos de los demás, todo. Dentro de la libertad de pensamiento y expresión, todo.

Fuera de ellos, nada.

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La libertad guiando al pueblo
Eugène Delacroix (1789-1863)