lunes, mayo 18, 2009

Cambio climático: las temperaturas bajan y aumenta el CO2

A pesar de las predicciones de Al Gore y del IPCC, algo mucho más poderoso que el dióxido de carbono está manejando el clima de nuestro planeta.

Variaciones de temperatura y CO2

En el siempre recomendable blog de Antón Uriarte, aparece esta gráfica de la variación de temperatura global en la atmósfera inferior (o tropósfera, que se extiende desde los 0 a 3 000 metros de altitud) confeccionada con registros satelitales y calculada por Roy Spencer y John Christy de la universidad de Alabama, a partir de datos suministrados por la mismísima NASA. Christy posee un doctorado en ciencias atmosféricas y fue ponente del informe del año 2001 del IPCC (el panel internacional sobre cambio climático de la ONU).

temperatura_global_1979-abril2009

Evolución de la temperatura de la tropósfera, según mediciones satelitales, durante el período enero 1979/abril 2009. En la gráfica se destacan, para no incurrir en error, los efectos temporales de la erupción del Pinatubo (enfriamiento) y de “El Niño” (calentamiento).

©Roy Spencer

Según nos dice Uriarte, coincide bastante bien con mediciones obtenidas en la superficie, y demuestra que la temperatura media global en el mes de abril de 2009 superó apenas en 9 centésimas de grado la media de referencia con respecto al período 1979-1998.

Además, indica que en los últimos años no solamente se ha detenido el calentamiento global sino que incluso se ha producido un leve descenso, pese al continuado aumento de los índices de dióxido de carbono en la atmósfera.

En su sitio web (quienes deseen leerlo, en inglés, lo pueden encontrar aquí), Spencer nos dice que desde 1979, los satélites de la NOAA (Administración Nacional Oceanográfica y Atmosférica de los EE.UU.) portan instrumentos que miden las emisiones termales naturales de microondas del oxígeno atmosférico. Estas señales son directamente proporcionales a las temperaturas de las diferentes capas profundas de la atmósfera.

Los datos, publicados mensualmente por Spencer, representan la conjunción de los datos de temperatura proporcionados a lo largo de los años por un total de once instrumentos a bordo de once satélites diferentes. En la gráfica se superponen los registros reales como una línea dentada con otra línea más continua. Los registros reales muestran esa apariencia debido a los cambios estacionales que se producen cada año, y la línea continua nos muestra el promedio anual de esos cambios, lo que resulta ser un indicador más claro y estrictamente correcto.

Desde 2008, el instrumento más estable para este monitoreo es la Unidad Avanzada de Medición de Microondas (AMSU-A), que se encuentra a bordo del satélite Aqua.

Por otro lado, la NOAA también registra las cantidades atmosféricas de CO2 (dióxido de carbono, o para los más viejos, anhídrido carbónico). En la gráfica siguiente, podemos observar el aumento de este gas en la atmósfera, medido en ppm (partes por millón):

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Variación de la concentración del dióxido de carbono en la atmósfera.

© Dr. Pieter Tans/NOAA

En realidad, esta paradoja (al menos para los sostenedores del calentamiento global antropogénico) no debería sorprendernos, ya que los registros históricos demuestran que, de hecho, no es el CO2 quien domina a la temperatura, sino todo lo contrario. De hecho, y para ser meticulosamente justos, sí la afecta, en una medida menor pero que evita que las temperaturas de nuestro planeta sean tan bajas como lo serían en su ausencia, tarea en la que es ayudado por todos los otros gases de invernadero, especialmente el vapor de agua.

Los núcleos de hielo del lago Vostok

En su ya famosa película “Una verdad inconveniente”, el ex-vicepresidente de los EE.UU., Al Gore, menciona como prueba de sus ideas a los núcleos de hielo procedentes del lago antártico de Vostok, que conserva su carácter prístino por encontrarse en las profundidades del helado continente austral, cubierto desde hace muchos miles de años por centenares de metros de hielo.

El estudio de estos núcleos de hielo permite conocer las condiciones atmosféricas del último medio millón de años, y nos indica una significativa correlación entre las variaciones de temperatura y las concentraciones de CO2 en la atmósfera.

Sin embargo, Al Gore incurrió en falsedad al afirmar que esa correlación probaba la incidencia del dióxido de carbono en la temperatura global, ya que en realidad, como lo prueba la gráfica que vemos más abajo, era el CO2 el que respondía a los cambios de temperatura, con un retardo de ochocientos años.

registros_del_hielo_del_lago_Vostok

Registros de hielo del lago Vostok.

© www.brihgton73.freeserve.co.uk

Es necesario hacer notar que, pese a que los resultados que se muestran aquí son aceptados por todos los científicos del mundo, y aún cuando el IPCC lo retiró calladamente de entre sus “pruebas”, hasta ahora el mismo Al Gore no se ha disculpado por esta falsedad y otras varias que aparecen en su film.

Pero a pesar del amplio conocimiento y aceptación de los datos del lago Vostok, aún queda algo que podemos deducir de ellos. Frank Lansner, biotecnólogo e ingeniero civil, realizó para el blog wattsupwiththat un estudio con resultados más que interesantes.

En su análisis, Lansner confecciona una gráfica basada en datos reales de todos los mayores picos de temperatura del registro Vostok. De esa manera, reduce el “ruido aleatorio” de los datos y se logra una señal clara de la relación CO2/temperatura.

picos_de_temperatura_del_hielo_del_lago_Vostok

Compilación gráfica de todos los mayores picos de temperatura mostrados en los registros de hielo del lago Vostok. Se nota claramente que pese a que el CO2 se mantiene en niveles relativamente altos, eso no parece afectar notablemente a la caída de la temperatura.

© Frank Lansner

Según Lansner, el verdadero problema para los que sostienen la preponderancia de los efectos del CO2 es que durante toda la caída de la temperatura, los niveles de este gas apenas caen ligeramente. De hecho, el CO2 se mantiene en el área de máximo efectos de calentamiento. Por lo tanto, observamos que las temperaturas descienden hasta sus niveles más bajos mientras que las concentraciones de CO2 se encuentran en niveles que se supondría deberían estar proporcionando un poderoso impulso al aumento de la temperatura.

Debemos recordar que para Gore y el IPCC el CO2 es el principal impulsor del calentamiento y que si bien incluso pequeños aumentos en la concentración del gas deberían forzar eficientemente ese calentamiento, con niveles de 250 a 280 ppm ya debería estar entrando en el área de máximo efecto de forzamiento climático.

Como forma de soslayar las implicaciones de los datos anteriores, surgió la propuesta de que hay una especie de “cambio de fase” en el cual, cuando las concentraciones de dióxido de carbono lleguen a cierto nivel, el forzamiento se multiplicará e iniciará una especie de “efecto invernadero disparado” sin retorno, ignorando precisamente la evidencia en contrario de que cualquier efecto que el CO2 pueda causar, se detiene en cierto nivel y de ahí en más no importa lo que aumente, cesará de producir un forzamiento climático superior.

Es así que ante esta información, muchos pregunten: ¿Cómo pueden estar seguros? ¿Ha habido alguna vez niveles de concentración mayores a las 350 ppm? ¿Podemos estudiar los efectos que esos niveles produjeron?

Observemos, entonces, lo que nos dice la historia geológica del planeta.

Temperatura y CO2 en el pasado de la Tierra

La vida de los seres humanos es corta, y también lo es su memoria, por lo que hay que recordar que tanto el clima como la composición atmosférica de nuestro mundo han variado grandemente a lo largo del tiempo geológico. Nuestro planeta ha sido mucho más frío, más seco, más cálido y más húmedo de lo que es en la actualidad. El período con condiciones más parecidas a las de la actualidad se remonta a mediados del Carbonífero, cuando el dióxido de carbono había descendido desde las 1 500 ppm a unas 350 ppm y la temperatura también había descendido desde los 20ºC a unos 12ºC.

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Niveles de temperatura global y concentración de dióxido de carbono a través de las eras geológicas.

© Scotese/Ruddiman/Pagani/Nasif Nahle

En nuestros días la atmósfera terrestre contiene unas 380 ppm de CO2, y si comparamos esto con épocas antiguas veremos que, sorprendentemente, tanto la atmósfera de fines del Carbonífero como la actual, son sumamente pobres en dióxido de carbono. De hecho, en los últimos 600 millones de años únicamente estos dos períodos han mostrado niveles inferiores a las 400 ppm.

Por ejemplo, durante el período Jurásico, las concentraciones promedio de CO2 fueron de unas 1 800 ppm, o sea 4,7 superiores a las actuales. El máximo alcanzado en toda la era Paleozoica ocurrió durante el Cámbrico, en el cual treparon hasta las 7 000 ppm, unas 18 veces más que en la actualidad, mientras que en el Pérmico descendieron hasta las 210 ppm.

Se ha observado que las concentraciones de CO2 aumentan varios siglos después de las glaciaciones, y esto puede deberse al hecho de que muchas plantas, organismos que capturan dióxido de carbono de la atmósfera, perecen a causa del frío.

También se ha visto que el anhídrido carbónico atmosférico aumenta durante los períodos de calentamiento, mientras que nunca se ha observado lo contrario. Probablemente, esto se deba a que los océanos absorben más calor y liberan más CO2 hacia la atmósfera.

Por ejemplo, casi seguramente buena parte del aumento del dióxido de carbono actual haya sido causado (más allá del relativamente bajo porcentaje que pueda deberse a la actividad humana), por el fenómeno de la oscilación del Atlántico austral de El Niño. (para más información sobre esta última parte del artículo sugiero leer, entre otros muchos sitios existentes en la web, la siguiente página: Geologic Global Climate Changes.)

Finalmente, quisiera recordar a los lectores que el CO2 no es un gas contaminante. Por el contrario, su presencia ofrece condiciones óptimas para la vida vegetal, lo que a su vez mejora las condiciones de vida de los animales, incluyendo a la de los seres humanos.

El verdadero problema que acucia a la humanidad es la súper población. Nuestro planeta debe ser protegido de la contaminación industrial y del abuso de sus recursos naturales, para poder dejar a nuestros descendientes un mundo mejor y más hospitalario. Sin embargo, y aunque actualmente sea políticamente incorrecto hablar del control de la natalidad, no será posible conseguir lo primero sin lo segundo.

NOTA: En este blog podrán también encontrar un par de artículos relacionados con este mismo tema y que quizás resulten de su interés:
- ”El mundo se está enfriando”
- ”Cambio climático: la poderosa influencia del sol”

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Árbol_de_la_vida

La Tierra en el período Carbonífero.

© paleobiology.si.edu

3 comentarios:

B. Miosi dijo...

Hola Heber, ya desde hace tiempo soy de la idea de que el alto índice de natalidad en la Tierra debería programarse. No es para nada alarmante darlo a conocer. Estamos acabando con el planeeta y de la única forma que lo podremos salvar es si cada día naciera menos gente. Llegará un momento en que no habrá tierra donde cultivar alimentos.

Interesantísimo tu artículo.

Un gran abrazo,
Blanca

Pat mac Dougall dijo...

Muy interesante Preem aunque apenas comprensible para la mayoría, aunque esto poco importe al fin y al cabo la masa se mueve de acuerdo a la publicidad, y la onda verde actual no creo que sea perjudicial. En cambio el control de la natalidad si es controversial, para la iglesia, siempre en medio retrasando la evolución mental. De todas formas el Primer mundo ya se estará encargando de esterilizarnos!!
Saludos y gracias por el informe.
Pat Solaria

Anónimo dijo...

Perfecto amigo.

Te recomiendo que oigas el programa que realizo el programa El Sótano Sellado sobre este complejo tema.

Suerte.

WWW.ELSOTANOSELLADO.COM