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miércoles, junio 06, 2012

El suicidio verde de Europa

Las energías renovables son ineficientes, caras, y llevarán a la destrucción del bienestar de los pueblos europeos.

El siguiente es un artículo escrito por Rael Jean Isacc, publicado inicialmente en The Wall Street Journal y reproducido luego por The Global Warming Policy Foundation. Su importancia y claridad me llevan a traducirlo para compartirlo con todos los lectores de habla hispana. Espero hacer justicia al original.

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molino_eólico_incendiado
Mientras que la austeridad castiga los estándares de vida europeos provocando revueltas en las encuestas, el “crecimiento” se ha convertido en el mantra de los políticos. Pero para ser competitivos, los países de Europa requieren un suministro de energía seguro, abundante y con precios que también sean competitivos.

A menos que Europa revise radicalmente su obsesión con las emisiones de dióxido de carbono y sus políticas anti-combustibles fósiles que surgen de ella, es muy probable que el crecimiento continúe siendo esquivo.

sábado, abril 17, 2010

Cambio climático: la amenaza ecologista

Preocupados por su caída en las encuestas de opinión, los calentólogos redoblan la apuesta.

En 1999 Patrick Moore, co-fundador y ex-presidente (1977-1986) de Greenpeace, declaró en una entrevista realizada por la revista New Scientist:

"El movimiento ambientalista abandonó la ciencia y la lógica en algún lugar a mediados de los '80, justo cuando la sociedad en general estaba adoptando todos los puntos más razonables de la agenda ambientalista.
Esto fue así porque muchos ambientalistas no podían realizar la transición de la confrontación al consenso, y no podían escapar de la política de adversarios. Esto se aplica particularmente a los activistas políticos que estaban utilizando la retórica ambientalista para esconder agendas que tenían que ver más con la lucha de clases y el anti-corporativismo que sobre la ciencia real del medioambiente.
Para mantenerse en un papel confrontativo, estas gentes tuvieron que adoptar posiciones aún más extremistas porque todas las razonables estaban siendo aceptadas".

Desde mediados de la década de 1980, prácticamente todos los movimientos e instituciones ecologistas fueron siendo infiltrados y dominados por grupos político-filosóficos contrarios a las ideas democráticas y al sistema económico del mundo occidental que se trasladaron a ellos luego del fracaso y caída del “socialismo real”.

Durante años, estas organizaciones ecologistas han ido creciendo en importancia, en activismo, en poder y en riqueza. Manejan miles de millones de dólares en donaciones y en prebendas oficiales. Lo han logrado principalmente invocando fines idealistas, desinterés y solidaridad con los más desfavorecidos, sin vacilar jamás en la exageración de peligros posibles, e incluso sin dudar en la creación de males completamente imaginarios basados en amenazas inexistentes, para así poder alcanzar los objetivos de su agenda política.

Ejemplo claro ha sido la utilización del así llamado “calentamiento global antropogénico”, es decir, de la variabilidad natural del clima de nuestro planeta pero relacionándola con la actividad humana industrial. De ese modo, sus ideólogos han podido reponerse de la pérdida de su utopía socialista y revolverse nuevamente contra sus viejos contrincantes filosóficos: la sociedad occidental y el sistema de valores democráticos que la sustentan.

Para ello han contado hasta ahora con la complacencia de algunos, la complicidad de otros, y principalmente, con la buena fe de una mayoría que ha creído en sus engaños y en su alarmismo catastrófico y que ha sido tocada en sus sentimientos más profundos con un sentimiento de culpa por las desgracias de los menos favorecidos.

En su tarea han sido ayudados por un pequeño grupo de científicos que han faltado a la ética del método científico, por el apoyo de gobiernos occidentales que han aprovechado la situación para atemorizar y aumentar la presión impositiva de sus pueblos y de gobiernos totalitarios o cuasi-dictatoriales que han visto la oportunidad de aprovecharse de la credulidad del mundo occidental, así como por individuos y compañías que se están enriqueciendo con subsidios y apoyos económicos estatales. En ese conjunto de asociados no puede olvidarse, además, el juego que han seguido los principales medios de información del mundo, que han utilizado sus noticias y posiciones alarmistas para llevar dinero a sus arcas, y por periodistas que han logrado desarrollar verdaderas carreras especializadas en todo este tinglado propagandístico.

Lamentablemente para sus intereses, en noviembre de 2009 surgió el escándalo del “”climategate””, es decir, la publicación de un conjunto de archivos que contenían e-mails y códigos de programación pertenecientes al CRU (Climate Research Unit – Unidad de Investigación del Clima) de la universidad de East Anglia, uno de los principales organismos a nivel mundial para el registro y seguimiento de las temperaturas globales.

Esta información puso al descubierto lo que desde hacía tiempo sospechaba y acusaba un pequeño grupo de escépticos que contra viento y marea se enfrentaban a esta conjunción global de intereses seudo-ambientalistas. Los e-mails y los códigos de programa demostraban los engaños, las presiones y la tergiversación de datos, así como el esfuerzo para ocultar e incluso destruir la información original con la cual habían creado sus propios registros oficiales “transformados” que habían luego mostrado al público para “demostrar” la causa humana del calentamiento global que se había producido en el último tercio del siglo XX.

El hasta entonces director del CRU, Phil Jones, fue separado del cargo y sometido a una investigación muy “light” por parte de la universidad de East Anglia y por políticos del parlamento británico, que sin dejar nada en claro lo eximió de culpas penales, aunque no pudo evitar el reconocimiento de sus faltas a la ética científica.

Luego, en cascada, han venido desenmascarándose los engaños perpetrados por los dirigentes del IPCC, el organismo mundial dependiente de la ONU encargado del estudio del cambio climático. A pesar de los exabruptos de su presidente, Rajendra Pachauri, se vio obligada a reconocer que, por ejemplo, sus profecías sobre el deshielo de los glaciares del Himalaya para el año de 2035 eran totalmente falsas, aunque todavía queda por aclarar el pequeño detalle de los más de tres millones y medio de dólares recibidos por una organización también presidida por Pachauri para el “estudio” de este falso deshielo y sus aún más falsas consecuencias. Uno de los científicos del mismo IPCC reconoció que estos informes falsos habían sido emitidos para presionar a los líderes políticos a los efectos de que adoptaran las medidas exigidas por los ambientalistas.

El propio Phil Jones, en declaraciones periodísticas, reconoció también que desde 1998 las temperaturas habían dejado de aumentar pese al crecimiento de los niveles de dióxido de carbono, un gas necesario para la vida e injustamente acusado de ser culpable de un “desastre climático” que existe únicamente en los programas de computadora digitados por la comunidad ecologista (de hecho, la década 2001-2010 fue la más nivosa que se haya registrado). Reconoció además que ese calentamiento de fines del siglo XX era similar a varios otros ocurridos anteriormente por razones naturales y cíclicas, algo totalmente normal y que ha venido ocurriendo una y otra vez desde la formación de nuestro planeta hace unos 4 500 millones de años.

La desesperación que todo esto ha causado en las filas ambientalistas es notoria, y ha llevado a la proliferación de augurios cada vez más catastróficos y descabellados que, sin embargo, no han podido evitar su creciente caída de credibilidad, según muestran las encuestas de países como Alemania, Inglaterra, Francia, Australia, e incluso de los EE. UU.

Y por si esto fuera poco, han decidido pasar a una acción incluso más directa. Por supuesto, no los frena ningún escrúpulo ni ningún respeto hacia los derechos de los demás. Es notorio en ese sentido su desprecio por los valores democráticos, tal como lo expresara el propio James Lovelock, creador de la “hipótesis Gaia” y uno de los máximos gurúes del ecologismo, en una entrevista realizada por el periódico The Guardian del Reino Unido el día 29 de marzo de 2010:

"Necesitamos un mundo más autoritario”…
…”Tengo un sentimiento de que el cambio climático puede ser un asunto tan severo como una guerra. Puede que sea necesario dejar de lado a la democracia por algún tiempo”

Pero esto tampoco pareció suficiente y pocos días después, el 2 de abril de 2010, el blog de Greenpeace publicó un artículo en dos partes lleno de amenazas personales y físicas contra los que opinaran en contra de sus preceptos dogmáticos. Con palabras dignas de cualquier grupúsculo terrorista, el autor decía, entre otras barbaridades:

"Debemos quebrantar la ley para hacer las leyes que necesitamos; leyes que se suponen deben proteger a la sociedad y proteger a nuestro futuro”…
…”Necesitamos un ejército de forajidos climáticos”…
…”Sabemos quienes son ustedes. Sabemos donde viven. Sabemos donde trabajan. Y nosotros somos muchos, pero ustedes son pocos”.

Es claramente una imposición por el terror, pretendiendo dominar con la amenaza física no solamente a quienes disienten con ellos, sino incluso contra sus familiares y sus compañeros de trabajo. No en vano imitan a los fanáticos religiosos cuando llaman “negacionistas” a quienes cometen el “pecado” de opinar en forma diferente.

Es que en verdad el desprecio que estas personas sienten hacia los demás no conoce límites. El 6 de abril de 2010, en un foro ecologista (el TreeHuggers Forum) se comentaba la noticia de 115 mineros chinos atrapados en una mina de carbón y que corrían peligro de muerte. Uno de los foristas, al parecer integrante del blog “Green Earth Friend” (Amigo de la Tierra Verde) contestó así:

"Odio ser tan duro, … pero realmente no me importan los mineros. Si trabajan para la industria petrolera/del carbón, están trabajando para destruir el medioambiente y se merecen cualquier karma que les caiga. Lo lamento”.

Los medios de presión no se limitan a las amenazas físicas, sino también a las económicas y sobre naciones enteras. Varias organizaciones ecologistas, por ejemplo, intentaron frenar un préstamo del Banco Mundial para construir una planta de generación eléctrica en Sud África porque funcionaría con carbón, tal como nos cuenta esta noticia. El hecho de que esta planta permitiría el acceso a la energía eléctrica a millones de personas que ahora carecen de ella y que con ello mejorarían notablemente su calidad de vida, no movió ni un cabello de su cabeza ambientalista.

Ahora intentan acallar a todos quienes opinen en contrario utilizando las armas de las dictaduras más atroces que ha conocido la humanidad. Sabiendo que su causa está perdida cuando se enfrenta a la razón, pretende lograr que cualquier forma de disenso sea considerada delito, un “ecocidio” como lo llaman, comparable a cualquier otro crimen punible en el derecho internacional, tal como lo pide Polly Higgins, una abogada y activista británica. Hay que hacer notar, sin embargo, que no es la primera en pedir un castigo capital para los que se nieguen a aceptar sus dogmas.

Fue el húngaro Paul Hollander quien dijo acertadamente que "Los humanos motivados por nobles ideales son capaces de infligir un terrible sufrimiento con una conciencia limpia". Tal es lo que acontece con los fanáticos de esta nueva cuasi-religión.

Nuestro deber, sin embargo, es enfrentarlos y desenmascararlos, sin violencias, sin rencor, pero también sin desmayo, en aras del verdadero humanismo. Porque como siempre, y como también dijera sabiamente don José Gervasio Artigas, “la cuestión es entre la libertad y el despotismo”.

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Como dice Doug L. Hoffman:
“Cuídense, disfruten el interglacial y manténganse escépticos”.
”edad_de_hielo”

martes, marzo 09, 2010

Cambio climático: el efecto real del dióxido de carbono

David Archibald nos explica claramente la relación entre el CO2 y la temperatura de la Tierra.

Los gases de invernadero mantienen a la Tierra 30ºC más caliente de lo que estaría sin ellos en la atmósfera, de modo que en lugar de que la temperatura superficial media fuera de -15ºC (es decir, quince grados centígrados bajo cero), en realidad es de 15ºC.

El dióxido de carbono contribuye con un 10% del efecto total, es decir, 3ºC. El nivel pre-industrial del dióxido de carbono era de 280 ppm (partes por millón). De modo que si el efecto de calentamiento fuera una relación lineal, cada 100 ppm contribuirían aproximadamente con 1ºC. Con la concentración atmosférica aumentando unas 2 ppm por año, se elevaría unas 100 ppm cada 50 años y todos quedaríamos fritos, según las predicciones del IPCC (siglas en inglés del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático).

Pero la relación no es lineal, sino logarítmica. En 2006 Willis Eschenbach publicó esta gráfica en Climate Audit:

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Y esta gráfica, también suya, muestra la contribución del dióxido de carbono a la totalidad del efecto invernadero:

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Reformulo la primera gráfica de Willis como una carta de barras, para que el concepto resulte más fácil de entender para el lector común:

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Observen cuidadosamente: las primeras 20 ppm son responsables de más de la mitad del efecto de calentamiento para el nivel pre-industrial de 280 ppm, época en la cual es condenado como gas de invernadero. Algo a tener en cuenta es que la concentración atmosférica de CO2 descendió hasta las 180 ppm durante los períodos glaciales de la Edad de Hielo en la cual se encuentra actualmente la Tierra (el Holoceno es un interglacial de esa Edad de Hielo que comenzó hace tres millones de años). El crecimiento de las plantas se detiene en el nivel de las 150 ppm, de modo que nuestro planeta estuvo a apenas 30 ppm del desastre. La vida terrestre estuvo a punto de ser eliminada por una carencia de CO2 en la atmósfera. Si las plantas estuvieran haciendo ciencia climática en lugar de nosotros los humanos, tendrían una opinión diferente sobre lo que es un nivel peligroso de dióxido de carbono.

Algunos de los modelos climáticos del IPCC predicen que la temperatura aumentará hasta 6ºC como consecuencia de duplicar el nivel pre-industrial de 280 ppm. De modo que agreguemos eso a la gráfica anterior y veamos qué es lo que aparece.

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En sus modelos, el IPCC indica que la retroalimentación positiva del vapor de agua comienza a partir del nivel pre-industrial. De alguna forma, el dióxido de carbono por debajo del nivel pre-industrial no genera esta retroalimentación positiva del vapor de agua. Si esta retroalimentación positiva del vapor de agua tuviera una relación lineal con el dióxido de carbono, veríamos ahora un calentamiento de más de 2ºC. Nos dicen que la Tierra se calentó unos 0,7ºC a lo largo del siglo XX. Donde yo vivo (Perth, en el oeste de Australia) echamos en falta un montón de ese calentamiento.

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Nada había sucedido hasta el Gran Cambio del Clima del Pacífico en 1976, que nos dio un calentamiento de 0,4ºC, y la temperatura se ha mantenido planchada durante las últimas cuatro décadas.

Veamos como luce el modelo de calentamiento del IPCC cuando se lo plotea como una gráfica de barras acumulativas:

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El efecto natural de calentamiento del dióxido de carbono se muestra en las barras azules, y el efecto antropogénico proyectado por el IPCC se puede ver en las barras rojas. Cada incremento de 20 ppm sobre las 280 ppm proporciona alrededor de 0,03ºC de calentamiento natural y 0,43ºC de calentamiento antropogénico. Esto significa un efecto multiplicador de más de trece veces. Ese es el gran salto de fe que se requiere para creer en el calentamiento global.

Todo el sistema de creencias en el calentamiento global antropogénico se basa en una retroalimentación positiva del vapor de agua que comienza a partir del nivel pre-industrial de las 280 ppm y no antes. Parafraseando a George Orwell, las moléculas del dióxido de carbono antropogénico son más iguales que las que ocurren naturalmente. Mucho, mucho más iguales.

David Archibald

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Como dice Doug L. Hoffman:
“Cuídense, disfruten el interglacial y manténganse escépticos”.
”edad_de_hielo”

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Artículo original: “The Logarithmic Effect of Carbon Dioxide”
Autor: David Archibald
Fecha: marzo 08, 2010
Enlace con el artículo original:
aquí
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viernes, diciembre 11, 2009

Cambio climático: España en el Medioevo

Calores eran los de antes

Al contrario de lo que afirman el IPCC (Intergovemmental Panel on Climate Change = Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático) y los sostenedores del calentamiento global antropogénico (es decir, el causado por la actividad humana y su producción de dióxido de carbono), algunos períodos tanto históricos como incluso más antiguos fueron más cálidos que nuestra época actual.

Esos períodos cálidos ocurrieron mucho antes de que comenzara la era industrial, y con niveles más bajos de dióxido de carbono (o CO2, como lo llaman los científicos), y además no causaron ninguno de esos efectos catastróficos que predicen los agoreros.

En el tiempo, los períodos cálidos más cercanos ocurrieron durante el Imperio Romano y durante la Edad Media. Como sucede normalmente, si bien el efecto fue global, tuvo pequeñas diferencias en las regiones del planeta, según su ubicación geográfica.

La página CO2Science.org nos recuerda sobre un trabajo realizado por los científicos A. Martínez Cortizas, X. Pontevedra Pombal, E. García Rodeja, J. C. Novoa Muñoz y W. Shotyk: “Mercury in a Spanish peat bog: archive of climate change and atmospheric metal deposition”, publicado en Science 284: 939-942.

Los investigadores derivaron un registro de depósitos de mercurio en la ciénaga de Penido Vello, en el noroeste de España, donde analizaron un número de parámetros.

Basados en esos hallazgos y en análisis posteriores, derivaron una historia de temperaturas de la región que luego estandarizaron para la temperatura media de los últimos 30 años de su registro.

La gráfica siguiente, obtenida en c3headlines.com, muestra los últimos 4 000 años de temperaturas en España. Nótese que el tiempo corre de derecha a izquierda, con el período actual en el extremo izquierdo de la gráfica.

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La temperatura en España durante los últimos 4 000 años.

© Martínez Cortizas et al./c3headlines.com

Los científicos determinaron que la temperatura media en el noroeste español durante el Período Cálido Medieval fue 1,5ºC superior a la de los 30 años anteriores a su estudio, y que la temperatura media del Período Cálido Romano fue 2ºC superior.

Lo más notable de su hallazgo fue que hubo varios intervalos en la escala de decenios durante el Período Cálido Romano la temperatura fue 2,5ºC mayor que la del período 1968-1998, mientras que hubo un intervalo de más de 80 años durante el Período Cálido Medieval en que la temperatura fue más de 3ºC más cálida.

En sus conclusiones, Martínez Cortizas et al. dicen que “durante los últimos 4 000 años… el Período Cálido Romano y el Período Cálido Medieval fueron los períodos cálidos más importantes”.

Por supuesto, esto choca de frente con la hipótesis de los proponentes del calentamiento global antropogénico, y contradice aún más (si fuera necesario) el infame “palo de hockey” de Michael Mann. Ni desastres, ni inundaciones, ni calentamiento súbito, ni “efecto invernadero disparado”, ni gases de invernadero provocados por el hombre. Todo fue natural… como lo ha sido durante toda la historia de la Tierra.

Y el mundo se enfrió, y volvió a calentarse, y se enfrió otra vez, y…

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Como dice Doug L. Hoffman:
“Cuídense, disfruten el interglacial y manténganse escépticos”.

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lunes, diciembre 07, 2009

Cambio climático: datos del observatorio Armagh

Temperatura del aire: unas lecturas no tan sorprendentes.

Quiero hacer notar a mis amables lectores que comprendo perfectamente que los datos de una única fuente local no puede extrapolarse a todo el mundo. Sin embargo, sí tienen importancia como referencia, tanto por la extensión del período considerado como por el mantenimiento de las condiciones en que esos datos fueron obtenidos. La información sobre las lecturas de Armagh fue extraída de un artículo de JunkScience.com: Global Warming at a glance.

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El observatorio de Armagh, en Irlanda.
 © Armagh Observ.

El observatorio de Armagh (lat.54º21,2’N, long.6º38,9’W) está situado aproximadamente a un kilómetro al noreste del centro de la antigua ciudad de Armagh (cliqueando sobre la imagen superior, podrán acceder a una panorámica interactiva del enclave y de la campiña irlandesa que lo rodea).

Se encuentra ubicado a unos 64 metros sobre el nivel del mar, en la cima de una pequeña colina y en un terreno de bosques y parques naturales de aproximadamente 7 ha. Al norte y al este está limitado por praderas, y del sudeste al suroeste por campos de juego escolares y un parque urbano conocido como “The Mall”. Así, el observatorio se encuentra rodeado por un campo muy similar al que ha existido desde su fundación, en 1790.

Junto al hecho de que la población de Armagh, cuando se la compara con otras ciudades irlandesas y de Reino Unido, ha crecido relativamente poco desde fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX (habitantes: 1816=7 000; 1911=7 600; 1991=14 265), su medioambiente rural ha asegurado que el observatorio sufriera pocos o ningunos efectos microclimáticas urbanos. Además, con un sitio relativamente expuesto, en un clima marítimo suavemente ventoso, cualquier efecto climático urbano que pudiera existir se vería minimizado.

La gráfica siguiente muestra las lecturas máximas, medias y mínimas estacionales y anuales, según fueron ploteadas conjuntamente por JunkScience.com. Esta gráfica fue modificada ligeramente por C 3 Headlines.com para aclarar algunos detalles, aunque sin afectar los datos originales. En el artículo de referencia se podrá encontrar más información, así como datos de precipitaciones y accesos a los registros originales. El período comprendido cubre 160 años, desde 1844 hasta 2004.

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Temperatura del aire de 1844 a 2004, según registros del Observatorio Armagh.
© JunkScience.com/C3 Headlines.com.

Veamos lo que nos indica esta figura. La tendencia de las temperaturas máximas (azul sobre rojo) indica un aumento muy pequeño. La tendencia de las temperaturas mínimas (rojo sobre azul) muestra una tasa de aumento mayor. Conclusión: los aumentos de la temperatura nocturna y de la temperatura invernal explican el calentamiento general. Armagh casi no se ha hecho más cálido, pero sí se ha hecho menos frío. La línea verde sirve de comparación con la temperatura actual.

Según estos registros, las temperaturas medias muestran en general una tendencia ascendiente de 0,036º C por década.

Existe también un registro más largo, todavía no ploteado, que se extiende desde 1796. Un rasgo importante de la serie más larga es que las temperaturas anteriores a 1825 son, en promedio, 0,75º C más frías que las de Inglaterra central, aunque desde 1840 la diferencia es promedialmente mucho menor, de alrededor de -0,23º C. El efecto final que la tendencia de la serie es de +0,057º C por década.

Como siempre, JunkScience recuerda que las tendencias son muy dependientes de la selección de origen y que las anomalías listadas dependen del período de referencia, por lo cual siempre se debe chequear la compatibilidad de los datos antes de hacer una comparación.

De todos modos, y reseñadas todas las prevenciones correspondientes, creo que lo que muestran estos datos prístinos e ininterrumpidos de un período de 160 años es una idea general de lo realmente acontecido y medido cuidadosamente en un punto dado. El calentamiento general es el que se observa por la recuperación desde la Pequeña Edad de Hielo, y está claramente dentro de los parámetros que se podían esperar desde el fin de la última glaciación.

De hecho, los registros muestran también que la temperatura actual (línea verde de la gráfica) se encuentra incluso por debajo de algunos de los máximos recogidos en Armagh. Para los más olvidadizos, recordaré que a pesar lo que continuamente siguen machacando los medios y los proponentes del calentamiento global antropogénico, 1998 no fue el año más cálido del siglo XX ni de lo que va del XXI, sino que esa distinción corresponde al año 1934, como se vio obligada a reconocer (muy discretamente) la NASA.

Por supuesto, también hay que recordar que las observaciones datan desde antes de que comenzara la industrialización, y desde mucho antes de que se comenzaran a elevar notoriamente los niveles atmosféricos de dióxido de carbono (el tan vilipendiado como necesario CO2).

Para completar la idea, pienso que resultará interesante ver otra gráfica que muestra la evolución de las temperaturas desde el fin de la glaciación de Würm, la última que ha afligido a nuestro planeta. Si bien seguramente formará parte de algún artículo futuro que espero confeccionar, su inclusión permitirá a mis amables lectores una visión más amplia y clara de la realidad del calentamiento global y de la nula, o casi nula, incidencia que los humanos podemos tener cuando nos enfrentamos a los poderes de la naturaleza.

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La temperatura global desde la última glaciación.
© Global Research.com/C3 Headlines

Como corolario, les diré que JunkScience nos indica que también se han registrado variaciones muy significativas en las observaciones de más de 200 años en el régimen de tormentas de Armagh, pese a la naturaleza interior y resguardad del lugar. Esto incluye evidencia de aumento de tormentas hacia fines de la Pequeña Edad de Hielo.

Sin embargo, no hay evidencia de aumento de tormentas a lo largo de los últimos 30 años. Cuando se examinan registros similares en otras estaciones irlandesas, se encuentra alguna evidencia de un posible movimiento hacia el norte de las sendas de tormenta que han afectado a la isla de Irlanda durante los últimos tres decenios.

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Como dice Doug L. Hoffman: “Cuídense, disfruten el interglacial y manténganse escépticos”.

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viernes, diciembre 04, 2009

Cambio climático: gráficas y escalas

No basta con ver, sino que también hay que saber ver.

Este más que interesante artículo de JunkScience nos ayuda a tener una perspectiva más clara de las formas en que se puede influir en nuestra percepción de las cosas, aún diciéndonos toda la verdad. Mantengámonos con la mente alerta y seamos siempre desconfiados. Es la mejor forma de prevenir los engaños.

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Muchos han preguntado porqué las gráficas de JunkScience lucen muy diferentes a las que se ven en los medios o a las publicadas por el IPCC (Intergovernamental Panel on Climate Change = Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático) y por ACIA (Arctic Climate Impact Assessment = Evaluación del Impacto Climático Ártico). Además de las diferencias obvias que surgen por la utilización o no de software gráfico flash, imágenes bonitas o artificios 3D, hay una única variante significativa: la escala. Probablemente podríamos extendernos en largas explicaciones, pero probablemente una simple demostración resultará más sencilla y mucho más efectiva.

Las gráficas que siguen fueron generadas, todas ellas, con datos idénticos:

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Temp.Global 1856-2005: Escala 1© JunkScience.com

 Temp._Global_1856-2005_escala_2

Temp.Global 1856-2005: Escala 2© JunkScience.com

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Temp.Global 1856-2005: Escala 3© JunkScience.com

Aquí las tienen, cada gráfica producida a partir de los mejores datos disponibles (los mismos datos) pero que son todas ellas visualmente distintas.

La primera, aunque carece de la amplitud necesaria como para un examen detallado fácil, es quizás la visualmente más acertada pero la menos útil. Claramente, la temperatura global ha seguido una tendencia general de calentamiento, aunque la serie y este calentamiento son muy pequeñas comparadas con, digamos, la variación estacional.

De la misma forma, los dos órdenes de magnificación de magnitud del dióxido de carbono (al escalar las partes por millón en un rango de 10K) ha logrado que nuestro gas traza sea visible al mismo tiempo que mantenemos la perspectiva (el doble de una minúscula parte de la atmósfera sigue siendo una fracción muy pequeña de la atmósfera).

Nuestra gráfica siguiente es una especie de mezcla, restringiendo un poco la variación de temperatura cuando se la compara con la mayoría de las publicaciones, pero haciéndola lo suficientemente grande como para observar rápidamente la variación. La representación de un aumento rápido del dióxido de carbono se logra al escalarlo contra una pequeña porción del rango válido. ACIA, en esta gráfica, se las ingenia para mostrar virtualmente un cambio perpendicular lo que da la impresión de ser un 500% mayor sobre los niveles de fondo y que encaja perfectamente con una representación de la infame gráfica del “palo de hockey”, cuando en realidad el cambio total del dióxido de carbono atmosférico está por debajo del 35%. Está bien, esa es la impresión que quieren causar, suponemos, aunque pensamos que es una muestra de pésimo trabajo gráfico.

Finalmente, nuestro tercer diagrama muestra una variación de temperatura sin restricciones, utilizando el máximo espacio de ploteo a los efectos de presentar fácilmente los cambios de temperatura (si bien altamente magnificados) y con una también grandemente aumentada pero proporcionalmente correcta representación del gas traza (316-377 ppmv de CO2 anual – Keeling y Whorf, mayo 2005, valores faltantes omitidos). Es nuestra gráfica preferida y del estilo de las que presentamos. Ciertamente, amplifica mucho el cambio aparente de temperatura y, si esto preocupa a los lectores, simplemente visualicen al mundo como relativamente plano a 14ºC ± 0,7ºC y estarán jugando el partido dentro del campo.

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Creo que, como regla general, lo inmediato y lo cercano nos complica y nos hace perder la perspectiva del mundo que nos rodea. El árbol y el bosque son reales, y ambos deben ser considerados. Pero, como dice el viejo aformismo: no dejes que el árbol te impida ver el bosque.

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Como dice Doug L. Hoffman:
“Cuídense, disfruten el interglacial y manténganse escépticos”.

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Artículo original: “Global Warming at a glance”
Fecha: , 2009
Enlace con el artículo original:
aquí
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lunes, noviembre 23, 2009

Cambio climático: repasando gráficas

Una mirada sobre varias gráficas de variabilidad climática a lo largo del tiempo.

Siempre he compartido, junto a mucha otra gente, la idea de que una buena imagen vale por mil palabras, y lo mismo puede decirse de una buena gráfica. Si está bien hecha, con datos correctos, y se la sabe interpretar, puede resultar muy clara e informativa, más que un montón de texto a veces farragoso y no muy bien redactado.

Sin embargo, no es común encontrarlas juntas sobre un mismo tema, o mostrando una progresión temporal, por ejemplo. En una cuestión tan compleja y discutida como el calentamiento global antropogénico, es posible que una pequeña colección de ellas nos ayude a lograr una visión más diáfana del problema.

La primera es la muy conocida de Scotese, que nos muestra las variaciones de las temperaturas y concentraciones de dióxido de carbono (CO2) ocurridas durante los últimos 800 millones de años. Como se puede observar, hay combinaciones para todos los gustos: altos niveles de temperatura y de CO2 al mismo tiempo, o viceversa, o totalmente diferentes. Y de paso, nótese que las concentraciones actuales de dióxido de carbono se encuentran entre las más bajas en toda la historia de nuestro planeta.

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Fig. 1: La temperatura y el CO2 durante los últimos 800 millones de años.

© Scotese/Geocraft

La siguiente, como no podía ser menos, corresponde a los registros del Lago Vostok, y cubre los últimos 450 000 años. Sobre ella, dos apuntes interesantes: a) Fue utilizado por Al Gore en su film propagandístico (cuyas mentiras y algunas otras han convertido al inefable exvicepresidente en eco-multimillonario ) “Una verdad inconveniente”, para demostrar que el dióxido de carbono era el causante de las variaciones de temperatura. Por supuesto, la verdad es precisamente la opuesta, ya que como lo muestra la misma gráfica, las variaciones en el CO2 se corresponden con un retraso de unos 800 años a las variaciones en temperatura. ¿Cómo es posible que el efecto preceda a la causa en ocho siglos? Es uno de los milagros del IPCC y de sus seguidores, algo demasiado profundo para nosotros los escépticos. Este diagrama (que tiene muchas otras fuentes oficiales) fue tomado de un artículo publicado en Rocket Scientist Journal, titulado “The Aquittal of Carbon Dioxide” (La absolución del dióxido de carbono), por Jeffrey A. Glassman, PhD.

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Fig. 2: La temperatura y el CO2 durante los últimos 450 000 años (Lago Vostok).

© www.rocketscientistjournal.com

Hace 12 000 años terminó la última glaciación, la de Würm, y comenzó el interglacial en el cual vivimos actualmente… para nuestra suerte. Como sucedió en todas las otras oportunidades, el mundo se enfrió sin que tuviéramos nada que ver, y sin nuestra intervención comenzó a calentarse nuevamente. Por supuesto, las temperaturas siguieron teniendo altibajos, e incluso algunas veces (cuatro, al menos), alcanzaron niveles incluso más altos que los actuales. Sin tecnología, sin emisiones antropogénicas. Y lo que resulta más importante y beneficioso, sin Al Gore y compañía. La gráfica fue publicada en un artículo publicado por World Climate Report.

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Temperatura durante los últimos 12 000, desde el fin de la última glaciación.

© World Climate Report

El problema con los interglaciales es que duran poco tiempo, y quizás deberíamos dedicarnos a disfrutar el calorcito, como dicen en el excelentísimo blog deWatts up with that?. La siguiente imagen está tomada de allí, y nos muestra con más detalle lo sucedido con la temperatura durante los últimos 5 000 años. Las barras verdes indican los períodos cálidos del Minoico, del Romano y de la Edad Media, todos ellos con niveles más altos que los actuales, así como el tremendo frío de la Pequeña Edad de Hielo, que costó la vida de tanta gente (porque el frío es mucho más de temer que el calor).

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La temperature global durante los últimos 5 000 años.

© wattsupwtihthat.com

Continuamos aproximándonos a la época actual, y por lo tanto los datos resultan más visibles, con más detalle temporal. En su página web, Roy Spencer (que continúa realizando un trabajo tan arduo como importante sobre el cambio climático) nos ofrece la siguiente gráfica donde nos muestra la temperatura global de los últimos 2 000 años. Se destaca claramente el Período Cálido Medieval, cuando los vikingos se establecen en una Groenlandia que realmente era verde, ya que las temperaturas de entonces eran incluso más altas que las actuales. Luego, las mismas descenderán y harán las cosas más difíciles para todos, hasta alcanzar el mínimo de la Pequeña Edad de Hielo (el que estuvo astronómicamente acompañado por una casi desaparición de las manchas solares, el así llamado Mínimo de Maunder.

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La temperatura global durante los últimos 2 000 años.

© Roy Spencer

Dicho sea de paso, y como no basta con decir que el CO2 no es un gas contaminante sino profundamente necesario para la vida tal como la conocdemos, y que su influencia en la temperatura no es ni mucho menos totalizadora, y que su capacidad de acción no sigue funcionando más allá de ciertos niveles, sin importar cuanto aumente a partir de ellos, y que el hombre no tiene, por supuesto, casi ninguna influencia en la temperatura global del planeta, también hay que proponer alguna causa posible para los cambios climáticos que han sucedido y que seguirán sucediendo en la historia de la Tierra.

La propuesta es, lógicamente, el Sol. Al fin y al cabo, es la fuente de prácticamente toda la energía que llega a nuestro mundo. Es el que nos mantiene lo suficientemente calientes como para poder vivir, ya que sin su influencia estaríamos tan fríos como el espacio que nos rodea. Es el Sol el que regula la temperatura global de nuestro planeta.

En YouTube podemos contemplar un vídeo documental de la BBC sobre la relación entre la temperatura global y la actividad solar, y como siempre en la barra lateral se pueden encontrar más enlaces a vídeos similares.

Pero aquí estoy intentando ser gráfico, de modo que a continuación les mostraré un diagrama que compara las temperaturas árticas con la actividad solar y, cómo no, con el CO2. Tanto el vídeo anterior como la gráfica siguiente provienen de un artículo publicado en el muy interesante blog español de Javima, El Gran Fraude del Cambio Climático, que dicho sea de paso demuestra que la búsqueda de la verdad climática no es una prerrogativa de las derechas, sino que también los izquierdistas tienen derecho a ser escépticos.

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Temperatura en el ártico, CO2 y actividad solar.

©

Juzguen ustedes entonces, viendo lo anterior, qué se parece más a las variaciones de la temperatura: ¿el CO2 que ha seguido aumentando, o los sube-y-baja de la actividad solar?

En fin, y con esto estamos llegando al momento actual, a los últimos datos disponibles en el momento de escribir este artículo.

Como ustedes saben (o, al menos, debería saber), el famoso gurú Al Gore, autor del muy conocido filme propagandístico “Una verdad inconveniente” es un mentiroso de tomo y lomo (comprobado en los estrados judiciales) que se ha convertido en multimillonario gracias sus negocios “ecologistas” que han trasladado montañas de dólares provenientes de impuestos a sus arcas personales, lo que incluso está afectando a las economías más desarrolladas del mundo.

Quizás debiéramos hacer notar que los países más contaminantes del mundo, como China e India, que son también los de más rápido desarrollo industrial, no han hecho caso de todas esas tonterías del calentamiento global antropogénico y no están dispuestos a perder un solo dólar ni un solo escalón de su crecimiento económico. Solamente quedan para pagar los platos rotos la crédula Europa y los algo menos tontos EE.UU. (a pesar de todos los intentos de Obama y sus amigos).

La gráfica siguiente proviene de una publicada por el ya mencionado Roy Spencer, a la que en el sitio web de Al Gore Lied (Al Gore mintió) le añadieron una pequeña leyenda y una línea aclaratoria, mostrando que la temperatura, contrariamente a todo lo que dicen los principales medios de comunicación, ha continuado descendiendo promedialmente desde la aparición del famoso “documental”.

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La temperatura global ha continuado descendiendo desde que Al Gore mintió a todo el mundo en su documental propagandístico “Una verdad inconveniente”.

©

Y esta es la verdad más actualizada. Los niveles de CO2 siguen aumentando, tanto por las emisiones humanas pero además, y principalmente, por causas naturales (entre ellas, por ejemplo, el calentamiento de los océanos que se ha venido produciendo desde la última glaciación sin que el hombre haya intervenido para nada en ello, y que al aumentar su temperatura liberan gases hacia la atmósfera). Pero, y lo más importante, contrariamente a lo que pronostican los modelos del IPCC y los alarmistas del calentamiento global antropogénico, este aumento no ha provocado ningún ascenso en los termómetros, sino que las temperaturas globales han descendido desde el último máximo provocado por el efecto de El Niño en 1998.

La siguiente gráfica, confeccionada en base a datos recabados por la Universidad de Alabama y por la NOAA en su observatorio del Mauna Loa, así de demuestra claramente.

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Descenso de la temperatura global y aumento del CO” a lo largo del período 2002-2009.

©

¿Qué queda para el futuro? Pues, como siempre, todo dependerá del Sol. Nuestra estrella madre es más variable de lo que pensábamos, y los últimos datos indican una preocupante falta de actividad en su producción de manchas solares, algo que ya hemos visto que sucedió en otros dos períodos cercanos en el tiempo, durante los mínimos de Maunder y de Dalton, que trajeron aparejados fuertes descensos de temperatura, especialmente el primero.

Por las dudas, vean nuevamente el vídeo de YouTube que les indiqué anteriormente y sigan el consejo de Doug L. Hoffman que nos acompaña más abajo.

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Como dice Doug L. Hoffman:
“Cuídense, disfruten el interglacial y manténganse escépticos”.

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martes, noviembre 10, 2009

Cambio climático: estudios científicos publicados

Son muchas las publicaciones científicas que contradicen la teoría del calentamiento global antropogénico.

Varias veces he escuchado o leído el comentario de que no existen artículos científicos que contradigan la teoría del calentamiento global antropogénico (también conocido por sus siglas en inglés como ACW = Anthropogenic Climate Warming) que hayan sido publicados por una revista u organismo de credibilidad reconocida y sometidos a “peer-review” (es decir, revisiones realizadas por científicos que definieran la validez científica de los datos y métodos utilizados por el autor o autores de un artículo científico, o “paper”, que es la forma más común entre los estudiosos de denominar a estas publicaciones).

Pues sin embargo, sí hay un gran número de artículos y libros que disienten con dicha teoría, libros y artículos que cumplen con todas las normas que exige la comunidad científica.

En 2008, Peter Risdon publicó en “Enviroment & Climate News” una lista muy amplia (en tres partes) con estudios sometidos a peer-review que enfrentan en varios puntos científicos a la hipótesis del calentamiento global antropogénico, y que resulta demoledora para ese tipo de acusaciones contra la posición contraria a los informes del IPCC.

Las tres secciones de esa lista pueden leerse (en inglés) aquí, aquí, y aquí.

Por otro lado, este mismo año 2009, Popular Technology.net publicó otra lista contando 462 artículos sometidos a peer-review que apoyan el escepticismo sobre el calentamiento global, con varios de ellos que se encuentran en la lista anterior, pero con otros que no lo están. Esa lista, también en inglés, puede leerse en esta dirección.

Como dice Doug L. Hoffman: “Cuídense, disfruten el interglacial y manténganse escépticos.

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”edad_de_hielo”

lunes, setiembre 14, 2009

CO2 y metano: distribución global

Resultados preliminares de un estudio satelital sobre la concentración atmosférica de gases de invernadero.

El proyecto GOSAT (Greenhouse gases Observing Satellite = satélite de observación de gases de invernadero) es un esfuerzo conjunto de la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA), del Instituto Nacional de Estudios Medioambientales (NIES) y del Ministerio de Medioambiente (MOE), e inició actividades en abril de 2004.

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Satélite GOSAT

© GOSAT

< p align="justify">El satélite GOSAT (IBUKI, en japonés) fue lanzado el 23 de enero de 2009, y el 28 de agosto de 2009 emitió un informe preliminar de sus observaciones. Si bien los datos iniciales de los instrumentos del satélite se encuentran todavía en la fase de calibración y validación, se llevó a cabo un análisis inicial de las concentraciones de dióxido de carbono y de metano para los escenarios terrestres en cielo claro.

Los datos corresponden a observaciones realizadas entre el 20 y 28 de abril de 2009, y los mapas publicados son los siguientes:

Distribución global de metano:
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Mapa GOSAT de la concentración atmosférica del metano en la atmósfera de la Tierra en abril de 2009.

© GOSAT

Según informan los científicos de GOSAT, las concentraciones fueron de 0,03 a 0,1 ppm más altas para el hemisferio norte, en términos de promedio de banda de latitud, que para el hemisferio sur, lo que casi concuerda con las diferencias norte-sur basadas en los modelos de transporte atmosférico.
Los valores para el hemisferio sur fueron en promedio 0,1 ppm más bajos de en los modelos, mientras que para el hemisferio norte fueron de 0,04 a 0,13 más altos.

Distribución global de dióxido de carbono:

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Mapa GOSAT de la concentración atmosférica de dióxido de carbono en la atmósfera de la Tierra en abril de 2009.

© GOSAT

En el análisis se muestra un gradiente hemisférico, con valores mayores para el hemisferio norte que son consistentes con otras mediciones, si bien los valores son en general menores que los predichos por los modelos.

Para el hemisferio norte, los resultados son en general unos 10 ppm mayores que para el hemisferio sur. Según los modelos, la diferencia debería estar entre los 2 y los 4 ppm.

Para el hemisferio norte, los valores promedio fueron unos 17 ppm menores a los predichos por los modelos, mientras que para el hemisferio norte son entre 7 y 12 ppm más bajos.

Los investigadores advierten que la calibración de los datos, el procesamiento de ajuste de parámetros y la validación del producto que se requieren para la discusión cuantitativa de los resultados del análisis se llevarán a cabo en el futuro.

Esperemos que sean realizados a la brevedad.

Algunas conclusiones

Nótese que las mayores concentraciones de metano se encuentran en China, Oriente medio, Europa central, sur de Francia e Inglaterra. y África.

En el caso del dióxido de carbono, las mayores concentraciones se encuentran en China, India, Europa central, Inglaterra, Oriente medio y África.

Para ambos gases, los “puntos calientes” de concentración son bastante coincidentes.

Por otro lado, las exigencias para la disminución de emisión de “gases de invernadero” (sin importar lo valederas que pudieran ser las razones invocadas) parecerían ser más políticas y filosóficas que basadas en datos científicos reales, máxime teniendo en cuenta las complicaciones económicas que ellas generan.

En el caso específico de España, la intención de embarcarse en este tipo de políticas económico-ambientales no acarrearía aparentemente ningún beneficio, sino que por el contrario significaría inversiones muy onerosas y pérdidas de competitividad que no se verían justificadas en ningún escenario razonable.

Otro aspecto que podría resultar significativo es la diferencia que se observa entre los hemisferios norte y sur tanto en las anomalías de la temperatura como en los niveles de dióxido de carbono. En efecto, si bien la temperatura global ha permanecido estable o incluso ha experimentado algún descenso y en cambio los niveles globales de dióxido de carbono no han dejando de aumentar, en el hemisferio sur tanto la estabilidad como el descenso de temperatura han sido más pronunciados y podríamos estar viendo que algo similar podría estarse produciendo con los niveles de CO2.

Será necesario esperar nuevos y más prolongados estudios para comprobar si, en realidad, ambos fenómenos se siguen produciendo y si hay alguna relación real entre ellos.

viernes, setiembre 11, 2009

Cambio climático: Una mirada global

Los 4 500 millones de años de vida de la Tierra son también una historia continua de cambio climático.

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Dos de los términos trivializados por los alarmistas del calentamiento global son “sin precedentes” e “irreversible”. Resulta inquietante que científicos, que deberían tener las cosas más claras, persistan en utilizar esos términos incluso cuando la historia de nuestro planeta muestra claramente que ninguno de ellos se corresponde con la realidad. La prueba de su inexactitud aparece obvia si examinamos retrospectivamente la historia de la Tierra, en particular al eón Fanerozoico, para lograr una imagen total del cambio climático histórico.

Según Meg Urry, quien dirige el departamento de física de la universidad de Yale, “los científicos observan la naturaleza, y luego desarrollan teorías que describen sus observaciones. La ciencia es impulsada por la propia naturaleza, y ella no nos da la posibilidad de elección. Es como es”. Si bien algunas de las fechas presentadas aquí pueden modificarse y los científicos continúan discutiendo algunos de los detalles finos, esto es lo que la ciencia cree que conoce sobre la vida, el universo y todo lo que hay.

Hace alrededor de 13 700 millones de años, nació el universo. No mucho después, se formó la Vía Láctea. Nacieron estrellas, transmutaron elementos en el fuego nuclear y finalizaron sus vidas en explosiones supernova. Este ciclo se repitió muchas veces para muchas estrellas diferentes.

Luego, hace 4 600 millones de años, nuestro Sol nació a partir de las cenizas de estrellas muertas más viejas. Junto al Sol, también se formó una gran progenie de planetas, incluyendo al que llamamos Tierra. Un millón de años después del nacimiento de nuestro sol, la violenta explosión de una supernova cercana estuvo cerca de aniquilar la vida sobre la Tierra, casi antes de que comenzara. Durante los siguientes cuatro mil quinientos millones de años, las fuerzas de la naturaleza dieron forma a nuestro planeta y a la vida que albergaba.

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Sacudida por supernovas, superviviendo apenas al nacimiento traumático de la Luna, bombardeada por asteroides, la resistente Tierra perduró. Y a pesar de las congelantes edades de hielo, las devastadoras extinciones en masa y el siempre cambiante clima, la vida no solamente resistió, sino que medró. Incluso cuando los meteoros continuaron lloviendo sobre el joven planeta, hay evidencia de que hace tanto como 4 200 millones de años el agua, el pre-requisito para la vida tal como la conocemos, estaba presente.

La evidencia indica también que la vida ha existido sobre nuestro planeta por cerca de cuatro mil millones de años, aunque durante la mayor parte de ese tiempo fue una simple vida unicelular. En los comienzos, la atmósfera de la Tierra era una mezcla tóxica de metano, dióxido de carbono y amoníaco; el oxígeno estaba casi totalmente ausente en la atmósfera de la Tierra primigenia. Para los humanos y para la mayor parte de la flora y fauna que nos son familiares, esta atmósfera habría resultado venenosa.

Los impactos de asteroides, las tremendas erupciones volcánicas y las cambiantes placas tectónicas dieron como resultado cambios drásticos en el clima y en la aparición de nuevas formas de vida. En algún momento los microorganismos simples, que eran los únicos habitantes de la antigua Tierra, desarrollaron la fotosíntesis que logró una ganancia neta de oxígeno, primero en el océano y luego en la atmósfera. Más tarde, hace 2 300 millones de años, ocurrió el primer desastre ecológico del mundo cuando el oxígeno libre estableció su presencia permanente en la atmósfera. Conocido como “Gran Oxidación” o “Catástrofe del Oxígeno”, casi todos los organismos vivientes de la Tierra murieron como consecuencia de este cambio climático masivo provocado por las bacterias.

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Los científicos conocen todo esto por los minerales presentes en el registro de las rocas. Hace entre 2 500 a 2 300 millones de años atrás, durante el eón Proterozoico temprano, se pueden encontrar extensos depósitos de pirita (sulfato de hierro) y uranita (óxido de uranio) en sedimentos de ríos. Para formarse, estos minerales requieren bajos niveles de oxígeno. Desde hace 2 300 millones de años en adelante se puede encontrar óxido de hierro, una indicación de la presencia de oxígeno libre. Aún así, los niveles de oxígeno eran apenas una fracción de los actuales, y la intensa radiación solar caía sobre el planeta. Al final, el oxígeno resolvería el problema de la radiación en cuanto se crearon en la estratósfera las moléculas de ozono (O3), formando una capa protectora.

Este primer ejemplo de la vida cambiando el medioambiente de la Tierra, algunas veces en detrimento de formas de vida más viejas, resultó ser algo bueno para nuestra especie, ya que sin el cambio de la composición atmosférica, nunca habríamos llegado a existir. Según expresó Thorne Lay, profesor de Ciencias de la Tierra en la universidad de California, Santa Cruz: “La vida misma modificó el sistema terrestre. A medida que cambió el sistema, se hicieron viables más formas de vida. Finalmente, florecieron los diversos organismos multicelulares. Pero no antes de ser golpeados en el rostro por varias bolas de nieve”. ¡Y qué bolas de nieve resultaron ser!

Hace ochocientos millones de años, durante la era Neoproterozoica, la Tierra sufrió una monstruosa edad de hielo. Hay evidencia de hielo glacial en latitudes tropicales, a apenas 15º a 30º al norte del ecuador. En nuestro mundo, esto significaría glaciares tan al sur como en Miami, Florida. La Tierra debió lucir como un planeta diferente, casi sin océanos abiertos y con unas pocas áreas de roca expuesta. Solamente hielo y nieve, un mundo de casi un blanco puro.

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Representación artística de una Tierra Bola de Nieve en la época actual.

© The Resilient Earth

En esa época, la mayor parte de la tierra emergida pertenecía al súper continente de Rodinia, que se formó hace unos 1 100 millones de años. Rodinia contenía las tierras que componen los continentes modernos, pero en una configuración que no reconoceríamos. América del Norte estaba en el medio. América del Sur, Australia y la Antártida rodeaban a Norteamérica. Rodinia se extendía a horcajadas de los trópicos, dejando un único vasto océano abarcando el otro lado del globo. No había tierras en ninguno de los polos.

En 1992, Joseph L. Kirschvink, del Instituto de Tecnología de California en Pasadena, formuló una teoría por la cual nuestro planeta se había congelado casi totalmente de polo a polo, con un único océano estrangulado por el hielo. Denominó a esta condición “Tierra Bola de Nieve”. Otros investigadores han calculado que algunos de los períodos glaciales durante esta época llegaron a durar hasta diez millones de años. Durante estos períodos el océano pudo haberse congelado completamente, bloqueando toda la luz solar y destruyendo a la mayor parte de la vida.

De hecho, los científicos creen ahora que ha habido edades de hielo que se extienden hacia atrás en el tiempo hasta mediados del eón Arqueano, hace aproximadamente unos 2 800 millones de años. Tenemos evidencia de esto en capas de sedimento descubiertas en formaciones rocosas que se sabe pertenecen a ese período. En ocasiones, estos episodios duraron varios centenares de millones de años, y pueden haber rivalizado en intensidad con la edad de hielo del Neoproterozoico. Pudo haber varios períodos Tierra Bola de Nieve en el pasado de nuestro planeta.

Eras_Geológicas

El siguiente hito importante para la vida sobre la Tierra ocurrió al comienzo del eón Fanerozoico, hace 542 millones de años, con la Explosión Cámbrica. Este acontecimiento, con nuevos organismos multicelulares que aparecieron en gran profusión, resultó en una explosión de vida. Marcó el fin del eón Proterozoico y el comienzo del Fanerozoico (en griego: “vida visible”). Este eón señala el advenimiento de la vida realmente compleja, donde los organismos individuales son lo suficiente grandes como para ser reconocidos sin necesidad de un microscopio.

Los diferentes períodos del tiempo geológico están marcados por cambios significativos en los tipos de criaturas que habitaron y habitan la Tierra. La roca depositada durante el eón Fanerozoico contienen evidencia de partes duras fosilizadas de los cuerpos de entidades vivientes, y es el registro fósil el que se utiliza para fechar las capas de roca de las otras tres eras. Al leer el registro fósil, los científicos han construido un bosquejo del desarrollo de la vida durante el tiempo posterior a la Explosión Cámbrica. Debe tenerse en cuenta que es el cambiante registro de fósiles el que permite a los científicos hacer el mapa del pasado; la historia de nuestro planeta fue escrita en la roca por los restos fósiles de incontables especies extintas.

De modo que vemos que hubo extinciones en masa, cambios en las proporciones de los gases atmosféricos e incluso múltiples edades de hielo antes de comienzo del Fanerozoico. Sin embargo, se puede argüir que las condiciones durante el Precámbrico (la época anterior a hace 542 millones de años) no eran en realidad representativas del clima terrestre existente desde que la vida se diseminó por todo el planeta. Por lo tanto, echemos un vistazo al pasado “reciente” del Fanerozoico.

Bienvenidos al Fanerozoico

El examen cuidadoso de cada era y período del Fanerozoico requeriría mucho más espacio del que quiero dedicar a un único artículo de blog, de modo que me concentraré en la variación de varios factores medioambientales clave a lo largo de todo ese período. Estos factores son la temperatura, los niveles de dióxido de carbono, las condiciones de las edades de hielo, y la extinción de especies y su impacto sobre la diversidad. Pero antes de revisar estos datos, deseo mencionar un período de la época Paleozoica tardía que dará una idea de los tipos de variación que se pueden ver en el pasado.

A fines del Paleozoico, durante el período Carbonífero, grandes selvas de plantas primitivas medraban sobre tierra firme, formando extensos pantanos de turba. Estas enormes masas de materia vegetal fueron enterradas bajo sedimento, para formar finalmente los grandes depósitos de carbón que se encuentran en América del Norte, Europa y todo el mundo. Un descenso global en el nivel del mar a fines del Devónico se revirtió a principios del Carbonífero, creando grandes mares de poca profundidad y enormes depósitos de minerales de carbonato. Estos depósitos atraparon grandes cantidades de carbono atmosférico que más tarde crearían vastos lechos de piedra caliza.

Durante la última parte del Carbonífero, la cantidad de oxígeno en la atmósfera terrestre era de aproximadamente un 35%, un nivel mucho más alto que el actual. Según Robert Berner, los niveles de oxígeno atmosférico han variado entre un 15% y un 30% a lo largo de los últimos 550 millones de años (véase, en inglés, “Atmospheric oxygen over Phanerozoic time” en PNAS, septiembre 28,1999). Al mismo tiempo, el CO2 global descendió a menos de 300 partes por millón, un nivel que ahora se asocia con períodos glaciales. La abundancia de O2 permitió la existencia de los insectos más grandes que jamás se vieron sobre la Tierra. Libélulas del tamaño de halcones, con alas de 75 cm de extensión, arañas del tamaño de plantas de hogar, centípedos de 1,5 mt y bichos que se arrastraban del tamaño de tazones de sopa. Fue realmente un tiempo en el que los insectos dominaban el planeta. Quizás sea una buena cosa que el nivel actual del oxígeno atmosférico sea de apenas un 21%.

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Las plantas del Carbonífero se parecían a las plantas que viven en las áreas tropicales y medianamente templadas de hoy en día. Por los fósiles, sabemos que muchas de ellas carecían de anillos de crecimiento, lo que sugiere un clima uniforme. Pero el clima estaba cambiando.

Hacia mediados del Carbonífero, la Tierra se estaba deslizando hacia una edad de hielo, la así llamada Permo-Carbonífera o Karoo. El crecimiento de grandes plataformas de hielo en el polo sur fijó grandes cantidades de agua en forma de hielo. Como una tan grande cantidad de agua fue capturada del medioambiente, los niveles del mar cayeron, lo que llevó a una extinción en masa de invertebrados marinos de aguas poco profundas, a la gradual declinación de los pantanos, y a un aumento de las tierras áridas.

Muchas veces, estas condiciones se revirtieron cuando los glaciares retrocedieron. El agua del deshielo glacial fue devuelta a los océanos, y nuevamente se inundaron los pantanos y las planicies bajas.

Las formaciones rocosas del Carbonífero muestran a menudo un patrón de franjas, con capas alternadas de esquistos y carbón que indican inundaciones y desecaciones cíclicas de la tierra. Aún bajo estas condiciones estresantes, o quizás a causa de ellas, la vida continúo desarrollándose. Hacia fines de la era, ya habían aparecido los primeros grandes reptiles y las primeras plantas modernas, antecesoras de las modernas coníferas.

De muchas maneras, el Carbonífero es único en el sentido de su combinación de formas de atmósfera, clima y vida, pero cada período del tiempo geológico es único; es por eso que se los distingue con nombres individuales por la Comisión Internacional de Estratigrafía (ICS, por sus siglas en inglés). El hecho es que lo que hace que esos remotos períodos sean similares, es que todos ellos son diferentes unos con otros; el único factor constante que recorre la historia de la Tierra es el cambio. Para un mayor detalle de las características de estos períodos geológicos puede leerse, en inglés, el capítulo 4 de The Resilient Earth: Unprecedented
Climate Change?
, o adquirir un copia del libro en Amazon.

Ahora que tenemos una idea de los tipos de cambio que la Tierra ha experimentado en el pasado, examinemos la variación de temperatura durante el Fanerozoico. Debajo, hay una gráfica que muestra el mejor cálculo científico de cómo las temperaturas han variado a lo largo de los últimos 542 millones de años.

Obsérvese la amplia variación en la temperatura a lo largo del tiempo, algunas veces menor a los 14ºC promedio de hoy en día, pero la mayor parte del tiempo considerablemente mayor. Obsérvese también que los rectángulos azules a lo largo de la parte inferior de la gráfica representan períodos de condición de congelación. Incluso aunque ha habido varias extensas edades de hielo durante el Fanerozoico, durante la mayor parte de los pasados quinientos millones de años no ha habido capas permanentes de hielo en ninguno de los dos hemisferios. En ese sentido, el deshielo total de las capas de hielo de Groenlandia y de la Antártida marcarían un regreso a las condiciones históricamente normales para nuestro planeta.

variación_de_temperatura_en_el_Fanerozoico

La línea azul muestra el promedio a corto plazo, y la línea roja muestra la tendencia promediada.

Ahora, demos un vistazo a la variación en los niveles de CO2 que se muestran en la otra gráfica que está más abajo. Aunque la incertidumbre en las mediciones crece a medida que retrocedemos en el tiempo, es posible ver la tendencia general: solía haber mucho más CO2 en el aire en las épocas más tempranas. Hay una tendencia general hacia niveles más reducidos, pero lo más interesante es comparar la gráfica del CO2 con la de la temperatura que hemos visto más arriba.

variación_de_niveles_deCO2_en_el_Fanerozoico

Las líneas rosada, verde y anaranjada y la de estrellas azuladas indican cuatro mediciones diferentes realizadas por científicos o institutos diferentes. La línea sólida azul oscura indica el promedio filtrado para 30 millones de años de las otras cuatro. La coordenada de la derecha indica el múltiplo que representan esas mediciones con respecto a los niveles actuales de CO2.

En esta escala, no hay realmente una correlación aparente entre los niveles de dióxido de carbono y las temperaturas globales. Más aún, ha habido edades de hielo cuando los niveles de CO2 han sido diez o quince veces más altos que los actuales (por ejemplo, en la edad de hielo del Ordovícico). También ha habido veces en que la temperatura iba en aumento mientras que el CO2 descendía y otras en las que el CO2 ascendía pero las temperaturas descendían (durante el Silúrico y el Devónico y durante el Triásico y el Jurásico, respectivamente).

La caída en los niveles de CO2 a fines del Carbonífero y en el Pérmico puede ser atribuida a los pantanos de carbón súper activos que estaban muy ocupados en acumular las gruesas vetas de carbón que proporcionan buena parte de la generación de energía en la actualidad.

Esa caída se mantuvo durante la gran edad de hielo de Karoo (360-260 millones de años atrás), pero comenzó a revertirse después de la extinción Pérmico-Triásica (hace 251 millones de años). Muchos han especulado que las edades de hielo son una causa de las antiguas extinciones en masa, y es posible que haya una conexión. Las fechas de los eventos conocidos de extinción masiva se muestran en la gráfica de biodiversidad que está más abajo.

biodiversidad_en_el_Fanerozoico

La franja gris muestra todas las especies, la azul las especies bien conocidas, la línea azul la tendencia a largo plazo, los triángulos rojos las mayores extinciones en masa y los triángulos amarillos otros eventos menores de extinción. La coordenada de la derecha indica los miles de especies.

La extinción Ordovícico-Silúrica, también conocida como extinción del final del Ordovícico, fue la tercera mayor de las cinco más grandes en la historia de la Tierra en términos de porcentaje de géneros que se extinguieron y la segunda mayor en términos de pérdida de vida en general. En algún momento hace entre 450 y 440 millones de años, ocurrieron dos estallidos de extinción, separados por aproximadamente un millón de años. Nótese que después de cada gran extinción (indicada por los triángulos rojos) la vida rebota con un incremento en la diversidad. Claramente, la vida se fortalece ante un reto (para conocer más sobre extinciones, véase en inglés, Nature, Cruel and Uncaring).

La gráfica de más abajo muestra el CO2, la temperatura y la información sobre las fechas de las edades de hielo en un único ploteo, ¿Tuvo el frío algo que ver con la extinción? Las discusiones campean en la comunidad paleológica. Por otro lado, algunos han sugerido que un aumento súbito en los niveles de CO2 a fines del Pérmico fue el responsable de la extinción Pérmico-Triásica. Es posible que la ciencia nunca lo sepa.

factores_climáticos_del_Fanerozoico

Algo que sí sabemos es que las emisiones humanas de CO2, en el peor de los casos, no pueden ni siquiera aproximarse a la emisión natural de gases de invernadero, incluso en eventos que no dispararon extinciones en masa (véase, en inglés, Could Human CO2 Emissions Cause Another PETM?).

¿Pero qué hay, entonces, en la relación mencionada a menudo entre el CO2 y la temperatura? “En una frase, los modelos teóricos no pueden explicar lo que observamos en el registro geológico”, dice el oceanógrafo Gerald Dickens de la universidad de Rice. “Parece haber algo fundamentalmente equivocado con la forma en que se relacionan la temperatura y el carbono en los modelos climáticos”.

En el pasado ha habido muchos otros factores en acción que afectaron al cambio climático. Este examen, que está limitado a los niveles de temperatura y de dióxido de carbono y a la ocurrencia de edades de hielo, ignora el impacto de traslado continental, de la variación en la actividad solar, de los ciclos orbitales y del posible impacto de los rayos cósmicos sobre el clima terrestre. En nuestro libro presentamos un mayor detalle de estos factores.

Algo interesante para observar es que la existencia de una masa continental en cualquiera de los polos parece ayudar a promover las condiciones de congelamiento. Durante el Devónico, el súper continente Gondwana pasó sobre el polo sur, durante el Carbonífero la capa de hielo polar cubrió el borde sur de Pangea, y hoy en día tenemos a la Antártida a horcajadas de la región polar austral.

Observaciones

Esto concluye nuestro viaje rápido viaje a través de la historia del clima de la Tierra. Hay un cierto número de conclusiones que se puede extraer de nuestro pantallazo sobre el Fanerozoico:

# La temperatura de la Tierra siempre está cambiando.
# A lo largo del tiempo ha habido períodos cuando ha habido mucho más frío que hoy.
# Durante buena parte del Fanerozoico, ha habido mucho más calor que en la actualidad.
# La vida ha persistido tanto durante períodos fríos como cálidos.
# No hay una temperatura “correcta”.
# El dióxido de carbono siempre ha estado presente en la atmósfera terrestre.
# Durante la mayor parte del Fanerozoico sus niveles han sido mucho más altos que los actuales.
# La vida ha persistido tanto en los períodos con altos niveles de CO2 como con niveles bajos.
# Los niveles de CO2 cambian con o sin la contribución humana.
# A lo largo del tiempo ha habido cierto número de edades de hielo. La vida ha soportado múltiples edades de hielo.
# Durante la mayor parte del Fanerozoico no ha habido capas persistentes de hielo polar.

Lo que nos depara el futuro no pueden predecirlo los climatólogos con todos sus modelos computacionales y sus informes de consenso IPCC. La Tierra y su clima están cambiando constantemente; no hay un clima o una temperatura correctos para nuestro planeta. Aquellos que dicen que el CO2 es el factor más importante en el cambio climático, que las emisiones de gases de invernadero causarán un calentamiento global disparado, no tienen una base histórica para tales afirmaciones.

Como ha demostrado la historia del clima de la Tierra, nada de lo predicho por los alarmistas del calentamiento global carece de precedentes. El clima terrestre ha sido más frío que el actual, y también mucho más cálido. Los niveles de CO2 también han sido muchas veces mayores que los actuales, incluso durante las edades de hielo.

Las edades de hielo vienen y se van, causadas por mecanismos que la humanidad no puede controlar. Y después de cada edad de hielo, el mundo se calienta y los glaciares desaparecen solamente para regresar millones de años después. Ningún cambio climático es irreversible. Dados los cuatro mil millones de años de historia terrestre y 542 millones de años de vida compleja, el culpar a la humanidad por 9 000 años de calentamiento global parece algo bastante tonto. Como dice el Eclesiastés: “Lo que ha sido es lo que será, y lo que se ha hecho es lo que se hará; no hay nada nuevo bajo el sol”.

Cuídese, disfrute el interglacial y manténgase escéptico.

NOTA:

La información de este artículo fue extraída de nuestro libro The Resilient Earth y representa la primera mitad de mi presentación para la conferencia “Científicos por la verdad” (Scientist for Truth conference) llevada a cabo en agosto de 2009 en Springfield, Masachussetts. Después de escuchar mi presentación, Dennis Avery, co-autor de “Unstoppable Global Warming: Every 1500 Years”, la bautizó como la “Gran Mirada” sobre el cambio climático, de ahí el título en inglés de esta publicación. Para más información y referencias véanse, en inglés, los capítulos 4, 5 y 6 de The Resilient Earth.

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En el Atril del Orador podrán también encontrar algunos artículos relacionados con este mismo tema y que quizás resulten de su interés:
- “Cambio climático: nuevos datos, nuevos silencios”
- “Calentamiento Global y CO2: un breve resumen”
- ”Cambio climático: las temperaturas bajan y aumenta el CO2”
- ”El mundo se está enfriando”
- ”Cambio climático: la poderosa influencia del sol”

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”edad_de_hielo”


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Artículo original: “The Grand View: 4 Billion Years Of Climate Change”
Autor: Doug L. Hoffman
Fecha: agosto 27, 2009
Enlace con el artículo original:
aquí
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