viernes, setiembre 11, 2009

Cambio climático: Una mirada global

Los 4 500 millones de años de vida de la Tierra son también una historia continua de cambio climático.

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Dos de los términos trivializados por los alarmistas del calentamiento global son “sin precedentes” e “irreversible”. Resulta inquietante que científicos, que deberían tener las cosas más claras, persistan en utilizar esos términos incluso cuando la historia de nuestro planeta muestra claramente que ninguno de ellos se corresponde con la realidad. La prueba de su inexactitud aparece obvia si examinamos retrospectivamente la historia de la Tierra, en particular al eón Fanerozoico, para lograr una imagen total del cambio climático histórico.

Según Meg Urry, quien dirige el departamento de física de la universidad de Yale, “los científicos observan la naturaleza, y luego desarrollan teorías que describen sus observaciones. La ciencia es impulsada por la propia naturaleza, y ella no nos da la posibilidad de elección. Es como es”. Si bien algunas de las fechas presentadas aquí pueden modificarse y los científicos continúan discutiendo algunos de los detalles finos, esto es lo que la ciencia cree que conoce sobre la vida, el universo y todo lo que hay.

Hace alrededor de 13 700 millones de años, nació el universo. No mucho después, se formó la Vía Láctea. Nacieron estrellas, transmutaron elementos en el fuego nuclear y finalizaron sus vidas en explosiones supernova. Este ciclo se repitió muchas veces para muchas estrellas diferentes.

Luego, hace 4 600 millones de años, nuestro Sol nació a partir de las cenizas de estrellas muertas más viejas. Junto al Sol, también se formó una gran progenie de planetas, incluyendo al que llamamos Tierra. Un millón de años después del nacimiento de nuestro sol, la violenta explosión de una supernova cercana estuvo cerca de aniquilar la vida sobre la Tierra, casi antes de que comenzara. Durante los siguientes cuatro mil quinientos millones de años, las fuerzas de la naturaleza dieron forma a nuestro planeta y a la vida que albergaba.

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Sacudida por supernovas, superviviendo apenas al nacimiento traumático de la Luna, bombardeada por asteroides, la resistente Tierra perduró. Y a pesar de las congelantes edades de hielo, las devastadoras extinciones en masa y el siempre cambiante clima, la vida no solamente resistió, sino que medró. Incluso cuando los meteoros continuaron lloviendo sobre el joven planeta, hay evidencia de que hace tanto como 4 200 millones de años el agua, el pre-requisito para la vida tal como la conocemos, estaba presente.

La evidencia indica también que la vida ha existido sobre nuestro planeta por cerca de cuatro mil millones de años, aunque durante la mayor parte de ese tiempo fue una simple vida unicelular. En los comienzos, la atmósfera de la Tierra era una mezcla tóxica de metano, dióxido de carbono y amoníaco; el oxígeno estaba casi totalmente ausente en la atmósfera de la Tierra primigenia. Para los humanos y para la mayor parte de la flora y fauna que nos son familiares, esta atmósfera habría resultado venenosa.

Los impactos de asteroides, las tremendas erupciones volcánicas y las cambiantes placas tectónicas dieron como resultado cambios drásticos en el clima y en la aparición de nuevas formas de vida. En algún momento los microorganismos simples, que eran los únicos habitantes de la antigua Tierra, desarrollaron la fotosíntesis que logró una ganancia neta de oxígeno, primero en el océano y luego en la atmósfera. Más tarde, hace 2 300 millones de años, ocurrió el primer desastre ecológico del mundo cuando el oxígeno libre estableció su presencia permanente en la atmósfera. Conocido como “Gran Oxidación” o “Catástrofe del Oxígeno”, casi todos los organismos vivientes de la Tierra murieron como consecuencia de este cambio climático masivo provocado por las bacterias.

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Los científicos conocen todo esto por los minerales presentes en el registro de las rocas. Hace entre 2 500 a 2 300 millones de años atrás, durante el eón Proterozoico temprano, se pueden encontrar extensos depósitos de pirita (sulfato de hierro) y uranita (óxido de uranio) en sedimentos de ríos. Para formarse, estos minerales requieren bajos niveles de oxígeno. Desde hace 2 300 millones de años en adelante se puede encontrar óxido de hierro, una indicación de la presencia de oxígeno libre. Aún así, los niveles de oxígeno eran apenas una fracción de los actuales, y la intensa radiación solar caía sobre el planeta. Al final, el oxígeno resolvería el problema de la radiación en cuanto se crearon en la estratósfera las moléculas de ozono (O3), formando una capa protectora.

Este primer ejemplo de la vida cambiando el medioambiente de la Tierra, algunas veces en detrimento de formas de vida más viejas, resultó ser algo bueno para nuestra especie, ya que sin el cambio de la composición atmosférica, nunca habríamos llegado a existir. Según expresó Thorne Lay, profesor de Ciencias de la Tierra en la universidad de California, Santa Cruz: “La vida misma modificó el sistema terrestre. A medida que cambió el sistema, se hicieron viables más formas de vida. Finalmente, florecieron los diversos organismos multicelulares. Pero no antes de ser golpeados en el rostro por varias bolas de nieve”. ¡Y qué bolas de nieve resultaron ser!

Hace ochocientos millones de años, durante la era Neoproterozoica, la Tierra sufrió una monstruosa edad de hielo. Hay evidencia de hielo glacial en latitudes tropicales, a apenas 15º a 30º al norte del ecuador. En nuestro mundo, esto significaría glaciares tan al sur como en Miami, Florida. La Tierra debió lucir como un planeta diferente, casi sin océanos abiertos y con unas pocas áreas de roca expuesta. Solamente hielo y nieve, un mundo de casi un blanco puro.

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Representación artística de una Tierra Bola de Nieve en la época actual.

© The Resilient Earth

En esa época, la mayor parte de la tierra emergida pertenecía al súper continente de Rodinia, que se formó hace unos 1 100 millones de años. Rodinia contenía las tierras que componen los continentes modernos, pero en una configuración que no reconoceríamos. América del Norte estaba en el medio. América del Sur, Australia y la Antártida rodeaban a Norteamérica. Rodinia se extendía a horcajadas de los trópicos, dejando un único vasto océano abarcando el otro lado del globo. No había tierras en ninguno de los polos.

En 1992, Joseph L. Kirschvink, del Instituto de Tecnología de California en Pasadena, formuló una teoría por la cual nuestro planeta se había congelado casi totalmente de polo a polo, con un único océano estrangulado por el hielo. Denominó a esta condición “Tierra Bola de Nieve”. Otros investigadores han calculado que algunos de los períodos glaciales durante esta época llegaron a durar hasta diez millones de años. Durante estos períodos el océano pudo haberse congelado completamente, bloqueando toda la luz solar y destruyendo a la mayor parte de la vida.

De hecho, los científicos creen ahora que ha habido edades de hielo que se extienden hacia atrás en el tiempo hasta mediados del eón Arqueano, hace aproximadamente unos 2 800 millones de años. Tenemos evidencia de esto en capas de sedimento descubiertas en formaciones rocosas que se sabe pertenecen a ese período. En ocasiones, estos episodios duraron varios centenares de millones de años, y pueden haber rivalizado en intensidad con la edad de hielo del Neoproterozoico. Pudo haber varios períodos Tierra Bola de Nieve en el pasado de nuestro planeta.

Eras_Geológicas

El siguiente hito importante para la vida sobre la Tierra ocurrió al comienzo del eón Fanerozoico, hace 542 millones de años, con la Explosión Cámbrica. Este acontecimiento, con nuevos organismos multicelulares que aparecieron en gran profusión, resultó en una explosión de vida. Marcó el fin del eón Proterozoico y el comienzo del Fanerozoico (en griego: “vida visible”). Este eón señala el advenimiento de la vida realmente compleja, donde los organismos individuales son lo suficiente grandes como para ser reconocidos sin necesidad de un microscopio.

Los diferentes períodos del tiempo geológico están marcados por cambios significativos en los tipos de criaturas que habitaron y habitan la Tierra. La roca depositada durante el eón Fanerozoico contienen evidencia de partes duras fosilizadas de los cuerpos de entidades vivientes, y es el registro fósil el que se utiliza para fechar las capas de roca de las otras tres eras. Al leer el registro fósil, los científicos han construido un bosquejo del desarrollo de la vida durante el tiempo posterior a la Explosión Cámbrica. Debe tenerse en cuenta que es el cambiante registro de fósiles el que permite a los científicos hacer el mapa del pasado; la historia de nuestro planeta fue escrita en la roca por los restos fósiles de incontables especies extintas.

De modo que vemos que hubo extinciones en masa, cambios en las proporciones de los gases atmosféricos e incluso múltiples edades de hielo antes de comienzo del Fanerozoico. Sin embargo, se puede argüir que las condiciones durante el Precámbrico (la época anterior a hace 542 millones de años) no eran en realidad representativas del clima terrestre existente desde que la vida se diseminó por todo el planeta. Por lo tanto, echemos un vistazo al pasado “reciente” del Fanerozoico.

Bienvenidos al Fanerozoico

El examen cuidadoso de cada era y período del Fanerozoico requeriría mucho más espacio del que quiero dedicar a un único artículo de blog, de modo que me concentraré en la variación de varios factores medioambientales clave a lo largo de todo ese período. Estos factores son la temperatura, los niveles de dióxido de carbono, las condiciones de las edades de hielo, y la extinción de especies y su impacto sobre la diversidad. Pero antes de revisar estos datos, deseo mencionar un período de la época Paleozoica tardía que dará una idea de los tipos de variación que se pueden ver en el pasado.

A fines del Paleozoico, durante el período Carbonífero, grandes selvas de plantas primitivas medraban sobre tierra firme, formando extensos pantanos de turba. Estas enormes masas de materia vegetal fueron enterradas bajo sedimento, para formar finalmente los grandes depósitos de carbón que se encuentran en América del Norte, Europa y todo el mundo. Un descenso global en el nivel del mar a fines del Devónico se revirtió a principios del Carbonífero, creando grandes mares de poca profundidad y enormes depósitos de minerales de carbonato. Estos depósitos atraparon grandes cantidades de carbono atmosférico que más tarde crearían vastos lechos de piedra caliza.

Durante la última parte del Carbonífero, la cantidad de oxígeno en la atmósfera terrestre era de aproximadamente un 35%, un nivel mucho más alto que el actual. Según Robert Berner, los niveles de oxígeno atmosférico han variado entre un 15% y un 30% a lo largo de los últimos 550 millones de años (véase, en inglés, “Atmospheric oxygen over Phanerozoic time” en PNAS, septiembre 28,1999). Al mismo tiempo, el CO2 global descendió a menos de 300 partes por millón, un nivel que ahora se asocia con períodos glaciales. La abundancia de O2 permitió la existencia de los insectos más grandes que jamás se vieron sobre la Tierra. Libélulas del tamaño de halcones, con alas de 75 cm de extensión, arañas del tamaño de plantas de hogar, centípedos de 1,5 mt y bichos que se arrastraban del tamaño de tazones de sopa. Fue realmente un tiempo en el que los insectos dominaban el planeta. Quizás sea una buena cosa que el nivel actual del oxígeno atmosférico sea de apenas un 21%.

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Las plantas del Carbonífero se parecían a las plantas que viven en las áreas tropicales y medianamente templadas de hoy en día. Por los fósiles, sabemos que muchas de ellas carecían de anillos de crecimiento, lo que sugiere un clima uniforme. Pero el clima estaba cambiando.

Hacia mediados del Carbonífero, la Tierra se estaba deslizando hacia una edad de hielo, la así llamada Permo-Carbonífera o Karoo. El crecimiento de grandes plataformas de hielo en el polo sur fijó grandes cantidades de agua en forma de hielo. Como una tan grande cantidad de agua fue capturada del medioambiente, los niveles del mar cayeron, lo que llevó a una extinción en masa de invertebrados marinos de aguas poco profundas, a la gradual declinación de los pantanos, y a un aumento de las tierras áridas.

Muchas veces, estas condiciones se revirtieron cuando los glaciares retrocedieron. El agua del deshielo glacial fue devuelta a los océanos, y nuevamente se inundaron los pantanos y las planicies bajas.

Las formaciones rocosas del Carbonífero muestran a menudo un patrón de franjas, con capas alternadas de esquistos y carbón que indican inundaciones y desecaciones cíclicas de la tierra. Aún bajo estas condiciones estresantes, o quizás a causa de ellas, la vida continúo desarrollándose. Hacia fines de la era, ya habían aparecido los primeros grandes reptiles y las primeras plantas modernas, antecesoras de las modernas coníferas.

De muchas maneras, el Carbonífero es único en el sentido de su combinación de formas de atmósfera, clima y vida, pero cada período del tiempo geológico es único; es por eso que se los distingue con nombres individuales por la Comisión Internacional de Estratigrafía (ICS, por sus siglas en inglés). El hecho es que lo que hace que esos remotos períodos sean similares, es que todos ellos son diferentes unos con otros; el único factor constante que recorre la historia de la Tierra es el cambio. Para un mayor detalle de las características de estos períodos geológicos puede leerse, en inglés, el capítulo 4 de The Resilient Earth: Unprecedented
Climate Change?
, o adquirir un copia del libro en Amazon.

Ahora que tenemos una idea de los tipos de cambio que la Tierra ha experimentado en el pasado, examinemos la variación de temperatura durante el Fanerozoico. Debajo, hay una gráfica que muestra el mejor cálculo científico de cómo las temperaturas han variado a lo largo de los últimos 542 millones de años.

Obsérvese la amplia variación en la temperatura a lo largo del tiempo, algunas veces menor a los 14ºC promedio de hoy en día, pero la mayor parte del tiempo considerablemente mayor. Obsérvese también que los rectángulos azules a lo largo de la parte inferior de la gráfica representan períodos de condición de congelación. Incluso aunque ha habido varias extensas edades de hielo durante el Fanerozoico, durante la mayor parte de los pasados quinientos millones de años no ha habido capas permanentes de hielo en ninguno de los dos hemisferios. En ese sentido, el deshielo total de las capas de hielo de Groenlandia y de la Antártida marcarían un regreso a las condiciones históricamente normales para nuestro planeta.

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La línea azul muestra el promedio a corto plazo, y la línea roja muestra la tendencia promediada.

Ahora, demos un vistazo a la variación en los niveles de CO2 que se muestran en la otra gráfica que está más abajo. Aunque la incertidumbre en las mediciones crece a medida que retrocedemos en el tiempo, es posible ver la tendencia general: solía haber mucho más CO2 en el aire en las épocas más tempranas. Hay una tendencia general hacia niveles más reducidos, pero lo más interesante es comparar la gráfica del CO2 con la de la temperatura que hemos visto más arriba.

variación_de_niveles_deCO2_en_el_Fanerozoico

Las líneas rosada, verde y anaranjada y la de estrellas azuladas indican cuatro mediciones diferentes realizadas por científicos o institutos diferentes. La línea sólida azul oscura indica el promedio filtrado para 30 millones de años de las otras cuatro. La coordenada de la derecha indica el múltiplo que representan esas mediciones con respecto a los niveles actuales de CO2.

En esta escala, no hay realmente una correlación aparente entre los niveles de dióxido de carbono y las temperaturas globales. Más aún, ha habido edades de hielo cuando los niveles de CO2 han sido diez o quince veces más altos que los actuales (por ejemplo, en la edad de hielo del Ordovícico). También ha habido veces en que la temperatura iba en aumento mientras que el CO2 descendía y otras en las que el CO2 ascendía pero las temperaturas descendían (durante el Silúrico y el Devónico y durante el Triásico y el Jurásico, respectivamente).

La caída en los niveles de CO2 a fines del Carbonífero y en el Pérmico puede ser atribuida a los pantanos de carbón súper activos que estaban muy ocupados en acumular las gruesas vetas de carbón que proporcionan buena parte de la generación de energía en la actualidad.

Esa caída se mantuvo durante la gran edad de hielo de Karoo (360-260 millones de años atrás), pero comenzó a revertirse después de la extinción Pérmico-Triásica (hace 251 millones de años). Muchos han especulado que las edades de hielo son una causa de las antiguas extinciones en masa, y es posible que haya una conexión. Las fechas de los eventos conocidos de extinción masiva se muestran en la gráfica de biodiversidad que está más abajo.

biodiversidad_en_el_Fanerozoico

La franja gris muestra todas las especies, la azul las especies bien conocidas, la línea azul la tendencia a largo plazo, los triángulos rojos las mayores extinciones en masa y los triángulos amarillos otros eventos menores de extinción. La coordenada de la derecha indica los miles de especies.

La extinción Ordovícico-Silúrica, también conocida como extinción del final del Ordovícico, fue la tercera mayor de las cinco más grandes en la historia de la Tierra en términos de porcentaje de géneros que se extinguieron y la segunda mayor en términos de pérdida de vida en general. En algún momento hace entre 450 y 440 millones de años, ocurrieron dos estallidos de extinción, separados por aproximadamente un millón de años. Nótese que después de cada gran extinción (indicada por los triángulos rojos) la vida rebota con un incremento en la diversidad. Claramente, la vida se fortalece ante un reto (para conocer más sobre extinciones, véase en inglés, Nature, Cruel and Uncaring).

La gráfica de más abajo muestra el CO2, la temperatura y la información sobre las fechas de las edades de hielo en un único ploteo, ¿Tuvo el frío algo que ver con la extinción? Las discusiones campean en la comunidad paleológica. Por otro lado, algunos han sugerido que un aumento súbito en los niveles de CO2 a fines del Pérmico fue el responsable de la extinción Pérmico-Triásica. Es posible que la ciencia nunca lo sepa.

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Algo que sí sabemos es que las emisiones humanas de CO2, en el peor de los casos, no pueden ni siquiera aproximarse a la emisión natural de gases de invernadero, incluso en eventos que no dispararon extinciones en masa (véase, en inglés, Could Human CO2 Emissions Cause Another PETM?).

¿Pero qué hay, entonces, en la relación mencionada a menudo entre el CO2 y la temperatura? “En una frase, los modelos teóricos no pueden explicar lo que observamos en el registro geológico”, dice el oceanógrafo Gerald Dickens de la universidad de Rice. “Parece haber algo fundamentalmente equivocado con la forma en que se relacionan la temperatura y el carbono en los modelos climáticos”.

En el pasado ha habido muchos otros factores en acción que afectaron al cambio climático. Este examen, que está limitado a los niveles de temperatura y de dióxido de carbono y a la ocurrencia de edades de hielo, ignora el impacto de traslado continental, de la variación en la actividad solar, de los ciclos orbitales y del posible impacto de los rayos cósmicos sobre el clima terrestre. En nuestro libro presentamos un mayor detalle de estos factores.

Algo interesante para observar es que la existencia de una masa continental en cualquiera de los polos parece ayudar a promover las condiciones de congelamiento. Durante el Devónico, el súper continente Gondwana pasó sobre el polo sur, durante el Carbonífero la capa de hielo polar cubrió el borde sur de Pangea, y hoy en día tenemos a la Antártida a horcajadas de la región polar austral.

Observaciones

Esto concluye nuestro viaje rápido viaje a través de la historia del clima de la Tierra. Hay un cierto número de conclusiones que se puede extraer de nuestro pantallazo sobre el Fanerozoico:

# La temperatura de la Tierra siempre está cambiando.
# A lo largo del tiempo ha habido períodos cuando ha habido mucho más frío que hoy.
# Durante buena parte del Fanerozoico, ha habido mucho más calor que en la actualidad.
# La vida ha persistido tanto durante períodos fríos como cálidos.
# No hay una temperatura “correcta”.
# El dióxido de carbono siempre ha estado presente en la atmósfera terrestre.
# Durante la mayor parte del Fanerozoico sus niveles han sido mucho más altos que los actuales.
# La vida ha persistido tanto en los períodos con altos niveles de CO2 como con niveles bajos.
# Los niveles de CO2 cambian con o sin la contribución humana.
# A lo largo del tiempo ha habido cierto número de edades de hielo. La vida ha soportado múltiples edades de hielo.
# Durante la mayor parte del Fanerozoico no ha habido capas persistentes de hielo polar.

Lo que nos depara el futuro no pueden predecirlo los climatólogos con todos sus modelos computacionales y sus informes de consenso IPCC. La Tierra y su clima están cambiando constantemente; no hay un clima o una temperatura correctos para nuestro planeta. Aquellos que dicen que el CO2 es el factor más importante en el cambio climático, que las emisiones de gases de invernadero causarán un calentamiento global disparado, no tienen una base histórica para tales afirmaciones.

Como ha demostrado la historia del clima de la Tierra, nada de lo predicho por los alarmistas del calentamiento global carece de precedentes. El clima terrestre ha sido más frío que el actual, y también mucho más cálido. Los niveles de CO2 también han sido muchas veces mayores que los actuales, incluso durante las edades de hielo.

Las edades de hielo vienen y se van, causadas por mecanismos que la humanidad no puede controlar. Y después de cada edad de hielo, el mundo se calienta y los glaciares desaparecen solamente para regresar millones de años después. Ningún cambio climático es irreversible. Dados los cuatro mil millones de años de historia terrestre y 542 millones de años de vida compleja, el culpar a la humanidad por 9 000 años de calentamiento global parece algo bastante tonto. Como dice el Eclesiastés: “Lo que ha sido es lo que será, y lo que se ha hecho es lo que se hará; no hay nada nuevo bajo el sol”.

Cuídese, disfrute el interglacial y manténgase escéptico.

NOTA:

La información de este artículo fue extraída de nuestro libro The Resilient Earth y representa la primera mitad de mi presentación para la conferencia “Científicos por la verdad” (Scientist for Truth conference) llevada a cabo en agosto de 2009 en Springfield, Masachussetts. Después de escuchar mi presentación, Dennis Avery, co-autor de “Unstoppable Global Warming: Every 1500 Years”, la bautizó como la “Gran Mirada” sobre el cambio climático, de ahí el título en inglés de esta publicación. Para más información y referencias véanse, en inglés, los capítulos 4, 5 y 6 de The Resilient Earth.

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En el Atril del Orador podrán también encontrar algunos artículos relacionados con este mismo tema y que quizás resulten de su interés:
- “Cambio climático: nuevos datos, nuevos silencios”
- “Calentamiento Global y CO2: un breve resumen”
- ”Cambio climático: las temperaturas bajan y aumenta el CO2”
- ”El mundo se está enfriando”
- ”Cambio climático: la poderosa influencia del sol”

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Artículo original: “The Grand View: 4 Billion Years Of Climate Change”
Autor: Doug L. Hoffman
Fecha: agosto 27, 2009
Enlace con el artículo original:
aquí
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martes, setiembre 08, 2009

Cambio climático: nuevos datos, nuevos silencios

Investigaciones, informes y opiniones actuales que son soslayados, tergiversados o simplemente ignorados por la prensa y por los políticos.

Una nueva y creciente serie de investigaciones arroja datos que se contraponen al alarmismo interesado de los que sostienen la teoría del calentamiento global antropogénico . Sin embargo, esas noticias no llegan al gran público, ni en la TV, ni en la prensa, ni en la radio, y mucho menos en los discursos políticos de los partidarios del inefable Al Gore.

Intentaré aquí que mis lectores conozcan un poco más sobre el tema.

El oceáno variable

El disenso surge incluso dentro de las propias filas del IPCC, el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático de la ONU. En la II Conferencia Global del Clima, llevada a cabo en Ginebra con auspicios de la ONU, Mojib Latif, uno de sus científicos y modeladores y co-redactor del 4º informe del IPCC publicado en 2007, congeló a los asistentes al afirmar que podríamos estar entrando en un par de décadas de descenso de la temperatura.

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Mojib Latif

© Berliner Morgenpost

“La gente dirá que el calentamiento global está desapareciendo. No soy uno de los escépticos, pero tenemos que hacernos las preguntas desagradables, o alguien más nos las hará”. Es que cada vez más científicos están de acuerdo en que las predicciones a corto plazo no son tan sencillas, ya que la variabilidad natural es por lo menos tan importante como los otros elementos intervinientes.

Latif reconoció que durante los próximos años una tendencia enfriadora natural podría dominar el calentamiento causado por los humanos. Enfrentándose a la ortodoxia ambientalista, dijo que los cambios cíclicos en las corrientes y temperaturas del Atlántico Norte, un fenómeno conocido como “oscilación nor-atlántica” (NAO), fueron responsables al menos en parte del calentamiento global observado en las tres últimas décadas. “¿Cuánto? El jurado todavía no lo ha decidido”, declaró en la conferencia. Ahora, el NAO está ingresando en su fase fría.

James Murphy, otro científico asistente a la reunión, expresó su acuerdo con Latif y relacionó a la NAO con los monzones de la India, los huracanes del Atlántico y las variaciones en el hielo ártico. “Los océanos son la clave para la variabilidad natural decenal”, afirmó.

Por otro lado, Vicky Pope, de la Oficina Meteorológica del Reino Unido, destrozó otro mito climático cuando informó que la dramática pérdida de hielo ártico de los últimos veranos podría deberse, al menos en parte, a ciclos naturales y no al calentamiento global.

Una información más detallada puede encontrarse aquí (en inglés) y aquí (en castellano).

El sol, la estratósfera y los océanos

Uno de los mitos ya clásicos del calentamiento global antropogénico es que las pequeñísimas variaciones (de apenas 0,1 por ciento) en la energía irradiada por el Sol en su conocido ciclo de aproximadamente 11 años no podían, según la opinión expresada por el IPCC, afectar grandemente a los patrones climáticos de la Tierra.

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La Tierra y el Sol, vistos desde el transbordador espacial Discovery.

© NASA

Sin embargo, un nuevo y complejo estudio liderado por el Centro Nacional para la Investigación Atmosférica (NCAR) de los EE.UU., publicado en la revista Science y que utilizó los datos de más de un siglo de observaciones climáticas, indica el impacto de nuestra estrella sobre dos regiones aparentemente no relacionadas. Los compuestos químicos en la estratósfera y las temperaturas de la superficie marina en el Pacífico responden a los máximos solares en una forma que amplifica la influencia solar en el movimiento del aire, que puede así intensificar los vientos y la lluvia, modificar las temperaturas superficiales y la cubierta de nube en ciertas regiones tropicales y sub-tropicales, y afectar en última instancia al clima global.

El complejo mecanismo incluye la absorción del incremento de energía durante un pico solar por parte del ozono estratosférico, lo que calienta el aire más pronunciadamente en las latitudes bajas, alterando el régimen de vientos estratosféricos y aumentando la precipitación de lluvia en los trópicos.

Al mismo tiempo, se produce un ligero calentamiento de las aguas superficiales, con más evaporación y por lo tanto más vapor de agua en la atmósfera. La humedad es trasladada por los vientos alisios, alimentando lluvias más copiosas y reforzando los efectos estratosféricos.

La respuesta terrestre a un máximo solar continúa durante uno o dos años después del pico de actividad. Los efectos son mayores para el fenómeno de La Niña que para el del Niño, y podrían aumentar el primero y suavizar el segundo. Por ejemplo, La Niña de 1988-89 ocurrió cerca de del pico de un máximo solar, resultó ser inusualmente fuerte y se asoció con cambios significativos en los patrones climáticos, tales como un invierno especialmente suave y seco en el sudoeste de los EE.UU.

El monzón de la India, la temperatura marítima superficial y las precipitaciones del Pacífico y otros patrones climáticos regionales son producidos principalmente por el aire que se eleva y que desciende en los trópicos y en los sub-trópicos.

El informe de prensa de la NCAR puede leerse, en inglés, aquí. Afortunadamente, también hay una traducción al castellano del artículo tal como apareció en Universe Today, publicada en el blog “Odisea Cósmica”.

Hielo: el Sol lo trae, el Sol se lo lleva

Muchas veces a lo largo de la historia de la Tierra los hielos han avanzado y retrocedido, creando así varias glaciaciones separadas por períodos interglaciares. La última comenzó hace unos cuarenta millones de años y alcanzó su pico máximo unos 2,5 millones de años atrás. Dentro de estas última, al menos, los hielos han tenido retrocesos y avances, con períodos glaciales e interglaciares.

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Extensión máxima del último período glacial.

© MSN Encarta

El último período glacial, o glaciación de Würm, comenzó hace unos 80 000 años y llegó a su máximo hace 26 000 años. La extensión de los hielos se mantuvo estable por unos 7 000 años y luego comenzó el deshielo que llevó a nuestro período interglaciar actual.

Ha habido varios debates sobre las causas, y ahora un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Oregón (OSU) publica en la revista Science que ha llegado a la conclusión de que las oscilaciones del eje de la Tierra y de su velocidad de rotación, y las pequeñas variaciones de radiación solar que ellas motivan, son las que dispararon tanto el crecimiento como la disminución de las áreas cubiertas de hielo.

Según explica Peter Clark, un profesor de geociencias de la OSU, “la radiación solar fue el disparador que inició el deshielo; ahora estamos bastante seguros de ello. También hubo cambios en los niveles de dióxido de carbono y en la circulación oceánica, pero fueron posteriores y amplificaron un proceso que ya había comenzado”.

El estudio fue anunciado, en inglés, por la universidad de Oregón, y en el blog de Antón Uriarte podrán encontrar, en castellano, una explicación sencilla del mecanismo natural involucrado.

Sucesos del Ártico

Hace pocos días los medios mostraban unas declaraciones alarmistas del secretario de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, profetizando el inminente deshielo total del Ártico mientras chapoteaba con sus acompañantes en algún lugar del norte para convencernos de los efectos del pretendido calentamiento global antropogénico.

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Detalle de mínimos anuales de la extensión del hielo ártico desde el año 2002 hasta septiembre de 2009.

© IARC-JAXA AMSR-E

Pues bien, tanto la profecía como la realidad actual son, por lo menos, inexactos y exagerados.

El deshielo ártico es un fenómeno anual muy natural y lógico, ya que no hay duda de que en verano las temperaturas aumentan y el hielo se derrite. También es cierto que la extensión del área cubierta por el hielo ártico muestra ciclos de aumento y disminución, y que desde un último máximo en 2002 se inició un descenso.

Pero también es cierto, y es algo que curiosamente no se indica ni por el IPCC ni por la mayoría de los medios de comunicación, que se llegó a un mínimo en 2007 y que en 2008 ya se notó un aumento, y las últimas mediciones (a septiembre/2009) muestran un incremento aún mayor. La imagen de más arriba muestra un detalle aumentado de esos datos, pero para mayor interés puede verse también la gráfica completa gráfica completa generada por el sistema de información IARC-JAXA AMSR-E.

También en el lejano norte, donde todo es tan dramático para los seguidores del IPCC, hay algunas imágenes que se ocultan, o que al menos no se divulgan, váyase a saber por qué razón.

En junio de 2008, la torre de perforación de Ooguruk, en Alaska, se veía así. Pero en año más tarde, el 23 de junio de 2009, a comienzos del verano septentrional, un vídeo nos enseñaba una realidad más actual. ¿Deshielo inminente? En fin, no en balde dicen que un par de imágenes valen más que mil gritos destemplados… o algo así, al menos.

Temperatura global y CO2: mediciones actualizadas

Hace apenas 30 días, a principios del mes de agosto de 2009, supimos estridentemente que la temperatura global había alcanzado un nivel de 0,41º sobre la media utilizada (1961-1990); una prueba irrefutable de nuestro ominoso futuro y de la criminalidad de quienes osan negar el calentamiento global antropogénico (es decir, el aumento de los niveles de CO2 (dióxido de carbono) en la atmósfera que a su vez provoca el aumento de la temperatura en el mundo).

Claro que ahora, a principios de septiembre, y cuando los registros satelitales muestran un nuevo descenso (mínimo, es cierto, pero que continúa indicando en general el impasse que se advierte desde poco antes del año 2000), la noticia no ha salido en primera plana, ni en segunda, ni en tercera, ni…

La gráfica de los últimos años (temperatura media de la baja atmósfera, tomada desde el inicio de la observación satelital), es la siguiente:

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Temperatura global media de los últimos años. La línea roja muestra el promedio de los últimos 13 meses anteriores a un momento dado.

© Roy Spencer

Obviamente, los proponentes del calentamiento global antropogénico intentarán explicar (como lo han venido haciendo durante los últimos años) que son simples variaciones momentáneas, y que en realidad la medición de un único mes no significa nada. Yo estoy de acuerdo, pero ellos lo olvidan cuando esas simples variaciones van para el lado que a ellos les conviene.

Su principal problema reside, sin embargo, en que culpan de todos los males presentes y futuros al aumento de los niveles de CO2 en la atmósfera (su más famoso y preferido “gas de invernadero”), dejando de lado al mismo tiempo tanto la tendencia de las temperaturas de los últimos años como la pretendida relación entre ambos.

En efecto, pese a todos sus alarmas y a todos sus esfuerzos, los niveles de CO2 atmosférico (medidos en ppm = partes por millón) han seguido aumentando, como se puede observar en esta gráfica de la NOAA, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los EE.UU., y que extrañamente sí recibe la atención de muchísima gente:

 niveles_de_CO2_atmosférico

Concentración atmosférica del dióxido de carbono a lo largo de los últimos años, según el observatorio de Mauna Loa. La línea roja representa los valores mensuales medios, mientras que la línea negra muestra lo mismo, pero después de ser corregida para el ciclo estacional promedio.

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¿Alguien encuentra una correspondencia clara y definitiva de tendencias entre las dos gráficas? En caso afirmativo, avisar al IPCC, por favor.

Una pregunta bien hecha

Lamentablemente, si bien hay mucha gente que tiene la costumbre impertinente de pensar y de hacer buenas preguntas, las mismas no logran llegar al público en general, y mucho menos tienen la oportunidad de ser contestadas.

Tal es el caso del amigo remolón, un asiduo participante de los foros de Astroseti, y que hace poco escribió una pregunta así, clara, sencilla, concisa y oportuna. A veces me gustaría poder mostrar una capacidad igual de síntesis.

símbolo_pregunta

Por supuesto, el tema trataba sobre el calentamiento global, y remolón escribió:

“Si el CO2 históricamente nunca ha iniciado un ciclo de calentamiento, ¿en qué momento ha pasado a ser un factor dominante sobre la temperatura global? (en la gráfica se observa que se alcanzan hasta 300 ppm).
En otras palabras, ¿por qué actualmente el CO2 sí habría de tener entidad suficiente como para dirigir al alza la evolución de la temperatura media?”.


Para los interesados, el tema se puede seguir aquí. Y, ¿quien sabe?, quizás alguien encuentre una respuesta tan clara y concisa como la pregunta.

Lamentablemente, remolón es muy modesto y no he podido encontrar ninguna biografía suya, y mucho menos una fotografía, ni siquiera de carné. Así que tuve que contentarme con una imagen simbólica, nada más.

Eso sí, qué símbolo, ¿no?

NOTA: En este blog podrán también encontrar algunos artículos relacionados con este mismo tema y que quizás resulten de su interés:
- “Calentamiento Global y CO2: un breve resumen”
- ”Cambio climático: las temperaturas bajan y aumenta el CO2”
- ”El mundo se está enfriando”
- ”Cambio climático: la poderosa influencia del sol”

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Árbol_de_la_vida

La Tierra en el período Carbonífero.

© paleobiology.si.edu

jueves, setiembre 03, 2009

El destino de la Vía Láctea

La ciencia procura develar el futuro y la suerte final de nuestro universo-isla.

Mientras los científicos intentan aprender más sobre la evolución de las galaxias, una de las preguntas abiertas ha sido si las colisiones con nuestras galaxias enanas vecinas destrozarán algún día el disco de la Vía Láctea, pero un nuevo estudio sugiere que un destino tan desagradable es poco probable.

materia_oscura_en_la_Vía_Láctea

Esta simulación de computadora muestra la densidad de la materia oscura en nuestra Vía Láctea. La luminosidad (de azul al violeta, al rojo y al amarillo) corresponde a la concentración creciente de materia oscura. La brillante región central corresponde aproximadamente a la materia luminosa de gas y estrellas, y las acumulaciones luminosas indican satélites de materia oscura que orbitan nuestra galaxia y a los que se conoce como “sub-estructura”.

© Steios Kazantzidis, Universidad del Estado de Ohio

Si bien los astrónomos sabe que colisiones como esas han ocurrido probablemente en el pasado, las nuevas simulaciones de computadora muestran que en lugar de destruir una galaxia, estas colisiones “inflan” el disco galáctico, particularmente alrededor de los bordes, y producen las estructuras conocidas como anillos estelares.

Este descubrimiento resuelve dos misterios: el destino probable de la Vía Láctea en manos de sus galaxias satélites (las más masivas de las cuales son las Nubes de Magallanes, la Grande y la Pequeña) y el origen de sus hinchados bordes, algo que los astrónomos han observado en otros lugares del universo y a los que han bautizado como “llamaradas”.

El estudio descubrió que la misteriosa materia oscura que compone la mayor parte del universo también juega su papel. Los astrónomos creen que todas las galaxias están insertas dentro de halos masivos y extensos de materia oscura, y que la mayoría de las grandes galaxias se encuentran en las intersecciones de filamentos de materia oscura, los que forman una especie de red gigantesca en nuestro universo. Las galaxias satélites más pequeñas fluyen a lo largo de los hilos de la red y son atraídas hacia órbitas alrededor de las grandes galaxias, como nuestra Vía Láctea.

El astrónomo Stelios Kazantzidis y sus colegas de la universidad del estado de Ohio realizaron detalladas simulaciones computarizadas de formación de galaxias para determinar qué sucedería si una galaxia satélite, como por ejemplo la Gran Nube de Magallanes y su materia oscura asociada, colisionaran contra una galaxia espiral como la nuestra.

Su conclusión: la galaxia satélite se desintegraría gradualmente, mientras su gravedad tiraría del borde de la galaxia mayor, extrayendo estrellas y otros materiales. El resultado sería un disco galáctico con “llamaradas”, tal como el de la Vía Láctea, el cual comienza siendo estrecho en el centro y luego se ensancha hacia los bordes.

Stelios_Kazantzidis

Stelios Kazantzidis

© Ohio State University

Los resultados pueden tranquilizar las mentes de aquellos que temían que nuestros vecinos galácticos y su materia oscura asociada podría finalmente destruir nuestro disco galáctico… si bien sería algo que sucedería dentro de miles de millones de años en el futuro. Sin embargo, Kazantzidis no puede ofrecer una garantía del cien por ciento.

“No podemos estar seguros de lo que sucederá con la Vía Láctea, pero podemos decir que nuestros hallazgos se aplican a una gran clase de galaxias similares a la nuestra”, dijo Kazantzidis. “Nuestras simulaciones mostraron que los impactos de galaxias satélite no destruyen a las galaxias espirales, sino que en realidad impulsan su evolución al producir esta forma de llamaradas y al crear anillos estelares, esos espectaculares anillos de estrellas que hemos visto en muchas galaxias espirales en el universo”.

El científico y sus colegas no se limitaron a determinar el destino de nuestra galaxia. En dos artículos que han sido publicados en el Astrophysical Journal, informan que sus simulaciones ofrecen una nueva forma de comprobar (y validar) el actual modelo cosmológico del universo.

Según ese modelo, el universo ha contenido una cierta cantidad de materia normal y una cantidad mucho mayor de materia oscura, desde el mismo Big Bang. La naturaleza exacta de la materia oscura es desconocida, y los científicos buscan claves estudiando la interrelación entre la materia oscura y la materia normal.

Esta es la primera vez que las colisiones entre las galaxias espirales y sus satélites han sido simuladas con este nivel de detalle, comentó Kazantzidis, y el estudio reveló que los bordes llameantes y los anillos estelares de las galaxias son signos visibles de estas interacciones.

Nuestra galaxia mide unos 100 000 años-luz de diámetro, pero estamos rodeados por una nube o “halo” de materia oscura que es diez veces mayor; un millón de años-luz de diámetro, según explicó. Mientras que los astrónomos ven este halo de materia oscura como algo parcialmente difuso, contiene regiones densas que orbitan nuestra galaxia en asociación con las galaxias satélite, tales como las Nubes de Magallanes.

mapa_de_densidad_en_choques_galácticos

Mapas de densidad de discos estelares ilustrando la transformación morfológica de un disco galáctico sujeto al bombardeo de sub-estructuras de material oscura. Los colores brillantes indican regiones de alta densidad. El panel de la izquierda muestra el disco inicial, mientras que el derecho muestra el disco final luego de violentos encuentros gravitatorios con sub-estructuras orbitantes.

© Steios Kazantzidis, Universidad del Estado de Ohio<

“Sabemos, por simulaciones cosmológicas de formación galáctica, que estas galaxias más pequeñas probablemente interactúan frecuentemente con los discos galácticos a lo largo de la historia cósmica. Como vivimos en una galaxia de disco, resulta importante saber si estas interacciones pueden llegar a destruir el disco”, dijo Kazantzidis. “Hemos visto que las galaxias no son destruidas, sino que los encuentros dejan detrás de sí un tesoro de firmas que son consistentes con el modelo cosmológico actual y con nuestras observaciones de las galaxias en el universo”.

“Una de esas firmas son las llamaradas en los bordes galácticos, de la forma que los muestran la Vía Láctea y otras galaxias. Consideramos que esta creación de llamaradas es una de las consecuencias observables más importantes de las interacciones entre las galaxias satélites que están cayendo y el disco galáctico”.

En ambos artículos, los investigadores consideraron los impactos de muchas galaxias diferentes más pequeñas sobre un disco galáctico primario mayor. Calcularon el número probable de satélites y sus trayectos orbitales, y luego simularon lo que podría suceder durante una colisión, incluyendo cuando la materia oscura interactuaba gravitacionalmente con el disco de la galaxia espiral.

Ninguno de los discos galácticos se rompió; por el contrario, las galaxias primarias desintegraron gradualmente a las galaxias satélite que caían, el material de las cuales se convirtió en parte de la galaxia mayor. Las satélite pasaron una y otra vez a lo largo del disco galáctico, y con cada pasada perdieron algo de su masa, un proceso que finalmente las destruyó por completo.

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La Gran Nube de Magallanes vista en el infrarrojo, por Spitzer.

© NASA/JPL-Caltech/STScI

Aunque la galaxia primaria sobrevivió, formó bordes llameantes que se parecían mucho a la apariencia actual de nuestra galaxia.

“Todas las galaxias espirales tienen una formación y una historia evolutiva complejas”, dijo Kazantzidis. “Esperamos comprender exactamente cómo se formó la Vía Láctea y como evolucionará. Quizás nunca conozcamos su historia exacta, pero podemos intentar aprender cuanto podamos sobre ella, y sobre otras galaxias como ella”.

Entre sus co-autores se incluyen James Bullock de la universidad de California en Irvine, Andrew Zentner de la universidad de Pittsburgh, Andrey Kravtsov de la universidad de Chicago, Leonidas Moustakas del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, y Víctor Debattista de la universidad de Central Lancashire en el Reino Unido.

La investigación de Kazantzidis fue financiada por el Centro de Cosmología y de Física de Astro-partículas de la universidad del estado de Ohio. Otros fondos provienen de la Fundación Nacional de ciencias, de la NASA, de la universidad de Pittsburgh y de la universidad de Chicago. Las simulaciones numéricas fueron realizadas por la súper computador zBox de la universidad de Zurich y por el racimo Cosmos en JPL.

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La Vía Láctea y sus diferentes brazos.

© OACS/UNAH



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Artículo original: “The Fate of the Milky Way”
Fecha: septiembre 02, 2009
Enlace con el artículo original:
aquí
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miércoles, setiembre 02, 2009

Una prima no tan distante

Comunicado de Prensa ESO PR 31/09.

NGC 4945, una galaxia cercana muy parecida a la Vía Láctea.

ESO, el Observatorio Austral Europeo ha publicado una atractiva imagen de una galaxia cercana que, según piensan muchos astrónomos, resulta muy parecida a nuestra propia galaxia, la Vía Láctea.

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ESO PR Photo 31a/09 – Galaxia espiral NGC 4945

Vista de canto, las observaciones de este objeto sugieren que es una galacia espiral como la Vía Láctea. Los lugares de formación estelar active, conocidos como regions HII, se ven claramente en esta imagen, un con brillante color Rosado. El campo de vision cubre unos 30 x 30 arcominutos. El norte está arriba y el este a la izquierda.

© ESO

Aunque este objeto se nos muestra de borde, las observaciones de NGC 4945 sugieren que esta colmena de estrellas es una galaxia espiral como la nuestra, con brazos remolineantes y una región central con forma de barra. Aparte de estas semejanzas, NGC 4945 posee un núcleo más luminoso que muy probablemente alberga un agujero negro supermasivo que está devorando montones de materia y expulsando energía hacia el espacio.

Como NGC 4945 se encuentra a apenas 13 millones de años-luz de distancia en la constelación de Centaurus (el Centauro), un telescopio modesto resulta suficiente como para los observadores del cielo distingan a esta notable galaxia. La designación de NGC 4945 proviene de su número de entrada en el Nuevo Catálogo General compilado por el astrónomo danés-irlandés John Louis Emil Drever en la década de 1880. James Dunlop, un astrónomo escocés, es quien se lleva el crédito por el descubrimiento original de la galaxia en 1826, desde Australia.

El nuevo retrato de hoy de NGC 4945 nos llega por cortesía de la Cámara Gran Angular (WFI = Wide Field Imager) adosada al telescopio MPG/ESO de 2,2 metros ubicado en el observatorio de La Silla, en Chile.

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Video para zoom sobre NGC 4945
© ESO

Desde nuestra perspectiva terrestre, NGC 4945 parece tener la forma de un cigarro, pero en realidad es un disco muchas veces más ancho que grueso, con bandas de estrellas y de gas resplandeciente que giran en espiral alrededor de su centro. Con el uso de filtros ópticos especiales para aislar el color de la luz emitida por gases calientes como el hidrógeno, la imagen muestra fuertes contrastes que indican áreas de formación estelar.

Otras observaciones han revelado que NGC 4945 posee un núcleo galáctico activo, lo que significa que su abultamiento central emite mucha más energía que galaxias más tranquilas, como nuestra Vía Láctea. Los científicos clasifican a este objeto como una “galaxia Seyfert” en honor al astrónomo estadounidense Carl K. Seyfert, quien en 1943 escribió un estudio describiendo las extrañas firmas de luz que emanaban de algunos núcleos galácticos.

Desde entonces, los astrónomos han llegado a sospechar que agujeros negros supermasivos son los causantes de la tremenda confusión que reina en el centro de este tipo de galaxias. Los agujeros negros atraen hacia ellos gas y polvo, acelerando y calentando esta materia atraída hasta que llega a emitir radiación de alta energía, incluyendo rayos-X y luz ultravioleta. La mayoría de las grandes galaxias espirales, incluyendo a la Vía Láctea, albergan en sus centros un agujero negro, aunque muchos de estos oscuros monstruos no se siguen “alimentando” activamente en esta etapa de desarrollo galáctico.

Más información

ESO (European Southern Observatory = Observatorio Austral Europeo), es la principal organización astronómica intergubernamental en Europa y el observatorio astronómico más productivo del mundo. Cuenta con el sostén de 14 países: Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Francia, Finlandia, Holanda, Italia, Portugal, Reino Unido, República Checa, Suecia y Suiza.

ESO lleva a cabo un ambicioso programa enfocado en el diseño, construcción y operación de poderosas instalaciones de observación con base en tierra que permitan a los astrónomos realizar importantes descubrimientos científicos. También cumple un papel de liderazgo en la promoción y organización de cooperación en la investigación astronómica.

ESO opera tres lugares únicos de observación de clase mundial en la región del desierto de Atacama en Chile: La Silla, Paranal y Chajnantor. En Paranal, ESO opera el Telescopio Muy Grande, el observatorio de luz visible más adelantado del mundo.

ESO es también el socio europeo del revolucionario telescopio ALMA, el mayor proyecto astronómico de la actualidad.

En la actualidad, ESO se encuentra planificando el Telescopio Europeo óptico/infrarrojo cercano Extremadamente Grande, o E-ELT, de 42 metros, que se convertirá en “el mayor ojo del mundo que mirará al cielo”.

Observatorio_La_Silla

Observatorio de ESO en La Silla, desierto de Atacama, Chile.

© ESO

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Últimos comunicados de prensa de ESO publicados en este blog:

- ESO PR 30/09: Los tres rostros de la Nebulosa Trífida
- ESO PR 29/09: Las infernales incubadoras estelares
- ESO PR 28/09: Una nebulosa con dos motores
- ESO PR 27/09: Develando el rostro del monstruo
- ESO PR 26/09: Un águila de proporciones cósmicas

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Artículo original: ESO Press Release 31/09.
Título: “NGC 4945: The Milky Way’s not-so-distant Cousin”
Fecha: septiembre 02, 2009
Enlace con el artículo original:
aquí
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viernes, agosto 28, 2009

Las cefeidas miden más y mejor

Descubren un nuevo método para estimar distancias a las estrellas que utiliza un raro tipo de cefeida variable.

Los astrónomos han descubierto una forma de medir las distancias a objetos que se encuentran tres veces más lejos en el espacio de lo que se podía lograr anteriormente gracias a una clase poco común de estrellas cefeidas variables gigantes.

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Galaxia M 81

© Ohio State University

Las cefeidas clásicas son estrellas con luminosidad pulsante y desde hace tiempo han sido utilizadas como puntos de referencia para medir distancias en el universo cercano. Pero ahora los científicos han descubierto una manera de utilizar las Cefeidas variables de período ultra-largo (en inglés: ULP = ultra long period) como fanales para calcular distancias de hasta 300 millones de años-luz, e incluso más.

Las cefeidas clásicas son muy luminosas, pero a más de 100 millones de años-luz de la Tierra su señal se pierde entre las de otras estrellas brillantes, dijo Jonathan Bird, estudiante doctoral de astronomía de la universidad estatal de Ohio, quien discutió sus hallazgos en la conferencia de la Sociedad Astronómica Americana del 08/06/2009.

Pero las ULPs componen una rara y extra-luminosa clase de cefeidas que pulsan muy lentamente.

Los astrónomos han creído también por largo tiempo que las cefeidas ULP no evolucionan de la misma forma en que lo hacen las otras cefeidas. Sin embargo, en este estudio los científicos han descubierto la primera evidencia de una cefeida ULP evolucionando igual que una cefeida clásica.

Existen varios métodos para calcular las distancias a las estrellas, y a menudo los astrónomos han tenido que combinar métodos para medir indirectamente una distancia. La analogía usual es una escalera, con cada nuevo método en un escalón superior al otro. En cada nuevo paso los errores se acumulan, reduciendo la precisión de la medición total, de modo que poder saltearse algún escalón se convierte en una herramienta preciosa para sondear el universo.

Krzysztof Stanek, profesor de astronomía de la universidad estatal de Ohio, aplicó en 2006 una técnica de medición directa cuando utilizó la luz proveniente de un sistema estelar binario en la galaxia M33 (ver en este blog: M33, por Spitzer) para medir por primera vez la distancia hasta esa galaxia. M33 se encuentra a 3 millones de años-luz de la Tierra.

Esta nueva técnica que utiliza las cefeidas ULP es diferente. Es un método indirecto, pero este estudio inicial sugiere que el mismo podría funcionar para galaxias que están mucho más lejos que M33.

“Descubrimos que las cefeidas de período ultra-largo podrían ser potencialmente un poderoso indicador de distancia. Creemos que podrían proporcionar las primeras mediciones estelares de distancia para las galaxias dentro de un rango de 50 a 100 megaparsecs (150 a 326 millones de años-luz) e incluso más allá”, dijo Stanek.

Como los investigadores en general no toman nota de las cefeidas de período ultra largo, hay pocas de ellas en el registro astronómico. Para este estudio, Stanek, Bird y el estudiando de la universidad estatal de Ohio José Prieto rescataron 18 cefeidas ULP en la literatura.

Cada una de ellas estaba localizada en una galaxia cercana, como por ejemplo la Pequeña Nube de Magallanes (ver en este blog: Las Nubes de Magallanes). Las distancias hasta estas galaxias cercanas son bien conocidas, de modo que los astrónomos utilizaron este conocimiento para calibrar la distancia a las cefeidas ULP.

Descubrieron que podían utilizar a las cefeidas ULP para determinar distancias con un error de un 10-20%, un rango típico de otros métodos que componen la escala cósmica de distancias.

“Esperamos reducir ese margen de error a medida que más gente tome nota de las cefeidas ULP en sus prospecciones estelares”, dijo Bird. “Lo que hemos demostrado hasta ahora es que este método funciona en principio, y los resultados son alentadores”.

Bird explicó también la razón por la cual los astrónomos han ignorado en el pasado a las cefeidas ULP.

Las cefeidas de período corto, esas que aumentan y disminuyen su luminosidad en un plazo de pocos días, son buenos marcadores de distancias en el espacio porque su período está relacionado directamente con su luminosidad, y los astrónomos pueden usar esa información de luminosidad para calcular la distancia. Polares, la estrella del norte, es una cefeida clásica bien conocida.

Pero los científicos han pensado siempre que las cefeidas ULP, que varían su luminosidad en el curso de varios meses o más, no obedecían a esta relación. Son más grandes y más luminosas que las cefeidas típicas. De hecho, son más grandes y más luminosas que la mayoría de las estrellas; en este estudio, por ejemplo, las 18 cefeidas ULP se encuentran en un rango de tamaño de entre 12 a 20 veces la masa de nuestro Sol.

Su luminosidad las convierte en buenas marcadoras de distancia, dijo Stanek. Las cefeidas comunes son difíciles de detectar en las galaxias distantes, ya que su luz se mezcla con la de otras estrellas. Las cefeidas ULP son lo suficientemente brillantes como para destacarse.

Durante largo tiempo los astrónomos han sospechado que las cefeidas ULP no evolucionan de la misma forma que las otras cefeidas. Sin embargo, en este estudio el equipo descubrió la primera evidencia de una cefeida ULP evolucionando como lo haría una cefeida más clásica.

Una cefeida corriente se hará muchas veces más fría y más caliente a lo largo de su vida. Entretanto, las capas exteriores de la estrella se volverán inestables, lo que causará los cambios en su luminosidad. Se cree que las cefeidas ULP pasan por este período de inestabilidad solamente una vez, y lo hará en una única dirección: de más caliente a más fría.

Pero a medida que los astrónomos ensamblaron los datos provenientes de diferentes partes de la literatura para este estudio, descubrieron que una de las cefeidas ULP, una estrella de la Pequeña Nube de Magallanes conocida como HC829, se movía claramente en la dirección opuesta.

Hace cuarenta años, HV829 pulsaba cada 87,6 días. Ahora lo hace cada 84,4 días. Dos otras mediciones descubiertas en la literatura confirman que el período ha estado disminuyendo continuamente a lo largo de las décadas pasadas, lo que indica que la estrella misma se está encogiendo y haciéndose más caliente.

Los astrónomos llegaron a la conclusión de que las cefeidas ULP pueden ayudar a los astrónomos no solamente a medir el universo, sino también a conocer más sobre la evolución de las estrellas muy masivas.

Algunos de estos resultados fueron reportados en el número de abril de 2009 de Astrophysical Journal. Desde que fue escrito el artículo, los astrónomos de Ohio han comenzado a utilizar el Gran Telescopio Binocular de Tucson, en Arizona, para la observación de más cefeidas ULP. Stanek dice que ha descubierto algunas buenas candidatas en la galaxia M81, pero estos resultados todavía deberán ser confirmados.



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Artículo original: “Astronomers Find New Way to Measure Cosmic Distances”
Fecha: junio 08, 2009
Enlace con el artículo original:
aquí
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jueves, agosto 27, 2009

Los tres rostros de la Nebulosa Trífida

Comunicado de Prensa ESO PR 30/09.

La hermosa y multifacética nebulosa M20, también conocida como NGC 6514, es examinada por los científicos del Observatorio Austral Europeo.

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ESO PR Photo 30a/09 – La Nebulosa Trífida

Este objeto es una rara combinación de tres tipos de nebulosa que revelan la furia de las estrellas recién formadas y apuntan a más nacimientos en el futuro. La imagen fue obtenida con la Cámara Gran Angular del telescopio MPG/ESO de La Silla, en Chile, y el campo de visión es de unos 13 por 17 arcominutos.

© ESO

ESO ha publicado una nueva imagen de la Nebulosa Trífida, mostrando la razón por la cual es una favorita de los astrónomos, tanto aficionados como profesionales. Esta masiva fábrica estelar recibe su nombre por las bandas de polvo oscuro que dividen en tres su resplandeciente corazón, y es una rara combinación de tres tipos de nebulosa, revelando la furia de las estrellas recién formadas y el presagio de las que todavía están por nacer.

Ardiendo a varios miles de años-luz de distancia, en la dirección de la constelación de Sagitario (el Arquero), la Nebulosa Trífida presenta un convincente retrato de las primeras etapas de la vida de una estrella, desde la gestación hasta su primera luz. El calor y los “vientos” de las nuevas y volátiles estrellas agitan el caldero lleno de gas y polvo de la Trífida; a su tiempo, los oscuros zarcillos de materia diseminados por toda el área colapsarán a su vez y formarán nuevas estrellas.

El astrónomo francés Charles Messier observó por primera vez a la Nebulosa Trífida en junio de 1764, y registró al neblinoso y luciente objeto con la entrada número 20 de su renombrado catálogo. Las observaciones realizadas unos 60 años después por John Herschel de las franjas de polvo que parecen dividir la nube cósmica en tres lóbulos, inspiró al astrónomo inglés a acuñar el nombre de “trífida”.

Capturada con la Cámara Gran Angular adosada al telescopio MPG/ESO de 2,2 metros en el observatorio de ESO de La Silla, en el norte de Chile, esta nueva imagen despliega claramente las diferentes regiones de la Nebulosa Trífida, tal como se la observa en luz visible.

El la porción azulada arriba a la izquierda, y que es una nebulosa de reflexión, el gas dispersa la luz proveniente de las cercanas estrellas nacidas en la Trífida. La mayor de estas estrellas emite con más energía en la porción caliente y azul del espectro visible. Esto, agregado al hecho de que los gránulos y moléculas de polvo dispersan la luz azul en forma más eficiente que a la luz roja (una propiedad que explica por qué tenemos cielos azules y ocasos rojos) imprimen a esta parte de la nebulosa un tono azulado.

Debajo, en el área redondeada y de un color rosado-rojizo típico de una nebulosa de emisión, el gas del corazón de la Trífida es calentando por cientos de abrasadoras estrellas jóvenes hasta hacerlo emitir la roja firma lumínica del hidrógeno, el principal componente del gas, de la misma forma en que el cálido resplandor rojo-anaranjado del neón ilumina los anuncios de todo el mundo.

Los gases y el polvo que se entrecruzan en la Trífida conforman la tercera clase de nebulosa en esta nube cósmica, conocida como nebulosa oscura, cortesía de sus efectos obscurecedores de la luz (la icónica Nebulosa Cabeza de Caballo puede ser la más famosa de las de este tipo: [en inglés: ESO Press Photo 02/02]).

Dentro de estas franjas oscuras, los remanentes de episodios previos de nacimiento estelar continúan agrupándose bajo la atracción inexorable de la gravedad. El aumento de la densidad, la presión y la temperatura en el interior de estos glóbulos gaseosos finalmente disparará la fusión nuclear, y así se formarán más nuevas estrellas.

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ESO PR Video 30a/09: zoom sobre la Nebulos Trífida
© ESO

En la zona inferior de esta nebulosa de emisión, un dedo de gas surge de la nube, apuntando directamente a la estrella central que da energía a la Trífida. Es un ejemplo de glóbulo gaseoso evaporante (o, por sus siglas en inglés: EEG = Evaporating Gaseous Globule), también observado en la Nebulosa del Águila, otra región de formación estelar.

En la punta del dedo, el cual fue fotografiado por el Hubble, un nódulo de gas denso ha resistido el ataque destructivo de la radiación emitida por la estrella masiva.

Más información

ESO (European Southern Observatory = Observatorio Austral Europeo), es la principal organización astronómica intergubernamental en Europa y el observatorio astronómico más productivo del mundo. Cuenta con el sostén de 14 países: Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Francia, Finlandia, Holanda, Italia, Portugal, Reino Unido, República Checa, Suecia y Suiza.

ESO lleva a cabo un ambicioso programa enfocado en el diseño, construcción y operación de poderosas instalaciones de observación con base en tierra que permitan a los astrónomos realizar importantes descubrimientos científicos. También cumple un papel de liderazgo en la promoción y organización de cooperación en la investigación astronómica.

ESO opera tres lugares únicos de observación de clase mundial en la región del desierto de Atacama en Chile: La Silla, Paranal y Chajnantor. En Paranal, ESO opera el Telescopio Muy Grande, el observatorio de luz visible más adelantado del mundo.

ESO es también el socio europeo del revolucionario telescopio ALMA, el mayor proyecto astronómico de la actualidad.

En la actualidad, ESO se encuentra planificando el Telescopio Europeo óptico/infrarrojo cercano Extremadamente Grande, o E-ELT, de 42 metros, que se convertirá en “el mayor ojo del mundo que mirará al cielo”.

Observatorio_La_Silla

Observatorio de ESO en La Silla, desierto de Atacama, Chile.

© ESO

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Últimos comunicados de prensa de ESO publicados en este blog:

- ESO PR 29/09: Las infernales incubadoras estelares
- ESO PR 28/09: Una nebulosa con dos motores
- ESO PR 27/09: Develando el rostro del monstruo
- ESO PR 26/09: Un águila de proporciones cósmicas
- ESO PR 25/09: Las relucientes acuarelas de la Nebulosa Omega

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Artículo original: ESO Press Release 30/09.
Título: “Trifid Triple Treat”
Fecha: agosto 26, 2009
Enlace con el artículo original:
aquí
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martes, agosto 25, 2009

Las infernales incubadoras estelares

Comunicado de Prensa ESO PR 29/09.

La región de formación estelar RCW 38, analizada por el Observatorio Austral Europeo.

Nuevas imágenes publicadas por ESO nos introducen en el corazón de una nube cósmica, llamada RCW 38, repleta de estrellas y sistemas planetarios en formación. Allí, las estrellas jóvenes bombardean a soles y planetas incipientes con vientos poderosos y luz enceguecedora, mientras son ayudadas en su tarea por estrellas masivas de corta vida que estallan como supernovas. En algunos casos, este ataque cocina y aleja la materia que algún día podría llegar a formar nuevos sistemas solares. Los científicos creen que nuestro propio sistema solar emergió de un medioambiente similar.

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ESO PR Photo 29a/09 – Los alrededores de IRS2

Imagen de la parte central del cúmulo estelar RCW 38, alrededor de la joven estrella masiva IRS2. Gracias a esta fotografía, se pudo descubrir que en realidad no es una estrella, sino un sistema estelar doble.

© ESO

El denso cúmulo estelar RCW 38 resplandece a unos 5 500 años-luz de distancia, en la dirección de la constelación de la Vela. Como el cúmulo de la Nebulosa de Orión (ver, en inglés: ESO 12/01), RCW 38 es un “cúmulo incrustado”, en el sentido de que la nube de polvo y gas progenitora envuelve todavía a sus estrellas.

Los astrónomos han determinado que la mayoría de las estrellas, incluyendo a las rojizas y de poca masa que superan en número a todas las otras en el universo, se originan en estos lugares ricos en materia. Por lo tanto, los cúmulos incrustados proporcionan a los científicos un laboratorio vivo en el cual explorar los mecanismos de formación estelar y planetaria.

“Al observar los cúmulos estelares como RCW 38, podemos aprender mucho sobre los orígenes de nuestro sistema solar y de otros, así como de las estrellas y planetas que nacerán en el futuro”, dice Kim DeRose, autor principal del nuevo estudio que aparece en el Astronomical Journal. DeRose realizó su trabajo sobre RCW 38 como estudiante no graduada en el Centro Harvard-Smithsoniano de Astrofísica, en los EE.UU.

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ESO PR Photo 29b/09 – Cúmulo estelar RCW 38

Este denso cúmulo rodeado de gas y polvo se encuentra a unos 5 500 años-luz de distancia, en la dirección de la constelación de Vela. Se cree que nuestro sistema solar surgió en un medioambiente similar a éste. La imagen fue obtenida con la Cámara Gran Angular adosada al telescopio MPG/ESO de 2,2 metros en La Silla, y cubre un campo de visión de unos 10 arcominutos.

© ESO

Utilizando el instrumento NACO de óptica adaptable en el Telescopio Muy Grande de ESO [1], los astrónomos han obtenido la imagen más nítida de RCW 38 capturada hasta ahora. Se enfocaron sobre una pequeña área en el centro del cúmulo que rodea a la estrella masiva IRS2, que resplandece en el rango de un abrasador blanco azulado, que es el color y temperatura superficial más alto posible para las estrellas.

Estas dramáticas observaciones revelaron que IRS2 no es en realidad una sino dos estrellas, un sistema binario consistente en dos quemantes estrellas separadas por unas 500 veces la distancia Tierra-Sol.

En la imagen NACO, los astrónomos descubrieron un puñado de proto-estrellas, los tenues precursores de las estrellas totalmente desarrolladas, y docenas de otras candidatas a estrellas que se las han arreglado para llegar a existir aquí a pesar de la poderosa luz ultravioleta irradiada por IRS2.

ESO_PR_Photo_29c/09

ESO PR Photo 29c/09 – Nebulosa alrededor de RCW 38

Vemos aquí la región más amplia que rodea a RCW 38, el cual por estar inserto en esta nube es considerado como un “cúmulo incrustado”. La imagen fue obtenida con la Cámara Gran Angular del telescopio MPG/ESO de 2,2 metros en La Silla, y cubre un campo de visión de 30 arcominutos.

© ESO

Sin embargo, algunas de estas estrellas en gestación no lograrán superar la etapa de proto-estrella. La fuerte radiación de IRS2 energiza y dispersa el material que de otra forma colapsaría para formar nuevas estrellas, o que ya se ha asentado en los así llamados discos proto-planetarios que rodean a las estrellas en desarrollo. En el curso de varios millones de años, los discos supervivientes podrían generar los planetas, lunas y cometas que conforman los sistemas planetarios como el nuestro.

Como si los intensos rayos ultravioletas no fueran suficientes, las guarderías estelares atiborradas como RCW 38 someten a sus camadas a la acción de frecuentes supernovas, cuando las estrellas gigantes explotan al final de su vida. Estas explosiones diseminan material por todo el espacio cercano, incluyendo a isótopos raros, formas exóticas de elementos químicos que son creadas en estas estrellas agonizantes.

ESO_PR_Video_29a/09

ESO PR Video 29a/09 – Zoom sobre RCW 38

Este video nos acerca al cúmulo masivo RCW 38. Comenzando por una imagen gran angular tomada con un telescopio amateur, pasa por una fotografía de la DSS2, por otra obtenida con el telescopio MPG/ESO de 2,2 metros en La Silla, y finaliza con una imagen capturada con el instrumento NACO adosado al Telescopio Muy Grande de ESO en Paranal.

© ESO

Este material eyectado va a dar a la siguiente generación de estrellas que se formarán en las cercanías. Como estos isótopos han sido detectados en nuestro Sol, los científicos han llegado a la conclusión de que el Sol se formó en un cúmulo parecido a RCW 38, y no en una porción más “rural” de la Vía Láctea.

“En suma, los detalles de objetos astronómicos revelados por la óptica adaptable resultan de importancia crítica para la comprensión de la forma en que nuevas estrellas y nuevos planetas se forman en regiones caóticas y complejas como RCW 38”, dice el co-autor Dieter Nürnberger.

NOTAS

[1] El nombre NACO es una combinación de NAOS (Nasmyth Aptive Optics System = Sistema Nasmyth de Óptica Adaptable) y de CONICA (Near-Infrared Imager and Spectrograph = Cámara y Espectrógrafo Infrarrojo Cercano). La óptica adaptable elimina la mayor parte de la turbulencia de la atmósfera terrestre que distorsiona la imagen y que es causada por las variaciones de temperatura y el viento.

Más información

Esta investigación fue presentada en un artículo que apareció en el Astronomical Journal: A Very Large Telescope / NACO study of star formation in the massive embedded cluster RCW 38, por DeRose et al. (2009, AJ, 138, 33-45).

El equipo está integrado por K.L. DeRose, T.L. Bourke, R.A. Gutermuth y S.J. Wolk (Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics, Cambridge, EE.UU.), S.T. Megeath (Department of Physics and Astronomy, University of Toledo, EE.UU.), J. Alves (Centro Astronómico Hispano Alemán, Almeria, España), y D. Nürnberger (ESO).

ESO (European Southern Observatory = Observatorio Austral Europeo), es la principal organización astronómica intergubernamental en Europa y el observatorio astronómico más productivo del mundo. Cuenta con el sostén de 14 países: Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Francia, Finlandia, Holanda, Italia, Portugal, Reino Unido, República Checa, Suecia y Suiza.

ESO lleva a cabo un ambicioso programa enfocado en el diseño, construcción y operación de poderosas instalaciones de observación con base en tierra que permitan a los astrónomos realizar importantes descubrimientos científicos. También cumple un papel de liderazgo en la promoción y organización de cooperación en la investigación astronómica.

ESO opera tres lugares únicos de observación de clase mundial en la región del desierto de Atacama en Chile: La Silla, Paranal y Chajnantor. En Paranal, ESO opera el Telescopio Muy Grande, el observatorio de luz visible más adelantado del mundo.

ESO es también el socio europeo del revolucionario telescopio ALMA, el mayor proyecto astronómico de la actualidad.

En la actualidad, ESO se encuentra planificando el Telescopio Europeo óptico/infrarrojo cercano Extremadamente Grande, o E-ELT, de 42 metros, que se convertirá en “el mayor ojo del mundo que mirará al cielo”.

VLT

VLT de ESO en Paranal, Chile.

© ESO

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Últimos comunicados de prensa de ESO publicados en este blog:

- ESO PR 28/09: Una nebulosa con dos motores
- ESO PR 27/09: Develando el rostro del monstruo
- ESO PR 26/09: Un águila de proporciones cósmicas
- ESO PR 25/09: Las relucientes acuarelas de la Nebulosa Omega
- ESO PR 24/09: Nueva guía para el polvo galáctico frío

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Artículo original: ESO Press Release 29/09.
Título: “A Look into the Hellish Cradles of Suns and Solar System”
Fecha: agosto 19, 2009
Enlace con el artículo original:
aquí
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M82, versión XMM-Newton

Imágenes celestes: La Galaxia del Cigarro vista en rayos-X.



Messier_82

Galaxia de eclosión estelar Messier 82, vista por el observatorio XMM-Newton. Se observan nódulos brillantes en el plano de la galaxia que indican una región de intensa formación estelar, y penachos emergentes de vientos súper galácticos que resplandecen en rayos-X.

© ESA

El observatorio espacial de rayos-X de la Agencia Espacial Europea (ESA) XMM-Newton, ha realizado una observación exclusiva de la galaxia Messier 82 para el proyecto “100 Horas de Astronomía”, piedra angular del Año Internacional de Astronomía 2009.

Este observatorio espacial europeo ha estado estudiando el cielo simultáneamente en longitudes de onda de rayos-X, óptica y ultravioleta, desde su lanzamiento en diciembre de 1999.

Messier_82_en_luz_visible_y_ultravioleta

Imagen óptica y ultravioleta de Messier 82, también conocida como M82, NGC 3034 y galaxia Cigarro. Localizada en la Osa Mayor, a una distancia de 12 millones de años-luz, es la más cercana de las galaxias de eclosión estelar y una de las más activas.

© ESA

La imagen anterior está compuesta por varias observaciones de Messier 82 realizadas por XMM-Newton y que suman un total de 52,5 horas de tiempo de observación. Las mismas se realizaron en longitudes de onda de rayos-X, ultravioletas y ópticas, e incluyen la observación especial para el Año Internacional de Astronomía 2009.

Messier 82 es también conocida por varios nombres, entre ellos M82, NGC 3034 y galaxia Cigarro. Localizada en la constelación de la Osa Mayor y a una distancia de unos 12 millones de años-luz, es la más cercana y una de las más activas galaxias de eclosión estelar, es decir, que muestra una tasa excepcionalmente alta de formación de estrellas.

M82 está interactuando gravitacionalmente con su vecina, la galaxia espiral Messier 81, la que es probablemente la causa de la violenta actividad de eclosión estelar en la región que rodea a su centro, también llamada región circum-nuclear.


Messier_82_en_rayos_X

Imagen en rayos-X de Messier 82. Se pueden ver penachos de gas caliente que resplandecen en rayos-X que surgen del disco galáctico (en azul).

© ESA

La activa formación estelar que tiene lugar en el interior de la galaxia y el efecto que tiene sobre el gas y el polvo en el medio interestelar pueden verse muy bien desde la Tierra.

Las imágenes ópticas, ultravioleta y de rayos-X de las cuales se deriva esta imagen se pueden ver en los paneles a izquierda y derecha. La emisión en las diferentes longitudes de onda está codificada en color según se ve en cada uno de ellos.

Messier_82_poster

Poster de M82 para el Año Internacional de la Astronomía 2009, realizado por el observatorio XMM-Newton.

© ESA

Las imágenes óptica y ultravioleta muestran el muy luminoso disco estrellado de la galaxia, con notables franjas de polvo. La imagen central muestra penachos de gas caliente que resplandecen al surgir del disco galáctico (en azul), como resultado de la intensa eclosión de formación estelar en la región circum-nuclear.

Las últimas observaciones en rayos-X y en el ultravioleta de la galaxia se realizaron el 3 de abril de 2009 para el proyecto “100 Horas de Astronomía”. También estará disponible para un proyecto científico encabezado por el Dr. Feng de la universidad de Iowa, EE.UU.

XMM-Newton

Observatorio Espacial XMM-Newton de Rayos-X.

© ESA



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Artículo original: “XMM-Newton exclusive photo: Messier 82”
Fecha: abril 8, 2009
Enlace con el artículo original:
aquí
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lunes, agosto 24, 2009

Calentamiento Global y CO2: un breve resumen

La teoría del calentamiento global antropogénico y la evidencia científica en contrario.


verano
El sitio web de Global Warming Science presenta un resumen muy interesante con los datos existentes hasta el momento sobre el calentamiento global (o como se prefieren llamarlo ahora sus sostenedores, “cambio climático”, un nombre que en sí mismo no significa nada puesto que, en lo que respecta a la historia del clima de nuestra Tierra, el cambio es la norma y no la excepción), y sobre las causas que se esgrimen para el mismo, a saber, el calentamiento global antropogénico.

De ese resumen, presento aquí un extracto con datos y gráficas que resultan bastante elocuentes y que merecer ser dados a conocer. Antes de iniciar con ese extracto, quisiera recordar a mis lectores algunos conceptos:

1).- IPCC = Son las siglas en inglés de Intergovernmental Panel on Climate Change, es decir, Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, un organismo dependiente de la ONU.

2).- AGW = Son las siglas en inglés de Anthropogenic Global Warming, es decir, Calentamiento Global Antropogénico, en otras palabras, la teoría de que el aumento global de la temperatura es causado por la actividad humana, principalmente a través de la producción de CO2.

3).- CO2 = fórmula química del dióxido de carbono (para los más viejos, nuestro conocido anhídrido carbónico), un gas producido por varias causas, entre ellas la respiración de los seres vivos y la quema de combustibles fósiles, y que es utilizado por las plantas para alimentarse a través de la acción de la fotosíntesis, liberando oxígeno como uno de sus materiales de desecho. Para los proponentes de la teoría del calentamiento global antropogénico, el CO2 es un fuerte gas de invernadero que genera, por diversos efectos de alimentación y retroalimentación, el aumento de la temperatura del planeta, algo parecido a lo que sucede, por otras causas, en los conocidos invernaderos donde se crían plantas. La fórmula indica que cada molécula del gas está compuesta por un átomo de carbono y dos átomos de oxígeno.

A continuación, les dejo el extracto de dicho resumen (las gráficas que aparecen son las publicadas en la página mencionada):

El fenómeno

Las temperaturas globales han venido incrementándose a lo largo del último siglo (con la excepción de los últimos 10 años), así como ha sucedido con los niveles de CO2. El IPCC se ha convertido en la autoridad definitiva sobre la promoción del CO2 generado por el hombre como la causa del calentamiento y de los terribles anuncios sobre lo que nos deparará el futuro.

La imagen siguiente muestra las anomalías de la temperatura media global proporcionadas por Hadley Climatic Research Unit (HadCRU) y que son los datos utilizados por el IPCC. La gráfica indica que la temperatura global ha aumentado unos 0,8 grados centígrados en los últimos 100 años.

temperature_global_1850_a_2000

La evidencia

No existe evidencia empírica de que el CO2 antropogénico haya causado la tendencia de calentamiento global observada; la única evidencia proviene de los modelos climáticos computarizados basados en presunciones incorporadas en esos modelos.

La imagen siguiente superpone las anomalías de temperatura HadCRU sobre la gráfica de resultados de modelos del IPCC. En esta imagen, las bandas azuladas muestran el resultado de 19 simulaciones de 5 modelos climáticos basados únicamente en forzamientos naturales. Las bandas rojas indican los resultados de 58 simulaciones de 14 modelos climáticos que incluyen el CO2 antropogénico.

Se muestra claramente que antes de 1972 el calentamiento global se explica totalmente por los modelos climáticos que utilizan únicamente forzamientos naturales (es decir, sin CO2). Los modelos necesitan la inclusión de CO2 solamente después de 1972. Por lo tanto, antes de 1970 todo el calentamiento fue natural, según el IPCC. Después de 1970, no hay evidencia empírica que relacione al CO2 como un factor causal del calentamiento, excepto que los modelos computacionales requieren que el CO2 produzca ese calentamiento.

temperature_global_según_modelo_de1900_a_2000

Los artículos periodísticos informan a menudo que la temperatura ha aumentado a lo largo del último siglo, y lo atribuyen al calentamiento global provocado por la actividad humana, pero los modelos indican que el CO2 antropogénico solamente ha causado calentamiento a partir de principios de la década de 1970. Aunque el IPCC publicó esta imagen en 2007, muestra solamente las temperaturas hasta el año 2000, probablemente debido al hecho de que desde entonces ha habido un enfriamiento (aunque el CO2 atmosférico ha continuado aumentando).

Los ciclos recurrentes

Las imágenes siguientes muestran las anomalías HadCRU que vimos más arriba. En ella, se han destacado dos ciclos en rectángulos: el ciclo “natural” (1880-1946, en verde) y el “causado por el CO2” (1942-2008, en rojo), de acuerdo con los informes del IPCC. La parte final muestra el ciclo 1942-2008 pintado en rojo y superpuesto al ciclo 1880-1946 (en negro), con un desplazamiento vertical de 0,3 grados centígrados.

temperatura_global_1850_a_2008:_ciclos_recurrentes

Como puede verse, los dos ciclos son prácticamente idénticos, y sin embargo el IPCC dice que los modelos pueden explicar el ciclo de la primera mitad del siglo XX con únicamente forzamientos naturales, pero que se necesita el CO2 antropogénico para el ciclo posterior. Esto parecería ser un problema serio para los modelos en que dos ciclos idénticos obedecen a causas muy diferentes.

Es de notar que ha habido una tendencia neta de aumento en los ciclos (de unos 0,3 grados centígrados por cada ciclo de 60 años) debido al hecho de que la Tierra se ha estado calentando desde la finalización de la Pequeña Edad de Hielo. “El período más frío ocurrió durante los siglos XVI y XVII. Hacia 1850, el clima comenzó a calentarse” (en inglés: The Little Ice Age).

La era satelital

La imagen siguiente muestra la temperatura global promedio según cinco conjuntos de datos obtenidos a partir del comienzo de la era de datos satelitales en 1979 (RSS MSU y UAH MSU son datos satelitales; HadCRUT3, NCDC y GISS son datos de estaciones de superficie, la gráfica es de Ciimate4you.com/GlobalTemperatures). Desde 1979 hasta 1997 no hubo una tendencia de calentamiento. El gran “El Niño” de entonces resultó en un calentamiento residual de unos 0,3 grados. Después del final de “El Niño” en 1998 tampoco ha habido una tendencia de calentamiento: todo el calentamiento de los últimos 30 años se produjo en un único año. Y sin embargo, esta es la era en la que el IPCC sostiene que el calentamiento fue causado por el CO2, y los alarmistas dicen que la situación está empeorando, etc.

temperature_global_satelital_1979_a_2009

NOTA: En este blog podrán también encontrar algunos artículos relacionados con este mismo tema y que quizás resulten de su interés:
- ”Cambio climático: las temperatura bajan y aumenta el CO2”
- ”El mundo se está enfriando”
- ”Cambio climático: la poderosa influencia del sol”

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Árbol_de_la_vida

La Tierra en el período Carbonífero.

© paleobiology.si.edu



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Artículo original: “Global Warming Summary – Scientific Evidence Rejects Anthropogenic CO2 Theory”
Fecha: agosto 16, 2009
Enlace con el artículo original:
aquí
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