viernes, marzo 16, 2007

Las Nubes de Magallanes

En las noches con cielo limpio de nubes y sin Luna del hemisferio austral se pueden ver, cerca de la Cruz del Sur, dos pequeñas manchas blanquecinas que podrían confundirse con nubes tenues. Pero si se observa con cuidado, especialmente con el transcurrir de los días, se puede comprobar que los vientos no las afectan y que no se mueven con respecto al fondo de estrellas.

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Diagrama de la ubicación en el espacio de las Nubes de Magallanes.
© www.atlasoftheuniverse.com
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Los antiguos pueblos del Medio Oriente ya las conocían. La primera mención de ellas que registra la historia fue realizada por el astrónomo persa Al Sufi, quien en su “Libro de las estrellas fijas” las nombra como Al Bakr, el Buey Blanco, haciendo notar que si bien no se las puede ver desde Bagdad, sí son observables desde el estrecho de Bab el Mandeb, a 12º 15’ de latitud norte.

Para Europa, fue Fernando de Magallanes quien primero las observó durante su viaje de circum-navegación de 1519-1522. Sin embargo, el nombre actual no se popularizó hasta mucho después. En la Uranometria de Bayer (1603) se las denomina “Nubecula Maior” y “Nubecula Minor”, e incluso Flamsteed en su atlas estelar las designa como “Le Grand Nuage” y “Le Petit Nuage”, que son simplemente las formas latina y francesa para “Gran Nebulosa” y “Pequeña Nebulosa”, respectivamente.

El primero en estudiarlas detenidamente fue John Herschel en el siglo XIX, y en 1912, mientras estudiaba las cefeidas variables en la Pequeña Nube de Magallanes, Henrietta Leavitt descubrió la relación período-luminosidad que ofreció por primera vez un método para determinar las distancias galácticas. Por otro lado, en febrero de 1987 estalló en la Gran Nube de Magallanes una supernova, SN 1987A, la primera visible a simple vista desde 1604 y que ha sido ampliamente estudiada por los astrónomos modernos.

Estos notables objetos del cielo austral lucen claramente diferenciadas del cuerpo de la Vía Láctea. Separadas entre sí por unos 21º, la verdadera distancia entre ellas es de unos 75 000 años luz. Hasta el descubrimiento de la galaxia elíptica enana de Sagitario en 1994, eran las dos galaxias conocidas más cercanas a la nuestra.

La evidencia sugiere que ambas galaxias han sido muy distorsionadas por el efecto de marea de su interacción con la Vía Láctea, y corrientes de hidrógeno neutro las conectan entre sí y con nuestra galaxia, la que a su vez también se ha visto afectada por ambas Nubes que han distorsionado las partes externas del disco galáctico.

En 2007, investigadores del Centro Harvard-Smitsoniano de Astrofísica (CfA) y del Instituto de Ciencia del Telescopio Espacial informaron que un estudio sobre las velocidades tridimensionales de las Nubes de Magallanes indicaban que no estaban ligadas gravitacionalmente con la Vía Láctea, sino que serían sencillamente vecinas transitorias de paso por las cercanías de nuestra galaxia.

Además de sus estructuras diferentes y de su menor masa, se diferencian de la Vía Láctea en dos aspectos importantes. En primer lugar, son comparativamente más ricas en gas y más pobres en metales que ella. Por otro lado, ambas resultan notables por sus nebulosas y sus poblaciones estelares jóvenes, mientras que en nuestra galaxia las estrellas varían de muy jóvenes a muy viejas, lo que indica una larga historia de formación estelar.

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Las Nubes de Magallanes, fotografiadas por el Observatorio Anglo-Australiano.
© Anglo-Australian Observatory
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La Gran Nube de Magallanes (LMC) es una galaxia irregular localizada a unos 160 000 años luz de distancia en la dirección de la constelación del Dorado (o Pez Espada). Contiene unos 15 000 millones de estrellas y su diámetro es de aproximadamente 35 000 años luz, con una magnitud aparente de 0,9 y se extiende por unos 10º de cielo. Presenta una estructura central en forma de barra y es la cuarta en tamaño del Grupo Local, después de la Nebulosa de Andrómeda (M31), la Vía Láctea y la galaxia del Triángulo (M33). Es posible que fuera una galaxia espiral barrada enana que fue desgajada por la poderosa gravedad de la Vía Láctea.

Vista desde la superficie de un planeta en ella, nuestra galaxia sería un espectáculo asombroso. Se extendería por más de 36 grados en el cielo, el equivalente a 70 Lunas llenas, y su luminosidad sería de -2,0, unas 14 veces más que lo que LMC luce para nosotros. Lo que es más, dada su gran altitud con respecto al plano galáctico, sus hipotéticos habitantes verían oblicuamente a la Vía Láctea y sin polvo que interfiriera con su visión, con lo que podrían captar a simple vista la impresionante belleza de su estructura espiral.

La Pequeña Nube de Magallanes (SMC o NGC 292) es también una galaxia irregular, clasificada a veces como enana, que se encuentra a unos 210 000 años luz de distancia de la Vía Láctea, en la dirección de la constelación del Tucán y que contiene tal vez unos 3 000 millones de estrellas en su extensión aproximada de 10 000 años luz.

Presenta todavía una estructura central en forma de barra, así que es posible que fuera también una espiral barrada, antes de ser desgajada y distorsionada por la fuerza gravitatoria de nuestra galaxia. Se muestra ante nosotros como una pequeña mancha de 3º de extensión visual y con una magnitud aparente de 2,7.

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Así se las puede localizar en el cielo austral.
© ecodigital.com.ar
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sábado, febrero 10, 2007

Una certeza mortal

A veces (muy pocas, por cierto), el genio del comentarista convierte una simple crítica en todo un ensayo que merece ser tenido en cuenta por sí mismo. El análisis que el profesor Weinberg hace del libro de Richard Dawkins “La ilusión de dios” es uno de esos casos.

Times_Literary_Supplement_logo
Steven Weinberg
Richard Dawkins
The god delusion416pp.
Bantam. £20.0 593 05548 9
US: Houghton Mifflin. $27. 0618680004

De todos los descubrimientos científicos que han perturbado a la mente religiosa, ninguno ha tenido el impacto de la teoría de la evolución por selección natural de Darwin. Ningún avance de la física o incluso de la cosmología ha causado una conmoción igual.

En los primeros días de la cristiandad, los padres de la iglesia Teófilo de Antioquia y Clemente de Alejandría rechazaron el conocimiento, común desde la época de Platón, de que la Tierra era una esfera. Insistieron en la verdad literal de la Biblia, y desde el Génesis hasta los versos de Revelaciones podían ser interpretados como indicadores de que la Tierra era plana. Pero la evidencia de una Tierra esférica resultaba aplastante para quien hubiera visto cómo desaparecía tras el horizonte el casco de un barco, mientras que sus mástiles continuaban siendo visibles, y al final la Tierra plana no parecía merecedora de lucha.

Hacia la Alta Edad Media, la Tierra esférica era aceptada por los cristianos educados. Dante, por ejemplo, descubrió que el corazón de la Tierra esférica era un destino conveniente para los pecadores. Lo que alguna vez había sido un asunto serio se ha convertido en una broma. Un amigo de la Universidad de Kansas ha formado una Sociedad de la Tierra Plana para demandar (en una burla de la demanda de los creacionistas de Kansas para que las escuelas presenten el “diseño inteligente” como una “alternativa” a la evolución) que las escuelas públicas de Kansas enseñen la teoría de la Tierra plana como una alternativa a la teoría de la Tierra esférica.

La idea más radical de que la Tierra se mueve alrededor del Sol fue más difícil de aceptar. Después de todo, la Biblia pone a la humanidad en el centro de un gran drama cósmico de pecado y salvación, de modo que, ¿cómo podría nuestra Tierra no ser el centro del universo? Hasta el siglo XIX, la astronomía copernicana no pudo ser enseñada en Salamanca o en otras universidades españolas, pero para la época de Darwin apenas si molestaba a nadie. Incluso en fechas tan tempranas como las de Galileo, el cardenal Baronius, el bibliotecario del Vaticano, hizo el famoso comentario en broma de que la Biblia nos dice como ir al cielo, y no cómo es que los cielos funcionan.

nombre

Steven Weinberg (1933 - )

Un reto diferente para la religión emergió con Newton. Sus teorías sobre el movimiento y la gravedad demostraron que los fenómenos naturales podían ser explicados sin la intervención divina, y a ellas se opuso, por razones religiosas y en la propia universidad de Newton, John Hutchinson. Pero la oposición a Newton en Europa colapsó cerca de fines del siglo XVIII. Los creyentes pudieron consolarse a sí mismos con el pensamiento de que los milagros eran simplemente excepciones ocasionales a las leyes de Newton, y de todos modos era muy improbable que cualquier física matemática pudiera molestar a aquellos que no comprendían su poder explicativo.

El darwinismo fue otra cosa. No era simplemente que la teoría de la evolución, como la teoría de una Tierra esférica en movimiento, estuviera en conflicto con el literalismo bíblico; no era que la evolución, como la teoría copernicana, negara un lugar central para los humanos; y no era que simplemente la evolución, como la teoría de Newton, proporcionara una explicación no religiosa para los fenómenos naturales que hasta entonces habían parecido como inexplicables sin una intervención divina. Mucho peor. Entre los fenómenos naturales explicados por la selección natural se encontraban las características mismas de humanidad de las que estamos tan orgullosos. Se hizo plausible que nuestro amor por nuestras parejas e hijos y que, según el trabajo de los biólogos evolutivos modernos, aún principios morales más abstractos como la lealtad, la caridad y la honestidad, tengan su origen en la evolución y no en un alma creada por una divinidad.

Dado el ataque que la religión tradicional ha recibido de parte de la evolución, es lógico que los adversarios modernos más enérgicos, elocuentes y libres de compromiso de la religión son los biólogos que nos han ayudado a comprender la evolución: primero Francis Crick, y ahora Richard Dawkins. En “The God Delusion” (La ilusión de dios), Dawkins corona una serie de sus libros sobre biología y religión con un ataque severo sobre todos los aspectos de la religión, no solamente la religión tradicional, sino también sobre el vago conjunto moderno de piedades que a menudo se apropian de su nombre. En su nota menos amable, Dawkins postula incluso que la persistencia de la creencia en dios es, en sí misma, un producto de la selección natural actuando tal vez sobre nuestros genes, como sostuvo Dean Hamer en “El gen de dios”, pero más seguramente sobre nuestros “memes”, los conjuntos de creencias y actitudes culturales que en una forma darwiniana aunque no biológica tienden a ser transmitidos de generación en generación. No es que el meme haga que el creyente o que los genes del creyente sobrevivan, sino que es el meme en sí mismo que por su naturaleza tiende a sobrevivir.

Por ejemplo, la persistencia de la creencia en una religión en particular se ve naturalmente ayudada si esa religión enseña que dios castiga a la incredulidad. Una religión de ese tipo tiende a sobrevivir si el castigo con que amenaza es lo suficientemente horrible. Por contraste, una religión tendría problemas para conservar a sus conversos si enseña que los infieles están sujetos, después de la muerte, a un breve período de leve incomodidad, después del cual se unirán a los creyentes en una felicidad eterna.

Por lo tanto, resulta natural que en el cristianismo y en el islamismo tradicionales, la incredulidad se convierta en el crimen máximo, y que el infierno sea la máxima cámara de torturas. No es extraño que el matemático Paul Erdös siempre se refiriera a dios como el Fascista Supremo. Dawkins focaliza su libro sobre el cristianismo y el islamismo, que tradicionalmente enfatizan la importancia de la creencia, más que en religiones como el judaísmo, el hinduismo o el sintoísmo, que están relacionadas con grupos étnicos específicos y que tienden a remarcar la observancia más que la fe.

A Dawkins, al igual que a Erdös, dios no le gusta. El califica al dios del Antiguo Testamento como “el personaje más desagradable de toda la ficción: celoso y orgulloso de serlo, un controlador fanático mezquino, injusto e inclemente; un “limpiador” étnico vengativo y sediento de sangre; un matón caprichosamente malevolente, misógino, pestilente, megalomaníaco y sadomasoquista”. Y en cuanto al Nuevo Testamento, cita con aprobación la opinión de Thomas Jefferson, de que “el dios cristiano es un ser con un carácter terrible, cruel, vengativo, caprichoso e injusto”.

nombre

Richard Dawkins (1941 - )

Todo esto es muy fuerte, y obviamente Dawkins intenta impactar al lector, pero su diatriba tiene un propósito constructivo. Al atacar al dios de las sagradas escrituras, está intentando debilitar la autoridad de los mandatos de ese dios, comandos cuya interpretación ha llevado a la humanidad a una historia vergonzosa de inquisiciones, cruzadas y jihads. Dawkins indica al lector muchos detalles brutales, pero debemos únicamente dar un vistazo a los encabezados de la actualidad para conseguir los nuestros propios. Por alguna razón, Dawkins no hace ningún comentario sobre el dios del Corán, quien parecería proporcionar iguales oportunidades para el ataque.

Las críticas de “The God Delusion” en el New York Times y en el New Republic reprochan a Dawkins su despectivo rechazo de las pruebas “clásicas” de la existencia de dios. Yo estoy de acuerdo con Dawkins en lo que respecta al rechazo de esas pruebas, pero las hubiera contestado de forma un poco diferente.

La “prueba ontológica” de San Anselmo nos pide inicialmente concordar en que es posible concebir algo tal que no se pueda concebir nada más grande. Una vez que ha logrado ese acuerdo, el astuto filósofo apunta que la cosa concebida debe existir, ya que si no existiera entonces alguna otra cosa que sí existe debiera ser más grande. ¿Y qué podría ser esta cosa que es la más grande que existe, sino dios? QED.

Desde el monje Gaunilo de la época de Anselmo hasta los filósofos de nuestro tiempo como J. L. Mackie y Alvin Plantinga, hay una concordancia general en que la prueba de Anselmo es errónea, aunque no están de acuerdo en qué consiste el error. Mi propia visión es que la prueba es circular: no es verdad que uno pueda concebir algo tal que nada que sea más grande pueda ser concebido, a menos que inicialmente se asuma la existencia de dios. La “prueba” de Anselmo ha reaparecido y ha sido refutada en muchas formas diferentes, casi un poco como una enfermedad infecciosa que puede ser derrotada por un antibiótico, pero que evoluciona de tal forma que necesita ser derrotada una y otra vez.

La “prueba cosmológica” no es mejor desde el punto de vista lógico, pero tiene un cierto atractivo para el físico. Sostiene que todo tiene una causa, y como esta cadena de causalidad no puede prolongarse eternamente, debe concluir en una causa primera, a la que llamamos dios. La idea de una causa primordial es profundamente atractiva, y de hecho el sueño de la física de partículas elementales es encontrar la teoría final en la raíz de todas las cadenas de explicaciones de lo que vemos en la naturaleza.

El problema es que una teoría matemática final de ese tipo difícilmente resultaría ser lo que cualquiera entiende como dios. ¿Quién le reza a la mecánica cuántica? El creyente puede con igual justicia sostener que ninguna teoría de la física puede ser una causa inicial, ya que todavía nos preguntaríamos porqué la naturaleza está gobernada por esa teoría, en lugar de por alguna otra. Sin embargo, en exactamente el mismo sentido, dios no puede ser tampoco una causa inicial, ya que cualquiera que fuera nuestra concepción de dios todavía nos preguntaríamos porqué el mundo está gobernado por esa clase de dios, en lugar de por alguna otra.

La “prueba” que históricamente ha sido más persuasiva es el argumento del diseño. Se supone que el mundo en general (y la vida en particular) está conformado tan maravillosamente que únicamente podría ser el resultado del trabajo del diseñador supremo. El gran logro de los científicos, desde Newton hasta Crick y Dawkins ha sido la refutación de este argumento explicando al mundo.

Me inquieta que Thomas Nagel en el New Republic deje de lado a Dawkins por ser un “filósofo aficionado”, mientras que Terry Eagleton en el London Review of Books se burla de Dawkins por sus carencias de entrenamiento teológico. ¿Debemos concluir entonces que las opiniones en materia de filosofía o de religión pueden ser expresadas únicamente por expertos, y no por simples científicos o por gente común? Eso sería como decir que únicamente los cientistas políticos pueden justificar la expresión de su visión sobre la política. El juicio de Eagleton es particularmente inapropiado; es como decir que nadie está calificado para juzgar la validez de la astrología, a menos que pueda producir un horóscopo.

Donde yo creo que Dawkins se equivoca es en que, como Enrique V en Agincourt, no parece darse cuenta de la extensión de la victoria de su bando. Dejando de lado el ascenso del islam en Europa, la caída de la creencia cristiana seria entre los europeos está tan ampliamente demostrada que Dawkins se dirige a los Estados Unidos para encontrar la mayoría de sus ejemplos sobre la creencia religiosa reaccionaria. Atribuye el gran respeto por la religión en los EE.UU. al hecho de que los norteamericanos nunca han tenido una iglesia establecida, una idea que puede haber tomado de Tocqueville.

Pero si bien la mayoría de los estadounidenses puede estar segura del valor de la religión, hasta donde yo puedo ver no está muy segura sobre la verdad de lo que enseña su propia religión. Según un artículo reciente del New York Times, los evangelistas estadounidenses están desesperados por una encuesta que demostró que únicamente el 4% de los adolescentes norteamericanos serán “cristianos creyentes de la Biblia” cuando alcancen la edad adulta.

La difusión de la tolerancia religiosa proporciona evidencia del debilitamiento de la certeza religiosa. Históricamente, la mayoría de los grupos cristianos ha enseñado que no hay salvación sin la fe en Cristo. Si se está realmente seguro de que cualquiera que no posea esa fe está condenado a un infierno eterno, entonces la propagación de la fe y la eliminación de la incredulidad serían lógicamente las cosas más importantes del mundo, mucho más importantes que cualquier otra virtud secular tal como la tolerancia religiosa. Sin embargo, la tolerancia religiosa campea por sus fueros en Norteamérica. Nadie que haya expresado públicamente su falta de respeto por cualquier religión en particular podría ser elegido para un alto cargo público.

Incluso aún cuando los ateos norteamericanos puedan tener problemas para ganar elecciones, los estadounidenses son bastante tolerantes con nosotros los incrédulos. Mis muchos buenos amigos en Texas que son cristianos profesos ni siquiera intentan convertirme. Esto podría ser tomado como evidencia de que a ellos no les importa realmente si yo paso la eternidad en el infierno, pero prefiero pensar (y tanto baptistas como presbiterianos lo han admitido frente a mí) que no están del todo seguros con respecto al cielo y al infierno.

A menudo he escuchado la afirmación (una vez por voz de un sacerdote estadounidense) que no es tan importante lo que uno cree; lo importante es como nos tratamos unos a otros. Por supuesto, aplaudo este sentimiento, pero imaginémonos intentando explicar eso de “no importa lo que uno crea” a Lutero, a Calvino o a San Pablo. Afirmaciones como ésta muestra una retirada masiva de la cristiandad del terreno que alguna vez ocupó, una retirada que no puede ser atribuida a una nueva revelación, sino únicamente a la pérdida de certidumbre.

Buena parte del debilitamiento de la certeza religiosa en el occidente cristiano puede ser vista junto al portal de la ciencia; incluso personas cuya religión podría hacer que se inclinaran hacia la hostilidad frente a las pretensiones de la ciencia, comprenden generalmente que ellos mismos deben apoyarse en la ciencia y no en la religión para lograr que las cosas se hagan. Pero nada parecido a esto ha sucedido, con los mismos alcances, en el mundo del islam.

Uno encuentra en los países islámicos no solamente la oposición religiosa a teorías científicas específicas, como sucede ocasionalmente en occidente, sino también una extensa hostilidad religiosa hacia la ciencia misma. Mi difunto amigo, el distinguido físico paquistaní Abdus Salam, intentó convencer a los mandatarios de los ricos estados petroleros del Golfo Pérsico para que invirtieran en educación e investigación científicas, pero descubrió que si bien se mostraban entusiasmados con la tecnología, sentían que la ciencia pura representaba un reto muy grande para la fe.

En 1981, la Hermandad Islamita de Egipto pidió el fin de la educación científica. En las áreas de la ciencia que conozco mejor, aunque hay científicos talentosos de origen islámico trabajando productivamente en occidente, a lo largo de cuarenta años no he visto un simple artículo realizado por un físico o un astrónomo que trabajara en un país islámico y que valiera la pena leer. Esto es así pese al hecho de que en el siglo IX, cuando la ciencia apenas si existía en Europa, el mayor centro mundial de investigación científica se encontraba en la Casa de la Sabiduría en Bagdad.

El islam se volvió contra la ciencia en el siglo XII. La figura más influyente fue el filósofo Abu Hamid al-Ghazzali, quien argumentó en La incoherencia de los filósofos contra la idea misma de leyes de la naturaleza, sobre la base de que cualquiera de esas leyes pondría en cadenas las manos de dios. Según al-Ghazzali, un montón de algodón colocado sobre las llamas no se oscurece y arde a causa del calor, sino porque dios quiere que se oscurezca y se queme. Después de al-Ghazzali, no hubo más ciencia digna de mención en los países islámicos.

Las consecuencias son horrorosas. Sea lo que sea que se opine sobre los islamitas que se vuelan a sí mismos en ciudades atiborradas de gente en Europa o Israel, o que choquen con aeroplanos en edificios de los EE.UU., ¿quién discutiría que la certeza de su fe tiene algo que ver con el asunto?

George W. Bush y muchos otros quisieran que nosotros creyéramos que el terrorismo es una distorsión del islam, y que el islam es una religión de paz. Por supuesto, decir esto es una buena política, pero las afirmaciones sobre lo que es el islam tienen poco sentido.

El islam, como todas las otras religiones, fue creado por personas, y existen potencialmente tantas versiones diferentes del islam como hay personas que declaran ser islamitas (la misma afirmación se aplica a la opinión altamente personal de Eagleton sobre lo que “es” el cristianismo). No sé sobre qué bases uno puede decir que una persona pacífica y bien intencionada como Abdus Salam es más o menos islamita que los asesinos guerreros islámicos del Hezbollah y de la Jihad Islámica, que los clérigos de todo el mundo islamita que incitan al odio y a la violencia, o que aquellos islamitas que hacen manifestaciones contra supuestos insultos contra su fe, pero no contra las atrocidades cometidas en su nombre (incidentalmente, Abdus Salam se veía a sí mismo como un islamita devoto, pero pertenecía a una secta que la mayoría de los islamitas considera herética, y por años no se le permitió regresar a Paquistán).

Dawkins trata al islam como simplemente otra religión deplorable, pero hay una diferencia. La ecuanimidad de Richard Dawkins es bien intencionada, pero está fuera de lugar. Comparto su falta de respeto por todas las religiones, pero en nuestros tiempos es tonto despreciarlas a todas ellas por igual.

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Steven Weinberg es profesor de física y astronomía en la Universidad de Texas. Recibió el Premio Nóbel de Física y la Medalla Nacional de Ciencia de los EE.UU., y es miembro extranjero de la Royal Society de Londres. Entre sus libros se incluyen “The First Three Minutes” (Los primeros tres minutos), 1977, “Dreams of a Final Theory” (Sueños de una teoría final), 1992, y “Facing Up “ (Enfrentando), 2001.

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NOTA: Traducido y publicado con autorización especial de The Times Literary Supplement. Las imágenes han sido añadidas por el traductor

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Este artículo también fue publicado en Astroseti.com el 09/02/2007, con ligeras modificaciones: URL http://www.astroseti.org/vernew.php?codigo=2724
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viernes, enero 05, 2007

Alfa Centauro y la búsqueda de vida extraterrestre

Es posible que las condiciones favorables para la existencia de planetas habitables tipo Tierra se encuentren más cerca de lo que muchos suponen.

El sistema estelar que componen nuestros vecinos espaciales más cercanos (el barrio contiguo al nuestro, digamos) es el de Alfa del Centauro (o, más sencillamente, Alfa Centauro).

Apenas a 4,35 años luz de distancia, la “estrella” más brillante de la constelación (Alfa) es, en realidad, un sistema triple. Es un objeto único cuando se lo observa a simple vista, pero un telescopio más o menos pequeño puede mostrarnos los integrantes del sistema.

Pero no es solamente eso lo que lo hace especial, sino el que sea uno de los pocos lugares de la galaxia que pueden ofrecer una posibilidad clara de vida de un tipo más o menos terrestre.

Los dos componentes mayores del sistema (Alfa Centauro A y Alfa Centauro B) conforman un sistema binario, girando una alrededor de la otra a una distancia de unos 3 500 millones de kilómetros (es decir, unas 23 veces la distancia Sol-Tierra, o 23 Unidades Astronómicas) y completan una órbita cada casi exactamente 80 años.

El tercer miembro del grupo es Alfa Centauro C, que se encuentra a 10 000 UA de A y de B, o sea más de 300 veces la distancia Sol-Neptuno. A esa distancia tan enorme, todavía no se puede estar seguro del todo si realmente está unida al dúo A-B. Por ahora, lo que sí sabemos es que su órbita la ha ubicado momentáneamente en el lado más cercano a nosotros. Se encuentra a 4,22 años luz de distancia, y es la estrella individual más cercana a nuestro sistema solar. Por esa razón, Alfa Centauro C es también llamada a veces Proxima Centauri (nombre en latín que significa Próxima del Centauro) o simplemente Próxima.

Alfa Centauro A es una estrella amarilla del tipo espectral G2, tal como el Sol. Por lo tanto, su temperatura y su color también son muy similares a los de nuestra estrella materna. Alfa Centauro B es de tipo espectral K1, de color naranja y más fría que el Sol. Por su parte, Próxima es una enana roja de tipo espectral M5, mucho más fría y pequeña que nuestro astro central. Por supuesto, también es mucho menos luminosa, razón por la cual recién fue descubierta en 1915, pese a su cercanía.

Condiciones para la vida

Cuando se procede a estimar las posibilidades de que haya vida en un sistema estelar dado, el primer criterio a considerar debe ser la madurez y estabilidad de la estrella; es decir, debe estar en la secuencia principal. Como las estrellas de la secuencia principal utilizan el hidrógeno para generar energía a partir de su conversión en helio dentro de sus núcleos, y como el hidrógeno es muy abundante, la mayoría de las estrellas permanece en la secuencia principal por largo tiempo, dando así una oportunidad para el desarrollo de la vida.

La segunda condición es que la estrella debe pertenecer al tipo espectral correcto, ya que éste determina la cantidad de energía emitida por la estrella. Las estrellas más masivas y calientes, que pertenecen a los tipos espectrales O, B, A, y a los primeros escalones del tipo F, queman su combustible muy rápidamente, por lo que su ciclo vital es demasiado corto (de unas pocas decenas a algunas centenas de millones de años, nada más). Las estrellas más pequeñas y frías, que pertenecen a los últimos escalones del tipo F y al tipo M no generan mucha energía, por lo que quizás no puedan mantener agua líquida en sus planetas más lejanos, y para los más cercanos (que sí podrían contener agua en estado líquido), por efecto de marea mostrarían siempre un mismo lado a la estrella, teniendo así un hemisferio con una temperatura demasiado alta y el otro hemisferio eternamente congelado.

Sin embargo, las estrellas tipo G (como nuestro Sol, única prueba de vida que conocemos) y aquellas que pertenezcan a los últimos escalones del tipo K y a los primeros del tipo K, deberían ser más aptas para albergar planetas con buenas condiciones para la vida.

El tercer criterio debe ser la presencia de condiciones estables en el sistema estelar, es decir, que la emisión de energía por parte de la estrella no debe variar mucho en plazos relativamente cortos. Dado el cumplimiento de las condiciones anteriores, ahora resulta importante el hecho de que el sistema sea de una sola estrella, o que contenga más de una. En este último caso, importa tanto el tipo espectral de los miembros estelares, como la distancia que los separe. Las posibilidades de variación son prácticamente infinitas. Asimismo, resulta importante en este caso el tipo espectral del objeto en cuestión.

La cuarta condición es, por supuesto, la edad de la estrella a considerar. En nuestro caso, el Sol tiene 4 600 millones de años de edad, un tiempo evidentemente suficiente como para que la vida haya surgido y evolucionado, y por lo que sabemos hasta ahora, la vida pudo haber surgido unos 800 millones de años después de su formación. Por otro lado, tiene todavía por delante varios centenares de millones de años en los que las condiciones sobre la Tierra permanecerán favorables para la vida, y después de eso los mundos más exteriores también mantendrán condiciones de habitabilidad por otros centenares de millones de años.

Y la quinta y última condición refiere a la metalicidad de la estrella, es decir, si presenta la cantidad suficiente de elementos más pesados que el hidrógeno (o metales, como los llaman los astrónomos), tales como carbono, nitrógeno, oxígeno, hierro, etc. De esta metalicidad parece depender la formación de planetas, y además son necesarios para la confección de moléculas indispensables para la vida. Nuestro Sol, por ejemplo, está compuesto principalmente por hidrogeno y helio, pero aproximadamente un dos por ciento de su masa consiste en “metales”.

Esto es así porque nuestro astro principal es una estrella de segunda o tercera generación, ya que se formó a partir de nubes estelares enriquecidas por estrellas anteriores que estallaron como supernovas al final de su vida, creando en esos momentos finales y diseminando por el espacio una enorme cantidad de elementos pesados, a todo lo largo de la tabla periódica. Aunque ese dos por ciento no parezca mucho, resultó más que suficiente como para crear a su alrededor a todos los planetas rocosos, y a nosotros mismos.

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Tamaño de las estrellas de Alfa Centauro, comparadas con el Sol

© Laro Schatzer’s Alpha Centauri

Los tres vecinos estelares más próximos del Sol están localizados en la región sureste de la constelación del Centauro, y conforman la “estrella” más luminosa de la constelación y la cuarta más brillante del cielo nocturno, Alfa del Centauro, también llamada Rigil Kentaurus (del árabe Al Rijl al Qanturus, por “la pata del centauro).

Visible a simple vista, Alfa del Centauro ha sido conocida por milenios, si bien no se supo que era una estrella doble hasta la observación realizada en 1752 por Nicolás Louis de La Caille desde el Cabo de Buena Esperanza, Sud África, quien realizaba un estudio de las estrellas del hemisferio austral utilizando un telescopio refractor de media pulgada (La Caille la consideró un sistema binario porque únicamente pudo ver a Alfa Centauro A y a Alfa Centauro B). La poco luminosa Próxima Centauro tuvo que esperar más tiempo, y recién fue descubierta en 1915 por Robert Thorburn Ayton Innes, un escocés que también estaba observando desde el Cabo, probablemente con el telescopio de 7 pulgadas del Observatorio Real.

Si un observador situado en el sistema de Alfa Centauro estudiara al Sol, lo encontraría en Casiopea, cerca de su límite con Perseo, y lo vería como una brillante estrella amarilla casi tan luminosa como Capella (Alfa del Auriga) nos parece a nosotros.

Las dos estrellas más grandes y luminosas se encuentran a una distancia de unos 4,36 años luz, y conforman una binaria cercana, estando separadas en promedio por unas 23,7 UA, es decir apenas un poco más que la distancia Sol-Urano (si bien, como dijimos antes, su separación mínima puede llegar a ser de 11 UA y su separación máxima alcanza las 35 UA).

Próxima Centauro se encuentra a solamente 4,22 años luz de distancia de nosotros y a unas 10 000 UA de A y B. Está tan lejos de ellas, que es posible que no esté unida gravitatoriamente con el par binario, aunque las tres podrían ser parte de un cercano grupo estelar en movimiento que incluye a la estrella triple ADS 10288 (Gl 649.1), a Gliese140.1, a Gliese 676, y a otras seis estrellas.

A continuación damos más información sobre cada uno de los tres componentes del sistema:

Alfa Centauro A

Como el Sol, es una estrella enana amarilla-naranja tipo G2V. Tiene unas 1,09 o 1,10 masas solares y su radio es 1,227 veces el de nuestra estrella (o sea 854 000 km). En cuanto a su luminosidad, es aproximadamente un 52 a un 60 por ciento más luminosa que el Sol, y puede ser algo mayor que éste, estimándose su edad en 4 850 millones de años. Su composición química es la siguiente: hidrógeno 71,5 %, helio 25,8%, y metales (elementos más pesados que el helio y el hidrógeno) 2,74%. En comparación, los números para el Sol son 73,7%, 24,5% y 1,81% respectivamente).

Como es tan parecida al Sol, muchos especulan sobre la posibilidad de que tenga planetas que puedan albergar vida. Dada sus características, un planeta tipo Tierra podría tener agua líquida a una distancia media de 1,25 UA, es decir, algo así como un punto medio entre las órbitas de la Tierra y de Marte aquí en nuestro sistema. En ese caso tendría un período orbital de 1,34 años. También, y según cálculos recientes, podría haber incluso una zona habitable algo mayor.

Alfa Centauro B

La segunda estrella del sistema binario, Alfa Centauro B, es una enana color naranja-rojizo de la secuencia principal, tipo espectral K1V. Parece tener 0,907 masas solares, un radio de 0,865 radios solares (602 000 km), y entre un 45 a 52 por ciento de la luminosidad del Sol. Su edad es similar a la de Alfa Centauro A (4 850 millones de años). Según los últimos análisis, su composición química sería la siguiente: hidrógeno 69,4%, helio 27,7% y metales 2,89%.

Vista desde un planeta que girara alrededor de Alfa Centauro A a una distancia similar a la de la Tierra, esta estrella compañera Alfa Centauro B proporcionaría un poco más de luz que la Luna llena, pero dada la distancia que la separa (mayor que la distancia Sol-Saturno) no afectaría demasiado la vida sobre ese mundo.

Según algunos estudios, su zona “Ricitos de Oro” estaría centrada alrededor de las 0,73 - 0,74 UA (la distancia Sol-Venus en nuestro sistema solar), con una período orbital algo menor que el nuestro. Otros estudios dan una zona habitable algo mayor.

Alfa Centauro C, o Próxima Centauro

Próxima es muy fría y muy poco luminosa, una enana roja de la secuencia principal tipo M5.5Ve, que parece tener una masa de 0,123 masas solares y un diámetro de 0,145 diámetros solares. Su luminosidad varía entre 0,000053 y 0,00012 tomando Sol = 1. Es, por lo tanto, 19 000 veces menos luminosa que nuestro astro, y si estuviéramos a una distancia Sol-Tierra de ella (es decir, a una unidad astronómica), su disco apenas sería visible. Se calcula que su período orbital alrededor del par Alfa Centauro A-B puede ser de varios millones de años (si es que en realidad forma un sistema con ellas). Está compuesta por un 69,5% de hidrógeno, un 27,8% de helio y un 2,90% de metales.

La región en la cual un eventual planeta pudiera mostrar agua líquida se encuentra entre las 0,02 y las 0,06 UA, mucho más cerca que las 0,4 UA de Mercurio alrededor del Sol, con un período orbital de dos a 16 días. Por lo tanto, la rotación de ese planeta habría sido fijada por el efecto de mareas y uno de sus hemisferios enfrentaría continuamente a la estrella, mientras que el otro hemisferio permanecería eternamente en la sombra.

Además, como muchas otras enanas rojas, Próxima es una “estrella llameante”, es decir que puede aumentar abruptamente y en mucho su luminosidad. Sus llamaradas pueden llegar a multiplicar su brillo por dos, y ocurren esporádicamente de hora en hora. Más aún, puede haber varias llamaradas al mismo tiempo. Por lo tanto, podríamos decir que allí las condiciones para la vida son casi imposibles.

El caso de habitabilidad para Alfa Centauro

Como hemos visto, Alfa Centauro es un lugar notable, puesto que puede ofrecer para la vida condiciones similares a las de nuestro propio sistema solar ya que, en general, cumple con las cinco condiciones que hemos establecido. Veamos lo que sucede en cada caso con sus tres integrantes.

1) Los tres objetos estelares del sistema se encuentran dentro de la secuencia principal, han permanecido en ella por largo tiempo, y seguirán estando allí por otro largo período, aunque por su pequeño tamaño, Próxima permanecerá en ella por muchísimo tiempo más.

2) Alfa Centauro A pertenece al mismo tipo espectral que el Sol, mientras que Alfa Centauro B es una estrella tipo K1, es decir, al escalón más luminoso de las de su clase, por lo cual también podría resultar apta. Próxima es una enana roja, y parece razonable dejarla de lado.

3) El tercer punto podría parecer complicado, ya que Alfa Centauro A y B forman claramente un sistema binario. Sin embargo, aquí toma importancia la distancia que las separa. Su período de traslación a lo largo de sus órbitas alrededor del centro gravitatorio común es de unos 80 años, durante los cuales la distancia entre ambas estrellas varía entre 11 UA y 35 UA. Para tener una idea mejor, cuando ambas estrellas están más cerca una de la otra, están todavía dos UA más lejos que la distancia media Sol-Saturno, mientras que en su mayor separación están seis UA más alejadas que la distancia media Sol-Neptuno.

posibles_planetas_en_Alfa_Centauro

Planetas posibles en Alfa Centauro

© Laro Schatzer’s Alpha Centauri

Por lo tanto, y observando desde los planetas que puedan existir alrededor de cualquiera de ellas, la luminosidad de la otra estrella aumenta y disminuye un poco al acercarse y alejarse. Sin embargo, esta variación es demasiado pequeña como para representar un problema, de modo que ambas estrellas superan también este obstáculo.

Sobre Próxima, deberemos decir que tampoco pasa esta prueba. Como muchas enanas rojas, es proclive a generar estallidos que duplican o triplican su luminosidad (y su emisión de energía) en apenas unos pocos minutos.

4) En cuanto al tiempo necesario para la aparición y evolución de la vida, tanto Alfa Centauro A como Alfa Centauro B son incluso algo más viejas que el Sol, con una edad estimada de algo menos de cinco mil millones de años. Las estimaciones para Próxima arrojan una edad similar.

5) ¿Y el asunto de la metalicidad? Pues también aquí Alfa Centauro A y B pasan la prueba. Son estrellas ricas en metales, como nuestro Sol. De hecho, el sistema A-B podría ser hasta casi el doble de rico en metales que nuestro propio sistema solar. Próxima también es rica en metales.

Ahora bien, queda todavía algo por dilucidar. ¿Existen en Alfa Centauro planetas rocosos tipo Tierra que se encuentren dentro de la zona de habitabilidad y donde se posible encontrar agua en estado líquido (la así llamada zona “Ricitos de Oro”).

La respuesta es que todavía no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que un sistema binario los planetas no pueden estar muy lejos de su estrella primaria, puesto que en caso contrario sus órbitas serían inestables. Si la distancia es más de un quinto de la distancia de máxima aproximación de las dos estrellas, entonces el segundo miembro del sistema provocaría distorsiones en la órbita del planeta.

En el caso de Alfa Centauro, esa aproximación máxima es de 11 UA, por lo cual el límite para órbitas planetarias estables sería de unas dos unidades astronómicas. De hecho, los modelos de computadora sugieren que si bien podrían formarse planetas rocosos en las cercanías de las dos estrellas mayores, ese no sería el caso para los planetas gaseosos mayores y más lejanos, debido a los efectos gravitatorios combinados de ambos astros.

Si lo comparamos con nuestro propio sistema, eso significaría que tanto Alfa Centauro A como Alfa Centauro B podrían poseer hasta cuatro planetas interiores (en nuestro sistema, la distancia que separa a los cuatro planetas rocosos del Sol es la siguiente: Mercurio 0,4 UA, Venus 0,7 UA, la Tierra 1 UA y Marte 1,5 UA). Por lo tanto, ambas estrellas podrían albergar uno o hasta dos planetas rocosos en su respectiva zona “Ricitos de Oro”.

Sin embargo, es necesario también tener en cuenta la opinión de algunos astrónomos que sostienen que los planetas tipo Tierra en Alfa Centauro deberían ser bastante áridos, puesto que se cree que Júpiter y Saturno cumplieron un papel crucial en dirigir los cometas hacia el sistema solar interior, los que a su vez representaron una fuente de agua para los planetas cercanos al Sol.

Terrestrial_Planet_Finder

Terrestrial Planet Finder (Buscador de Planetas Terrestres) de la NASA


Conclusión

Los datos recogidos hasta la fecha indican que el sistema de Alfa Centauro merece ser estudiado a fondo y tenido en cuenta en todas las búsquedas de planetas extrasolares (y de vida extraterrestre) que se realicen en el futuro.

Las simulaciones de computadora sugieren que, dada su alta metalicidad y su composición orbital, podría albergar a varios planetas rocosos en órbitas estables alrededor de cualquiera de sus estrellas o en ambas.

Precisamente por eso, Alfa Centauro A y B han sido seleccionadas entre las 100 estrellas principales a investigar por el Terrestrial Planet Finder (Buscador de Planetas Terrestres) de la NASA, cuando éste sea lanzado. La detección de planetas en Alfa Centauro marcaría el inicio de una nueva etapa en la búsqueda de vida extraterrestre cuya lógica conclusión, para muchos de nosotros, sería el viaje interestelar.

exoplaneta

Exoplaneta

jueves, diciembre 21, 2006

Diez años de la muerte de Carl Sagan

Hace ya un decenio fallecía el más famoso de los astrónomos de los tiempos modernos.

”Carl Sagan y el universo”

Carl Sagan y el cosmos

Pero su muerte, por supuesto, no significó su desaparición. Su sonrisa y su genio siguen estando en la mente de todos los que lo admiramos.

Es difícil decir algo inteligente u original en un caso así. La blogosfera lo recuerda hoy, y decenas de miles de personas en todo el mundo se han unido para conmemorar la fecha. Y cada uno de ellos (de nosotros) pensamos y sentimos una emoción muy profunda, que algunos saben expresar en palabras y otros apenas somos capaces de sentirlas.

Es por eso que hoy, en esta pequeña nota homenaje no escribo mucho. Simplemente, les daré un enlace a un artículo muy bueno publicado en Clarín, que dice un montón de cosas que me hubiera gustado escribir, y que a su vez tiene unos enlaces que merecen ser visitados.

Solamente agregaré que lamento la injusticia de que hombres tan grandes como él hayan vivido tan poco, mientras que otros…

Realmente, me gustaría que hoy estuviera vivo, en estos momentos de emoción diaria que nos traen las noticias del cosmos, para explicarnos, enseñarnos, y seguir mostrándonos el camino que debería seguir la humanidad.

Que descanse entre las estrellas.

domingo, diciembre 03, 2006

Glosario Topográfico Planetario

Algunos rasgos topográficos (es decir, las particularidades superficiales de un terreno) que encontramos en otros cuerpos del sistema solar presentan características que los hacen diferentes a los de la Tierra, por lo que han recibido sus propias denominaciones, o nomenclatura.

En su mayoría, esos rasgos son comunes a los diferentes mundos, pero en algunos casos son específicos de alguno de ellos.

Casi todos estos nombres se escriben en latín; en esos casos, las reglas para su utilización en singular o en plural (que aquí se indica en letra cursiva) siguen las normas de aquella lengua.

Heber Rizzo Baladán
Última actualización: Septiembre 2008

NOMBRE
(plural latín en cursiva)
DESCRIPCIÓN
Albedo Rasgo característico de un área geográfica que se distingue por la cantidad de luz que refleja. Una superficie con un albedo de 1,0 reflejaría toda la luz incidente, mientras que si la absorbiera totalmente su albedo sería de 0,0.
Arcus, arcūs Rasgo con forma de arco.
Astrum, astra Rasgos con patrón radial, en Venus.
Catena, catenae Una cadena lineal de cráteres, producida quizás por un tren de impactores (como el Shoemaker-Levy 9 lo hizo en Júpiter). Alternativamente, puede ser de origen volcánico, a causa del colapso de tubos de lava sub-superficiales.
Cavus, cavi Hoyo o depresión irregular, con bordes empinados, no originado por impacto. Comúnmente se presentan en grupos.
Centro Eruptivo Centro volcánico activo en Io.
Chaos Área de terreno confuso e irregular, posiblemente creada por acción del agua subterránea al minarlo.
Chasma, chasmata Depresión profunda, alargada, con lados empinados; un gran cañón.
Collis, colles Colina pequeña o promontorio.
Corona, coronae
Una estructura ovoidal.
Crater, craters Depresión circular.
Dorsum, dorsa Cadena montañosa, cordillera, prominencia alargada.
Facula, faculae Punto brillante.
Farrum, farra Estructura con forma de panqueque, o una fila de dichas estructuras.
Flexus Cordillera curvilínea, muy baja, con un patrón de bordes ondulados.
Fluctus Terreno de flujo, ondulado.
Flumen, flumina Canal en Titán que puede transportar líquido.
Fossa, fossae Depresión larga, estrecha, y de baja profundidad, parecida a una trinchera.
Gran rasgo anillado Rasgos en forma de anillo de origen desconocido.
Insula, insulae Isla (islas), un área aislada de terreno (o un grupo de tales áreas) rodeada por, o casi rodeada por, un área líquida (mar o lago).
Labes Se utiliza para rasgos que parecen ser el resultado de un deslizamiento de tierra.
Labyrinthus, labyrinthi Área de intersección de depresiones lineales, cañones o valles.
Lacus “Lago”; planicie pequeña. Solamente en la Luna.
Lenticula, lenticulae
Pequeños puntos oscuros, en Europa.
Linea, lineae Marca alargada, oscura o brillante, recta o curva.
Lingula, lingulae Extensión de meseta con límites lobulados o con forma de lengua.
Macula, maculae
Mancha oscura, puede ser irregular.
Mare, maria “Mar”; gran planicie circular. Solamente en la Luna.
Mensa, mensae Área elevada con cima achatada y bordes empinados, estilo riscos.
Mons, montes Montañas. En Marte, son principalmente de origen volcánico.
Nombre de lugar de descenso
Rasgos lunares en (o cerca de) los lugares de descenso de las naves Apolo.
Oceanus “Océano”; área oscura muy grande. Solamente en la Luna.
Palus, paludes “Pantano”; pequeña planicie. Solamente en la Luna.
Patera, paterae Cráter irregular o complejo, con bajo relieve de bordes ondulados y rasgos parecidos a canales que irradian de él. Se cree que son principalmente volcánicos.
Planitia, planitiae Área plana que se encuentra a menor altura que la región que la rodea.
Planum, plana Meseta. Área razonablemente plana, lisa, relativamente sin cráteres, más alta que la región que la rodea, limitada por bordes escarpados.
Plume (Penacho) Rasgos crio-volcánicos en Tritón.
Promontorium, promontoria “Cabo”; cabeza de tierra, promontorio que se “introduce” en una región.
Rasgos satelitales Un rasgo que comparte el nombre de un rasgo asociado. Por ejemplo, en la Luna, los cráteres referidos como “cráteres con letras” están clasificados como”rasgos satelitales”.
Regio, regiones Una gran área, marcada por distinciones de reflectividad o color que la diferencian de áreas adyacentes. Una gran zona geográfica.
Reticulum, reticulae Un área de patrón reticular (como una red), en Venus.
Rima, rimae Fisura. Solamente en la Luna.
Rupes Escarpa, risco, cuesta empinada, que es lineal, no sinuoso. Línea de riscos formada por la acción de fallas.
Scopolus, scopuli Escarpa o risco irregular, de apariencia lobulada.
Sinus “Bahía”; pequeña planicie.
Sulcus, sulci Surco, zanja, arruga. A menudo ocurren en grupos semi-paralelos.
Terra, terrae Extensa masa de terreno. En Marte se denomina así a las tierras altas más antiguas y cubiertas de cráteres.
Tessera, tesserae Terreno poligonal, con apariencia de estar compuesto de tejas.
Tholus, tholi Montaña pequeña o colina, aislada, en forma de domo. Se presumen de origen volcánico.
Unda, undae Duna. Área de apariencia ondulada.
Vallis, valles Valle. Probablemente de origen fluvial.
Vastitas, vastitates Enorme planicie baja. El único lugar designado así en el sistema solar es Vastitas Borealis, en Marte.
Virga, virgae Raya o franja de color.

lunes, noviembre 13, 2006

Ciencia y religión: la visión de Carl Sagan y Ann Druyan

En su página Cosmic Blog, Alan Boyle ha publicado (en inglés) una interesantísima entrevista que realizó a Ann Druyan, la viuda de Carl Sagan, en la que trata sobre la complicada relación entre la religión y la ciencia y las opiniones que al respecto mantenía el genial astrónomo. He aquí mi traducción de la misma.

Los evangelios de la ciencia

Hay toda una nueva inundación de libros sobre la relación entre la ciencia y la religión, y de la misma forma en que los diversos evangelios cristianos apuntaban a audiencias diferentes, lo mismo sucede con ellos. Por un lado, “La Creación” de E. O. Wilson se dirige a los creyentes, mientras que por otro lado, “La ilusión de dios” de Richard Dawkins convoca a los no-creyentes a montar un ataque a toda escala contra la religión.
”Carl_Sagan”

Carl Sagan


Quizás el evangelio más difícil de categorizar provenga de alguien que abandonó este enredo mortal hace ya 10 años: el astrónomo Carl Sagan, cuyas conferencias sobre la ciencia y la religión fueron publicadas la semana pasada en un libro titulado “Las variedades de la experiencia científica” (en inglés: “The Varieties of Scientific Experience”). Estas charlas fueron dadas originalmente en Glasgow, en 1985, como parte de las Conferencias Gilford sobre la Teología Natural (la misma serie de conferencias que, allá por 1902, dieron origen a “Las variedades de la experiencia religiosa” de William James).

Aunque las observaciones de Sagan tienen ya más de 20 años de antigüedad, tratan con habilidad con las actuales controversias acerca del diseño inteligente, de los orígenes cósmicos y del papel de dios en el universo. De hecho, a menudo sus palabras suenan como si hubieran sido dichas hoy:

“Si existiera un dios creador, ¿preferiría él o ella (o cualquiera que sea el pronombre correcto) a un tonto cabeza hueca que lo idolatra mientras no comprende nada? ¿O preferiría acaso que sus seguidores admiraran al universo real en toda su complejidad? Yo sugeriría que, al menos en parte, la ciencia es una adoración informada.

Mi creencia más profunda sostiene que si existiera algo así como un dios de tipo tradicional, entonces nuestra curiosidad y nuestra inteligencia provienen de ese dios. Seríamos desagradecidos con esos dones si suprimiéramos nuestra pasión para la exploración del universo y de nosotros mismos. Por otro lado, si tal dios tradicional no existe, entonces nuestra curiosidad y nuestra inteligencia son herramientas esenciales para manejar nuestra supervivencia en un tiempo extremadamente peligroso.

En cualquier caso, la empresa del conocimiento es seguramente consistente con la ciencia; también debería serlo con la religión, lo que resultaría esencial para el bienestar de la especie humana”.


Ann Druyan, la viuda y por largo tiempo colaboradora de Sagan, es la publicadora de sus escritos póstumos, con la fuerte asistencia científica del astrofísico Steven Soter. Druyan me dijo que no había cambiado ni una sola palabra de las conferencias de Sagan. Más aún, dijo que las actualizaciones han sido confinadas a las ilustraciones y a las notas al pie, incluyendo una en relación con los últimos descubrimientos de la nave Cassini en Titán.

Sagan había especulado sobre la posibilidad de que se pudieran descubrir océanos de hidrocarburos en la luna de Saturno, y por algún tiempo pareció que esas expectativas no llegarían a fructificar. Sin embargo, justo antes de que el libro entrara en prensa, los datos de Cassini confirmaron que sobre la superficie de Titán había una multitud de lagos de hidrocarburos.

“Obviamente, si se hubiera equivocado, él habría deseado que lo dijéramos, en lugar de pretender lo contrario”, dijo Druyan. “Pero al final resultó que también había acertado en eso”.

Desde la muerte de Sagan en Seattle en 1996, después de una batalla de años contra una condición de pre-leucemia, Druyan ha sido la guardia de la llama de Cosmos. Aunque ha sido honrada con el título de “una de las más notables ateas del mundo”, siempre encontré que sus creencias (y las de Sagan) eran muy difíciles de catalogar. Quizás yo no sea lo suficientemente ortodoxo. Pueden juzgarlo ustedes mismos, sobre la base de estos extractos de nuestra conversación de la semana pasada.



Boyle: Stephen Jay Gould habló sobre la idea de los “magisterios no superpuestos”; es decir, la idea de que había cosas a las que se dirigía el impulso espiritual y que no eran susceptibles de un análisis científico desapasionado, y que había cosas relacionadas con la investigación científica para las que las religiones tradicionales no estaban equipadas como para juzgarlas. ¿Eso es algo que se viera reflejado en lo que Carl tenía que decir?

Druyan: Carl amaba a Steve, tal como yo. Recuerdo un día tremendamente conmovedor, durante el último mes de vida de Carl, cuando fuimos a visitar a Steve a Nueva York, y yo dejé solos a los dos hombres durante la tarde. Cuando regresé por Carl, lo encontré radiante. Mientras caminábamos hacia la puerta, pregunté: “de qué estuvieron hablando”. Y Carl respondió: “del amor”, y me sonrió. De modo que mi respeto hacia Steve, como científico, como ciudadano y como educador, es enorme.
”Ann_Druyan”

Ann Druyan


Sin embargo, estoy en completo desacuerdo con la noción de los dos magisterios, y creo que Carl también lo estaría. Porque hace surgir algunas preguntas: ¿Está bien estudiar científicamente las religiones aztecas o babilónicas? ¿Existen únicamente dos magisterios cuando sucede que la religión en cuestión tiene un montón de devotos vivos? ¿Por qué debería cambiar mágicamente en el caso de que toda la gente que suscribe a esa religión no exista más? Ese es el problema con esta idea de “los dos magisterios”.

Si miramos hacia atrás en la historia de la ciencia, hasta Copérnico, no había necesidad de los dos magisterios. Quizás Giordano Bruno sea la excepción que confirma la regla. Pero prácticamente todos los científicos tenían una profunda fe religiosa, en el sentido convencional. Y si se observa a las más grandes figuras de la historia de la ciencia, todos ellos tenían una religión ya fuera como trabajo o como actividad subsidiaria, tal como Copérnico.

Incluso mucho después, el joven Darwin iba a ser un religioso anglicano. Si se mira a Isaac Newton, era un religioso apasionado, tal como Kepler. Deseaban utilizar la ciencia para leer la mente de dios. Usaban a la ciencia porque era el medio más poderoso a su disposición para continuar esa búsqueda sagrada.

Únicamente fue necesario construir un muro alrededor de la religión después de la moderna revolución científica, cuando apareció este conflicto obvio entre la visión tradicional de la creación y una Biblia que habla sobre “el” mundo, aparentemente ignorando el hecho de que la Vía Láctea contiene cuatrocientos mil millones de Soles, cada uno de ellos con su séquito de planetas y lunas. Hablar de “el” mundo suena como si se estuviera atado a la Tierra, y muy confinados al conocimiento del universo que se tenía hace miles de años.

Es únicamente cuando la versión religiosa de la realidad natural se hace insostenible, cuando la gente religiosa dice: “No miren a la religión desde una perspectiva científica”. Y sin embargo, es casi como si se prefiriera una ficción consensuada a la comprensión más profunda de la que somos capaces. Si realmente se tuviera tal sensación de sobrecogimiento, y humildad, y admiración y maravilla sobre la grandeza de la naturaleza y del cosmos, entonces se desearía conocerlo tan íntimamente como se pudiera. No es como si hubiera una voz interior que nos estuviera diciendo: “Aparten sus ojos. Es posible que se demuestre que nuestros conceptos originales están equivocados”.

Creo que esa es la tragedia que Carl y yo observamos hace 15 o 20 años. Cuando la ciencia comenzó a entregar estas revelaciones sobre la verdadera grandeza del cosmos, que es mucho más grandioso de lo que nadie imaginara, las autoridades religiosas no dijeron: “¡Esto es extraordinario! ¿No hay un único mundo? ¿Nos están diciendo que hay miles y miles de millones de mundos? ¡Vaya, es fantástico!”. No. En cambio dijeron: “Queremos que todo siga siendo local. Queremos seguir manteniendo esta concepción local, porque deseamos que las cosas sigan siendo pequeñas”.

Creo que hay un único magisterio, y que esa es la grandeza de la naturaleza. Y si no comenzamos a sentir profundamente estas revelaciones de la ciencia, de la misma forma en que sentimos profundamente las diversas ideologías religiosas, entonces tendremos grandes problemas.

Boyle: ¿Qué clase de problemas?

Druyan: Un ejemplo, por supuesto, es que la ciencia hizo posible que enviáramos emisarios robóticos para alcanzar la órbita de Neptuno y desde allí mirar hacia atrás, hacia la Tierra, y verla como ese diminuto “punto azul pálido”, tal como dijo Carl, en lugar de verla como el centro del universo. Ahora bien, cuando se observa esa Tierra de un píxel, la primera cosa en la que se piensa es en la unidad de todos sobre ella, y en la tragedia de los ríos de sangre que derramamos a causa de esas divisiones imaginarias entre nosotros y nuestros hermanos y hermanas. Es una vana ilusión.

Tenemos que llevar ese pálido punto azul hasta nuestros corazones y comprender que el número de los peces en el océano, y que el aire y el agua dulce y todas las cosas hermosas de este mundo están en peligro, y que todo depende de nosotros. Nadie nos salvará excepto nosotros mismos. Depende de nosotros despertar de nuestro estupor y entrar en acción. Esta es una revelación de la ciencia, y es algo que debemos comprender con nuestros corazones. No saberlo simplemente en forma intelectual: “Oh, la Tierra es realmente diminuta”, sino saberlo visceralmente, y mantenerlo, como dice la Biblia, “como frontales entre tus ojos” ( N.T.: Deuteronomio, 6:6-8).

Boyle: ¿Frontales?

Druyan: Frontales, sea lo que sean. “Y hablarás de estas cosas andando por el camino, y al despertarte”. Hay tantas cosas hermosas en nuestras religiones tradicionales que necesitamos recordar, pero desafortunadamente estamos viviendo en un momento en que la violencia desatada y la brutalidad están siendo perpetradas en el nombre de algunas de las cosas de la Biblia que realmente no han podido superar la prueba del tiempo.

Boyle: Resulta interesante el que Carl estuviera bastante familiarizado con las tradiciones religiosas, y que realmente sintiera, como creo que siente usted., que algunas de esas formas de pensar sobre nuestro mundo se mantengan, pero que deban ser re-interpretadas bajo una nueva luz. Como usted dice, quizás a veces nuestro mundo sea demasiado pequeño.

Druyan: Nuestra visión de dios es demasiado pequeña. Lo vemos como una fuerza punitiva. El creador de todas las galaxias y de todas las partes del universo que todavía no hemos sido capaces de comprender… la idea de que dios está preocupado por lo que comemos en ciertos días, y con quien dormimos… tenemos que dejar de lado todo eso. La evidencia sobre esas cosas no existe.

Boyle: Estoy intentando digerir todo esto, y tiene que ver con la variedad de concepciones de dios, el “viejo” que Einstein tenía en mente, quizás la suma de todas las leyes de la naturaleza, o un arquitecto impersonal del universo, la visión deísta, o un dios que es imanente…

Druyan: Un dios interventor…

Boyle: Exactamente, la visión deísta. ¿Dónde encajarían las ideas de Carl en ese espectro? En algún sentido, él era agnóstico, y en otro sentido ateo, y en otro deísta…

Druyan: Bien, sí, era una persona complicada, capaz del más profundo sentido del sentimiento y de la comprensión espiritual. Pero había en él una clase de devoción. Sentía que dios era tan importante, que la idea de dios era tan infinitamente fascinante… era un tema favorito de conversación entre nosotros. Hablábamos sobre ello continuamente. Era tan importante, que debía ser verdad.
”Carl_Sagan_y_Ann_Druyan”

Carl Sagan y Ann Druyan


En otras palabras, no podría uno satisfacerse con un dios que sería apenas un Valium para los miedos, porque sería algo deshonorable. El dios que solamente hace que se tenga menos miedo de la oscuridad es apenas una simple muleta.

De modo que la idea es utilizar todo lo que tenga en la búsqueda de dios. Pero hay que ser muy cuidadosos de no mentirnos a nosotros mismos, porque eso sería únicamente un narcisismo espiritual. El decía: “Seamos tan rigurosos, y tan cuidadosos, y tengamos una visión tan clara de que lo que encontremos será realmente precioso, porque será el resultado de nuestra búsqueda más escéptica y rigurosa”.

Para él, la aceptación del dios de Espinosa, del dios de Einstein, la suma total de las leyes físicas del universo… ¿quién podría estar en contra de eso? Porque la naturaleza sí tiene leyes físicas que son cognoscibles. Pero el dios interventor que desea castigar, que desea torturar, que desea arrojar su venganza sobre los seres humanos que él es supuestamente responsable de crear… este concepto era, para Carl, sencillamente insostenible. Y eso está relacionado de una forma muy interesante con la noción de los extraterrestres.

Boyle: Esa era la siguiente pregunta que tenía en mente, porque el libro dedica mucha atención a la inteligencia extraterrestre, la idea de la vida en otras partes del universo.

Druyan: Porque Carl pensaba que era parte de la misma cuestión. Aunque estaba interesado en la búsqueda de esa forma, y era una pasión de toda la vida para él, en su crédito hay que decir que no se permitía aceptar simplemente la respuesta que quería. Tenía que ser verdad. Así que, para mi tristeza, murió sin siquiera sentir que había descubierto una evidencia creíble de la vida extraterrestre. Sabía que la cuestión estaba abierta, pero era muy firme y circunspecto en no permitirse creer algo que él deseaba creer.

Boyle: ¿Hay alguna sensación de que descubrir vida en otras partes resultaría en algo así como una “verdad básica” sobre la forma en que funciona el universo? Algunas personas podrían argüir que se puede empezar a triangular, para conseguir más de una perspectiva sobre estas cuestiones cósmicas. Quizás esa fuera la razón por la cual la inteligencia extraterrestre era algo tan importante para Carl.

Druyan: Sí, porque vivimos rodeados por el misterio. Sabemos tan poco. Somos tan ignorantes. Únicamente hemos estado realizando una inspección sistemática de la naturaleza por apenas 400 años. De modo que, por supuesto, conocemos muy poco. Y eso nos lleva otra vez a la cuestión de dios.

Si la mayor parte del universo es completamente desconocida para nosotros, entonces ¿cómo podemos presumir de saber cómo surgió la naturaleza, y si hay o no alguna clase de inteligencia guiando la creación? No vemos ninguna evidencia de ello. Y nuestro deseo de creer es muy parecido a una proyección transparente del hecho de que somos mamíferos, y de que tenemos una niñez prolongada, y de cómo humanos somos muy dependientes de nuestros padres. Resulta difícil que ese modelo parental de existencia no se proyecte sobre todas las otras cosas. Pero, ¿quién sabe?

Ya que buena parte de la poca ciencia que conocemos ha resultado ser contra-intiuitiva, es una locura que presumamos, y mucho menos que asesinemos a otra persona, porque creamos que conocemos la respuesta.

domingo, noviembre 05, 2006

Religión vs. ciencia: El juicio de Galileo


”Galileo_Galilei”
Corría el año 1633. Galileo había dado la orden de imprimir su “Diálogo sobre los dos grandes sistemas del mundo, el ptolemaico y el copernicano”, sin la autorización de la iglesia, tal como ésta lo había dispuesto en 1620, con un decreto que lo autorizaba a enseñar el heliocentrismo siempre y cuando lo considerara una mera hipótesis.

Fue entonces sometido nuevamente a juicio (como en 1615), y al final del mismo, en diciembre de 1633, es condenado a prisión (domiciliaria, dada su edad y precaria salud) en la cual permaneció hasta su muerte, en 1642. Sin embargo, bajo la amenaza de tormento y de castigos peores, antes se le obligó a redactar un documento en el cual se retractaba de sus ideas.

En 1992, una comisión investigadora nombrada trece años antes por el Papa Juan Pablo II reconoce públicamente el error cometido por el tribunal eclesiástico.

Pero hasta ahora, la iglesia católica guarda silencio sobre el crimen cometido el 17 de febrero de 1600, cuando en Campo dei Fiori, en Roma, y por orden del Santo Oficio, Giordano Bruno fue quemado en la hoguera por decir que el Sol era una estrella, y que las estrellas eran soles.



Retractación de Galileo Galilei


Yo, Galileo, hijo del difunto Vincenzo Galilei, florentino, de setenta años de edad, compareciendo personalmente como acusado ante este tribunal y arrodillado ante vosotros, eminentísimos y reverendísimos señores Cardenales Inquisidores Generales contra la depravación herética a lo largo y a lo ancho de toda la comunidad cristiana, teniendo ante mis ojos y tocando con mis manos los Santos Evangelios, juro que he creído siempre, y que creo ahora, y que, con la ayuda de Dios, creeré en el futuro, todo lo que sostiene, predica y enseña la santa Iglesia Católica Apostólica Romana.

Pero en vista de que, después de habérseme intimado judicialmente por este Santo Oficio el mandato de que yo debía abandonar por completo la falsa opinión de que el Sol es el centro del mundo y está inmóvil y de que la Tierra no es el centro del mundo y se mueve, y de que yo no debía sostener, defender o enseñar de ninguna manera, verbalmente o por escrito, dicha falsa doctrina, y que después de habérseme notificado que dicha doctrina era contraria a las Sagradas Escrituras, escribí e imprimí un libro en el cual discuto esta nueva doctrina ya condenada, y presento argumentos grandemente convincentes en su favor, sin presentar ninguna solución de ellos, he sido declarado por el Santo Oficio como vehementemente sospechoso de herejía, es decir, por haber sostenido y creído que el Sol era el centro del mundo e inmóvil, y que la Tierra no era el centro y que se movía.

Por lo tanto, deseando quitar de las mentes de sus Eminencias y de todos los fieles cristianos la vehemente sospecha justamente concebida contra mí, con sincero corazón y no fingida fe, yo abjuro, maldigo y detesto los antedichos errores y herejías y, en general, todo otro error, herejía y secta que sea en absoluto contraria a la Santa Iglesia, y juro que en el futuro nunca más diré o afirmaré, verbalmente o por escrito, nada que pudiera dar ocasión a una sospecha similar con respecto a mí.

Pero, si llegara a conocer a cualquier hereje o persona sospechosa de herejía, lo denunciaré ante este Santo Oficio o ante el Inquisidor y Ordinario del lugar donde yo pudiera estar. Más aún, juro y prometo cumplir y observar en toda su integridad todas las penitencias que me han sido o que me serán impuestas por este Santo Oficio.

Y, en el caso de que contraviniera (¡que Dios no lo permita!) cualquiera de estas mis promesas y juramentos, me someto a todas las penas y penitencias impuestas y promulgadas en los cánones sagrados y en otras constituciones, generales y en particular contra tales delincuentes. Que así me ayuden Dios y estos Santos Evangelios que toco con mis manos.

Yo, el antedicho Galileo Galilei, he abjurado, jurado, prometido y obligado a mí mismo según dicho anteriormente, y en testimonio de su veracidad he suscrito con mis propias manos el presente documento de mi abjuración y lo he recitado palabra por palabra, en Roma, en el convento de Minerva, este día 22 de junio de 1633.
”firma_autografa_de_Galileo”

Notas:
1) La imagen de Galileo corresponde a un retrato de cuando el científico tenía unos 60 años de edad (hacia la época del juicio), realizado por un artista de ese tiempo, Ottavio Leoni.
2) La firma autógrafa de Galileo la obtuve de un documento publicado por el Vaticano en su sitio web "Documenti della storia", en la página de los "Atti del processo contro Galileo Galilei".

sábado, setiembre 16, 2006

La muerte de Oriana, el Islam, y otras cosillas


Ha muerto Oriana Fallaci. Genial, controvertida, con tantas cualidades buenas y malas como cualquiera de nosotros. Pero nadie podrá negarle el valor que tuvo para volver de su agonía de moribunda para revivir con toda energía sus pocos últimos años, embarcada en la lucha contra el terrorismo islámico.

Y como para recordárnosla, el monarca vaticano ha incurridoen lo que aparentemente sería otro desborde verbal (al menos así lo han considerado muchos comentaristas de las noticias) para volverse el centro de la furia de los musulmanes. ¿Por qué? Pues, en este caso, y mal que le pese a esos pusilámines y/o cultores de lo "políticamente corresto, todo fue por osar decir que la religión no debe imponerse por la espada.

¡Que ironía! Benedicto XVI ha sido figura principal (el Prefecto, nada menos) de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el antiguo Tribunal de la Santa Inquisición. Si bien la infranqueable barrera del tiempo le ha impedido actuar directamente en las torturas y las hogueras, las ha defendido y compartido en espíritu, ese espíritu que quiso imponer el catolicismo a sangre y fuego sin respetar a nadie. Y es él quien ahora hace tal declaración.

Y lo más aterrador es que tiene razón. La religión, y mucho más la combinación religión-estado, es la enemiga de todas las libertades y de todos los humanismos. Así lo demuestra la historia de los antiguos sacerdores egipcios, de la iglesia católica, de la iglesia protestante, y de los actuales estados islamitas.

Esto de ofenderse por decir la verdad (que los extremistas musulmanes pretenden aplastar a todos los que no compartan y/o no acepten sus doctrinas religiosas) sería casi cómico, si no fuera tan trágico.

Los islamitas y sus estados religiosos representan el mayor peligro que tiene la humanidad librepensadora. Son los enemigos declarados de la civilización occidental y de todo lo bueno que esta representa, de sus siglos de lucha contra la opresión y el oscurantismo. ¡Y todavía tienen el descaro de molestarse cuando alguien lo dice en voz alta!

En sus deseos de defender el respeto a los derechos de las minorías o de las diferencias sociales, raciales, o de creencias religiosas, sexuales y/ filosóficas, Occidente ha cometido un error gravísimo. Para evitar la discriminación étnica o sexual, ha puesto en el mismo plano a la religión. Y eso está mal. Como dijo Rowan Atkinson, el inefable Mr Bean:

No se debe confundir raza y religión. Uno no puede elegir su raza, pero sí puede elegir su religión. Si eliges tu religión, o aceptas la que has heredado, tienes que aceptar responsabilidades por ello y por las acciones y actividades que se perpetran en nombre de esa religión. Me preocupa que la gente pretenda que la religión ha de recibir garantía de inmunidad, que no pueda ser criticada ni ridiculizada. Es absurdo criticar a alguien por su raza, pero la religión es un conjunto de ideas, y es importante que todas las ideas puedan ser sometidas a analisis.

Occidente, el mundo librepensador, debe comprender el peligro que significa el islamismo ortodoxo y los estados religiosos islamitas.

Oriana lo vio claramente, y luchó contra él, con toda la fuerza de su mente privilegiada y de su cuerpo enfermo. Fue criticada, sometida a jucio, pero solamente la muerte pudo silenciarla.

Es deber y necesidad de Occidente recordarla, mantener con vida su espíritu, y sostener sus libertades y sus derechos contra viento y marea, aún contra sus propias leyes.

Occidente no puede callarse, no puede ignorar la amenaza del terrorismo islámico.

No debemos callarnos. No podemos callarnos.